PUBLICIDAD
abc Google  

TCNEL. JUAN F. PIRES OVIEDO

“En seis meses volvimos a hacer volar el avión”

El TCnel. (R) Juan Pires Oviedo relata a ABC cómo repararon en seis meses el avión que perdió las hélices en el río Paraná y había quedado varado a orillas del brazo Aña Cua. Fue el mecánico de aviación que ayudó al entonces Cap. Manuel Insaurralde a cumplir la orden de Stroessner tras el accidente ocurrido el lunes 13 de marzo de 1961. Se salvaron de milagro.


El TCnel. Juan Francisco Pires Oviedo, emocionado, muestra su primer pasaporte, firmado en 1950 por el entonces Pdte. Federico Chávez.

Pires Oviedo (77 años) corrobora que tras el accidente del avión T23 de Transporte Aéreo Militar (TAM), efectivamente, recibieron la orden de Alfredo Stroessner de recuperar la nave en el mismo lugar donde había quedado. El trabajo no fue nada fácil y se necesitaron seis meses de ardua labor en un campamento montado en Aña Cua.

“Nos instalamos allá y en seis meses hicimos volar de nuevo el avión. Estuvimos trabajando un equipo de chapistas reparando la estructura de la nave que se dañó seriamente, un equipo de electricistas y personal de apoyo; hasta teníamos un enfermero”.

Agrega que al dispararse la hélice izquierda, el impacto cortó la estructura del fuselaje y quedó a una pulgada de cercenar el muslo del entonces capitán Manuel Insaurralde, quien lo pilotaba. Precisó que los ocupantes eran diez soldados y dos lugareños que habían abordado la nave para ver el paisaje.

Pires Oviedo conserva copia de su informe presentado en 1961 por orden del comandante de la Aeronáutica.

Insaurralde dio vuelta a la isla de Yasyretá, luego voló sobre el brazo Aña Cua con rumbo oeste. En ese interín, empezó a bajar hasta que las hélices tocaron el agua y se desprendieron. “Cuando esto ocurrió, el piloto me pidió que le diera potencia al motor derecho, pero tampoco lo teníamos. Entonces, tomó rumbo hacia un tacuaral, donde se notaba un campo, y él se dirigió hacia allí. Empecé a hacer las operaciones que normalmente se requieren para un procedimiento de emergencia. Corté los magnetos, los generadores, la batería y corté el combustible. Cuando terminé de hacer esto, Insaurralde me dijo que me agarrara porque íbamos a pancear”, continúa.

Pires recuerda que al impactar la nave contra el agua se sintió como una frenada brusca, pero inmediatamente rebotó hacia arriba, para luego ir a parar al lado de una laguna, a las 14:25. “Todo esto ocurrió en menos de un minuto. Fue una gran suerte y un milagro que tuviéramos velocidad con los motores parados; en caso contrario, no contaríamos la historia”.

De la nave salía mucho humo y en cualquier momento podría explotar. Entonces abrieron la puerta de emergencia del techo y salieron. Estaban incomunicados y debían buscar ayuda en la orilla.

De allí fueron rescatados en canoas y llevados hasta el Puesto de Observación, en una punta de la isla Yascyretá, adonde llegaron al final de la tarde. Los aguardaban el comandante de la Aeronáutica, general Juan Antonio Cáceres, y el Gral. Adrián Jara, jefe de Estado Mayor, quienes pidieron un informe de lo ocurrido.

El cárter del avión T23 de Transporte Aéreo Militar debió ser trasladado sobre cubiertas y rodillos a fin de ser reparado en Aña Cua.

El alto mando había recibido la noticia desde Ayolas de que un avión de TAM había sufrido un accidente, pero no tenía noticias de sus ocupantes, así que se trasladó inmediatamente a la zona.

“El susto no le llega a uno sino mucho después. Muchos le llaman a la actitud de uno en ese difícil momento valentía, pero la valentía no es más que tomar la decisión correcta en el momento adecuado, y la cobardía no es más que perder el control, cuando uno más lo requiere”, afirma a modo de reflexión.

Ardua y penosa labor

El avión fue arrastrado del lugar donde quedó varado, con la ayuda de un aparato perteneciente a la firma International Production Corporation (de Puerto Pinasco) que se utilizaba para desraizar los quebrachos y que fue prestado por el Sr. Darío Latourrette. “Con eso arrastramos el avión y lo colocamos en un lugar más seco. Lo levantamos y lo dejamos sobre ruedas. Mientas mi contingente se ocupaba de la reparación, el Cap. Manuel Insaurralde, con 15 soldados, abría un monte y construía una pista de 500 metros”.

Se tuvieron que rearmar el motor y las hélices a la intemperie. “Cuando llovía, poníamos carpas y seguíamos trabajando debajo. De noche, había demasiados mosquitos y polvorín, un bicho muy pequeño que traspasaba los mosquiteros. Para evitarlo, mojábamos los mosquiteros, y cuando se secaba a medianoche y de nuevo acechaban estos bichitos, debíamos humedecerlo de nuevo. Y así estuvimos los seis meses. Allí dormíamos y comíamos, pues nos llevaban los víveres. Ese era nuestro campamento”.

Frente al avión varado, Insaurralde y Pires Oviedo reparan el motor de la nave en 1961. Un soldado se encargaba del tereré.

Cuando el avión fue puesto en marcha y logró decolar, llegó a Asunción. Fue setiembre del mismo año. “Así terminó la historia de nuestro accidente y comenzó otra etapa, en LAP”, dice Pires.

En vuelo comercial

Al llegar a Asunción, el TCnel. Pires Oviedo recibió la noticia de que fue seleccionado como el primer piloto para hacer el curso que le habilitaría a volar los aviones de Líneas Aéreas Paraguayas.

Memora que Stroessner nunca fue a ningún vuelo inaugural de LAP, pero sí había promovido la compañía hasta que se fundió.


Pedro Gómez Silgueira

Estadísticas

 

Visitas

Páginas

Hoy

135.838

1.128.449

Ayer

141.100

1.229.379

Ultima actualizacion:
05/02/2009 00:00:00