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Hábito stronista que debe ser erradicado

En un intento por desbaratar las sospechas surgidas a raíz de denuncias periodísticas acerca de un supuesto caso de tráfico de influencias, que habría provocado la renuncia indeclinable del titular de Petropar, Cíbar Granada, el ministro de Industria y Comercio, Martín Heisecke, explicó en entrevistas radiales que normalmente recibe en su despacho a mucha gente, y no necesariamente para fines “no santos”. En una parte de su exposición dijo que llegó a atender a representantes de cuatro navieras, de las cuales tres se presentaron acompañados de sus respectivos “gestores”.


Sin entrar a tallar sobre el trasfondo real de estas audiencias, quisiera hacer notar que se trata de una infame práctica originada durante la dictadura stronista que imperó durante 35 años en Paraguay, cuyas secuelas siguen incólumes y de la cual nadie se ha salvado en esta etapa democrática. Algunos empresarios locales me solían contar que, si a alguien se le ocurría realizar una nueva inversión o una simple ampliación de la existente en la era stronista, sea nacional o extranjero, no tenía otra alternativa que pedir una “audiencia” con el ex dictador para que este le diera su “bendición”, a cambio de algún “premio” importante o directamente parte del negocio, lo que le otorgaba al inversionista la seguridad suficiente de que no será molestado por nadie. Lo triste es que a 20 años del golpe de febrero de 1989, y de sucesivos desgobiernos colorados, este gran mal persiste y sigue mostrando la peor imagen del Paraguay ante el mundo.

¿Cuándo llegará el bendito día en que impere la legalidad en nuestro país, cuando no sea necesario recurrir a algún “intermediario” político? Creo que los ministerios y entes dependientes del Poder Ejecutivo deben tener el “empoderamiento” suficiente (las normas existen) como para manejar y resolver con transparencia todas las cuestiones atinentes a su competencia, y con firme respaldo del propio Presidente de la República, que ya no dé lugar a presiones indebidas de cualquier origen, pero con la obligación de responder por sus actuaciones y asumir sus consecuencias.

El caso de Petropar , que en la actualidad se ventila, es la prueba más clara de que el stronismo sigue presente en el aparato estatal en toda su extensión, y esperemos no llegar al final de la historia cuando, había sido, continúa la burda “recaudación para la corona”, que al fin terminará por liquidar la cada vez más gastada credibilidad de Fernando Lugo, quien –al mismo tiempo– es el responsable directo de acabar de raíz en este deplorable hábito.

jfleitas@abc.com.py


Julio Alberto Fleitas

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19/02/2009 00:00:00