A lo largo de los últimos cien años, la mayoría de los paraguayos hemos vivido sobreexplotando los recursos naturales sin preocuparnos en lo más mínimo por protegerlos de la destrucción o de la extinción. Fue la consecuencia de muchos males políticos y sociales. En los últimos sesenta años de coloradismo todos los gobiernos, principalmente el de la nefasta dictadura de Stroessner y su famoso Instituto de Bienestar Rural, utilizaron los recursos naturales como moneda prebendaria destinada a crear clientela campesina para sostener al Partido Colorado, y como negocio para vender a extranjeros o nacionales a vil precio las mejores tierras agrícolas del mundo y convertir en multimillonarios a una docena de ministros de Agricultura, presidentes y consejeros del IBR.
A lo largo de los últimos cien años, la mayoría de los paraguayos hemos vivido sobreexplotando los recursos naturales sin preocuparnos en lo más mínimo por protegerlos de la destrucción o de la extinción. Fue la consecuencia de muchos males políticos y sociales.
A pesar de la desaparición del 85% de nuestros bosques nativos, lo que resta todavía está dando de comer a muchos habitantes, lo cual puede advertirse a simple vista viendo cómo los campesinos más pobres -o que se presentan como tales- disponen de hachas, motosierras, víveres y equipos modernos completos para la vida en el bosque, al que ingresan en busca de rollos comercializables que se los puedan vender a los acopiadores ilegales.
Como esta forma de depredación es fácil y rinde alto lucro, como se la practica en terrenos ajenos y se cuenta con la complicidad corrupta de las autoridades y de muchos comerciantes de madera, entonces ese campesino a que nos referimos, enviciado con la ganancia fácil mediante explotación intensiva del bosque -propio o ajeno-, ya no tiene intenciones de practicar la agricultura, ni le interesa desarrollar este oficio. Se presenta como agricultor “para la exportación”, pero ya no es labriego, ni tiene la intención de serlo. Todo lo que desea es poder penetrar en cualquier bosque y sacarle todo el provecho que pueda; primero, lo más lucrativo: los rollos; y acabados estos, la leña y el carbón. Entretanto, mata a todos los animales que encuentra a su paso, y los que le sobreviven, acaban asados por el rozado o exterminados por la inanición o la sed.
¿Qué culpa tienen los políticos en todo esto? En los últimos sesenta años de coloradismo todos los gobiernos, principalmente el de la nefasta dictadura de Stroessner y su famoso Instituto de Bienestar Rural, utilizaron los recursos naturales como moneda prebendaria destinada a crear clientela campesina para sostener al Partido Colorado, y como negocio para vender a extranjeros o nacionales a vil precio las mejores tierras agrícolas del mundo y convertir en multimillonarios a una docena de ministros de Agricultura y Ganadería, presidentes y consejeros de IBR y unos cuantos sinvergüenzas aprovechados y oportunistas más. Recordemos aquí a uno de los más famosos, Juan Manuel “Papacito” Frutos, magnate “estanciero”.
Ninguno de ellos se preocupó por enseñarles a ser campesinos agricultores profesionales, a organizar su producción y comercialización, y por dotarles de infraestructura básica para la optimización de la productividad. Repartieron lotes de cinco, diez o veinte hectáreas entre gente que apenas sabía mantener una huertita y criar una vaca y dos chanchos, y con ese tipo de “reforma agraria” alegaban que se podía introducir a nuestro país al mercado mundial de productores competidores agropecuarios.
Los colorados mantuvieron a nuestros campesinos en el atraso con las técnicas de cultivo de la Edad Media, sometidos al sistema paternalista medieval, sin que pudieran aprender criterios productivos básicos que rigen la actividad económica rural moderna, sin enseñarles nada. Y ahora tenemos, como consecuencia, una gran masa rural desocupada, ignorante, sin oficios de ningún tipo, dedicada a las changas, algunos al abigeato, al saqueo de recursos y cualquier otra actividad marginal, casi siempre ilícita, pero tolerada, resultado de seis décadas de indignidad, de haber sido convertidos en hurreros de mítines partidarios, parásitos prebendarios y en depredadores y oportunistas.
Tan grave es el atraso en todos los órdenes que padecemos en este nuestro mundo rural que heredamos de los regímenes corruptos del Partido Colorado -una organización que tiene la infinita caradurez de definirse todavía como “agrarista”- que la gran promesa que hacen los socialistas paraguayos actualmente es que la radical “revolución” que anuncian consiste en repartir tierra a los campesinos… ¡para su sobrevivencia! ¡Qué ambicioso programa socioeconómico!
Mientras no se le enseñe y se le ayude al campesino en el duro oficio de hacer producir la tierra con técnicas modernas, no va a sobrevivir ni con su chacrita ni con cien hectáreas, sino que va a continuar invadiendo bosques y depredando todo y cualquier recurso natural, dedicándose a extorsionar a los “ricos”, a vivir de parásitos de caudillos partidarios chantajistas, a negociar con el Gobierno levantamientos o postergaciones de actos y manifestaciones de “lucha social”, etc., etc.
En pocas palabras, continuará siendo un pobre infeliz. Ese pobre infeliz en que lo convirtió sesenta años de indiferencia social de gobiernos corruptos y antipatriotas, situación que ahora es muy útil y está muy bien manipulada con fines ideológicos por los partidarios de Lugo y de Hugo Chávez.
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