Jn 1,35-42
El mes de enero se caracteriza por el disfrute de vacaciones para buen número de personas, aunque, infelizmente, no todos pueden complacerse con esta oportunidad.
Tener vacaciones es un derecho de toda persona, pues hay que recuperar las fuerzas desgastadas a lo largo de un año de luchas, victorias y derrotas. Es tiempo para cargar las pilas, pues hay que seguir peleando y es ocasión para cicatrizar algunas heridas que duelen en nuestra alma.
Es también un deber de toda persona, pues tenemos que cuidar de la salud, para que las enfermedades no nos agarren. Asimismo, un cuerpo y un espíritu descansados producen mucho más. Cuando el ser humano se siente refrescado presenta más tolerancia hacia los otros, lo que fortalece las buenas relaciones.
El ciudadano tiene el derecho de encontrar rutas debidamente señalizadas, ríos y lagos sin contaminación, seguridad en las calles y ausencia de algarabías molestas, cosa que se vuelve desastrosa con estos potentes aparatos de sonido y la indolencia de las autoridades.
Es tiempo precioso para compartir con la familia en clima alegre, dejando de lado las viejas críticas y nerviosismos desubicados.
Da gusto librarse de la tensión de los trabajos y estudios, de las reuniones, del tránsito, del tono imperativo de los celulares; sin embargo, el trabajo doméstico debe ser compartido por todos de la familia: cocinar juntos, repasar juntos, lavar juntos los cubiertos y otras cosas que aumentan el sentido de pertenencia y colaboración.
A la par, advertimos en el Evangelio de este domingo que Jesús dijo: “Vengan y vean”, delante de la pregunta “¿Dónde vives?” Ellos fueron y pasaron el día con el Señor.
Esto indica que NO TENEMOS el derecho de dar vacaciones a nuestra fe, pues este tiempo también debe ser para un fortalecimiento espiritual. De modo especial, está la santificación del domingo, que es el día del Señor, día de la Iglesia y día de celebrar la Resurrección.
No es justo tener tiempo para mil cosas y afirmar que no se tiene tiempo para ir a la Misa, con toda la familia. El descanso también debe ser del espíritu y Jesús es claro: “Vengan a mí todos ustedes que están agobiados y encontrarán descanso para sus almas” (Mt 11).
Mi hermano y mi hermana, en este periodo también no podemos dar vacaciones a las buenas costumbres: no emborracharse, no trasnochar, no comer en exceso, no dañar lo que es del bien común y no hacer gastos alocados.
Felices y santas vacaciones.
Paz y Bien.
hnojoemar@bol.com.br
Hno. Joemar Hohmann
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