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PERSPECTIVAS

Los restos del General

Cuando festejamos los 20 años de nuestra democracia, todavía muchos dicen que con Stroessner se vivía mejor. Para peor desilusión, por televisión veía largas filas de los hijos de víctimas de la dictadura queriendo cobrar (el último día) la indemnización que les da el Estado. Mientras desayunaba, escuchaba al cronista preguntar sobre este tema y, entre vergüenza y risitas tontas, la gente decía: “Vengo para cobrar, je, je, je, una platita nunca viene mal” (como si se hubiesen sacado la lotería). ¡Ni uno solo defendió la memoria de sus padres, ni la de los miles de compatriotas que fueron perseguidos! ¿Cuántos y cuánto sabemos del Plan Cóndor? No recuerdo haberlo charlado ocasionalmente con nadie, ni que me lo hayan contado en el colegio, menos en la Universidad Católica.


Aquellos que leyeron el estremecedor libro “Nunca más” saben que durante aquella “limpieza”, miles de paraguayos fueron torturados. Argentina, país hermano y unido por la misma ignominia, tiene, sin embargo, lo que nosotros no tenemos: unidad para presionar, palabra entrenada y un deseo de justicia que no la deja dormir en paz. Los argentinos remueven el basural del horror, cueste lo que cueste, y en esta búsqueda colectiva de justicia engendró unas Abuelas heroicas, cuya lucha sin tregua ya casi recupera al nieto número 100. Sí, che, los soberbios curepas proyectan películas en el cine grande sobre los crímenes cometidos por los milicos. Aquí hacemos fila para ver la última de Brad Pitt. En Bs. As. fui a ver uno de estos tristes filmes sobre la época del Proceso; se me hizo un nudo en la garganta cuando oí comentar al hombre que moqueaba en el asiento contiguo, que era un sobreviviente de la ESMA (centro de torturas). Después, me di cuenta de que había varios otros que lloraban silenciosos. No es para menos, la herida sigue abierta; por eso el pueblo busca sin descanso condena para los culpables.


En nuestro Paraguay de “Paz y Progreso” la represión no fue menos cruel. Aun así, muchos siguen diciendo que “antes vivíamos mejor”. Quien piense esto acepta también que, sobre los demás paraguayos, obtuvo ventajas y favores; copuló con un poder maligno y fue cómplice del peor de los robos sufridos por esta nación: negando educación, opinión, discernimiento y, sobre todo, libertad.


El tirano murió viejo y solo, pero desgraciadamente nos dejó una mala hierba difícil de extirpar. Pero para los que nada tuvieron, ¿qué era mejor entonces? Evítenme la respuesta casera de “podíamos dormir en el patio”; la violencia existe desde la época de los pueblos bárbaros. Y, ya que estamos, si no violencia, ¿cómo se llamó aquel exterminio de compatriotas que ocurría mientras dormíamos a pata suelta? Me pregunto horrorizada si acaso “estábamos mejor hace 20 años” porque un gobierno que atonta y asesina es el macabro traje que nos queda a la medida.


Revisar nuestra historia es una obligación. Cobremos o no, todos fuimos –somos– víctimas de la dictadura. Hoy debemos saber lo que no sabíamos, hablar, investigar, leer, oír testimonios.

En un video club de Córdoba escuché a una señora, acompañada de sus dos pequeños hijos, pedir la película “La noche de los lápices” (no, no es una de Disney); al segundo imaginé aquella velada familiar, donde, puedo asegurarlo, no habrá habido risas ni pororó. A 3 décadas, los argentinos quieren que sus hijos sepan qué pasó en la Argentina de los setenta. Esto es lo que la televisión nacional debería copiar y no bailes por sueños superficiales que nos impiden despertar.


lperalta@abc.com.py


Lourdes Peralta

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Ultima actualizacion:
08/02/2009 00:00:00