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PERSPECTIVAS

Notas de vacaciones

Córdoba (Argentina). Queridos lectores: En esta ciudad la fama del turismo está ganada; ya sea por ser “la Docta”, por la tonada melodiosa de sus habitantes o por sus innegables maravillosos paisajes. El turismo de los argentinos llega a ser extraño; tantos parten hacia otras tierras cuando aquí se tiene, en la tierra, una parte del cielo. ¡Vaya que estoy poética y “cordoversada”!


Respirar otros aires sirve para aprender a mejorar las cosas en el lugar donde vivimos, eso pensaba cuando recorría la peatonal del centro. Como en toda ciudad, acá, controlar los malos hábitos del gentío es difícil. Ayer miraba las calles céntricas llenas de basura (la asquerosidad urbana: papeles, botellas de plástico, colillas de cigarrillos, etc.), la diferencia con Asunción fue que al día siguiente –seguramente un duende municipal lo hizo– todo volvió a estar impecable. Los negocios de ropa están atiborrados de clientes que buscan liquidaciones. Aquí nadie se avergüenza de decir “quiero lo más económico”, y los vendedores son muy atentos; por ejemplo, podés probarte mil pares de zapatos sin comprar ¡y nadie te maldice antes de salir del local! Afortunadamente a mí me gusta más recorrer las librerías, que al turista le ofrecen ahora el último de Coelho (perdón, no recuerdo el nombre).

En enero, en Córdoba, es tiempo de festivales folclóricos, imperdible oportunidad para ahondar en la música argentina, pero sobre todo para apuntalar nuestro sentir latinoamericano. Mucha juventud llega hasta Cosquín, hay intenso movimiento en las calles. No puedo dejar de pensar por qué nosotros no tenemos un festival donde la juventud se concentre para valorar su heredad (en cambio, tenemos estentóreas discos en Sanber). Pero sigamos por ruta cordobesa, que no solo conduce a Carlos Paz –o a la farándula porteña–, existen decenas de pueblitos en zonas agrestes de Traslasierra y Calamuchita. Solo hay que armarse de un equipo de campamento y a gozar del silencio, cabalgatas, caminatas, frescos ríos, lectura, charla con otros viajeros… ¿qué más falta para ser feliz? Y antes de que me acusen de antiparaguaya, recuerdo aquí a un compatriota que toca el arpa en plena Córdoba; alguna vez, hace un par de años, le pedí que tocara “Cascada”, él me preguntó muy sorprendido cómo conocía ese tema. Nos pusimos a charlar y creo que se le prendió la chispita de la nostalgia, porque sus ojos negros brillaron todo el tiempo. “Hace 30 años que me vine para laburar –me contó–, soy músico de alma y toco en la calle no por monedas sino por marketing. Siempre alguno queda encantado con el arpa y me contrata para sorprender exóticamente”.

Paraguay tiene presencia en Córdoba, claro que sí. Desde el Dr. Francia, quien tiene su nombre grabado entre los ilustres egresados de la Universidad Nacional de Córdoba, hasta los muchos paraguayos que siguen llegando de visita o para estudiar y/o trabajar. Hay historias que llenan de orgullo, como la presencia hace un año de Lizza Bogado en Cosquín. Pero también hay tristes, como la de una chica de Itá, de 27 años (empleada doméstica), que vino a buscar a su padre paraguayo –migrante– al que no veía hace 2 décadas. ¿Qué habrá sido de ella, de Andresa? (aquí se llamaba “Andy”). Hoy temprano me despertó un grito que me removió una pena de añares: un albañil le gritaba a otro –desde la punta de uno de los tantos edificios ratoneros del progreso–: “¡Dale, paraguayo!, ¡apurate con ese balde!”. Mientras todo sucedía, a lo lejos, renacía el sol por detrás de las montañas.


Lourdes Peralta

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25/01/2009 00:00:00