abc Google  

GASTRONOMIA PROFESIONAL

Una rica pasión

Es paraguaya, estudió en Buenos Aires, trabaja independiente. Además de sus tentadoras tortas, María Emilia Masi Barrail (23) abre el año con talleres de cocina para todos los niños que quieran lucirse con sus propias pastas, panes y pizzas. Aquí conocemos mejor a una emprendedora que afirma: “Voy lenta pero segura”.


A sus 23 años, María Emilia es técnica en Gastronomía y pastelera profesional, dos títulos logrados en el 2006 en el Instituto Argentino de Gastronomía (Bs. As.). Hizo pasantías en el mismo lugar y también con la conocida Maru Botana.
-¿Cuándo supiste que la cocina era lo tuyo?
-Siempre. Cuando era chica miraba la cocina desde afuera; recién a los 12 me dejaron entrar a hacer bizcochuelos. Tengo fuertes marcas familiares. Por ejemplo, para los cumpleaños la torta no se compra, se hace. Guardo, además, el recuerdo de mi bisabuela Emilia (Pallarés de Masi) que hacía la comida para Líneas Aéreas Paraguayas.
-¿Don Bruno Masi es algo tuyo?
-Mi padrino. Mi familia es inacabable. Fue gracias a un tío (materno) que me fui a estudiar a Bs. As. Y hoy me asocié con otro tío (paterno) para empezar mi microempresa. Mirá que te estoy dando una primicia, mi empresa de servicio gastronómico no se llama más “Masitas”, ahora es “Mas Catering”.
-¿Qué tipo de emprendedora sos?
-Lenta pero segura. Que nadie me apure en nada. La empresa, como la comida, tiene su tiempo exacto.
-¿Elegiste Gastronomía como carrera desde un principio?
-No, empecé Administración de Empresas, pensé que me iba a servir para todo, ¡pero me resultó tan aburrido! Mi papá me dio un ultimátum: “Andate de vacaciones, pero volvé con una carrera en la cabeza”.

-Hoy muchos jóvenes quieren ser gastronómicos.


-Porque ahora es fashion; antes la cocina era nada. Yo este año voy a empezar Ingeniería en Alimentos, y ojalá, como profesional, pueda ejercer más el control de alimentos. Sabés, conozco lugares concurridísimos en Asunción, que si la gente viera sus cocinas no los pisaría nunca más.
-¿Cuáles?
-¡Nooo!, no te digo. Pero nuestro problema es grave.

-¿Qué tal Buenos Aires, su cocina, su gente?
-No me gustó tanto estar allá. Tuve problemas con mis compañeros porteños. El segundo año pedí que me mudaran a otra aula donde había extranjeros de todas partes y ahí sí, tranquilamente pude terminar. Los estudios fueron muy buenos, solo que aún no puedo aplicar lo que aprendí porque me falta infraestructura y porque la gente acá todavía está acostumbrada a cierta pastelería.
-Cuando volviste como cocinera, ¿encontraste trabajo?
-¡No soy cocinera! Estudié, soy técnica en Gastronomía. No menosprecio a nuestras grandes cocineras, pero después de tanto sufrimiento, más vale que me llamen por lo que soy.
-Corrijo, entonces, mi desliz.


-Empecé con una prima que hace bombones artesanales y después probé en una confitería, pero, la verdad, no nací para que me manden. Salí y me puse a hacer tortas por mi cuenta. En el 2007 di clases en lo de Teresita Benegas O’Hara (Escuela Integral de Gastronomía); ella fue mi profesora en el colegio (Goethe) y, entre otras materias, nos daba cocina. Fue inolvidable. Teresita es especial, cariñosa, ella definió muchísimo mi vocación.
-¿Qué precio le ponés a tu talento?
-El precio debe reflejar la calidad de los ingredientes y tu trabajo. La otra vez entré a comprar unas masitas y estaban a 50.000 guaraníes el kilo; compré 4 y me salieron 10.000 ¡Es mucho! Yo vendo mis tortas a 42.000 G. el kilo. Mi estilo de repostería es sencillo y lleva los mejores productos. En todo lo que puedo, uso productos nacionales; la harina y los lácteos son excelentes.
-¿Silueta y pastelería es una amistad compatible?
-Yo vivo a dieta, pero igual soy gordita. Mi problema es que no hago ejercicios, no porque no me guste, sino porque no aguanto la rutina.

Moldecitos

Los próximos 7 y 8 de marzo, María Emilia inicia sus talleres para minichef. Sincera, dice: “No sabía que yo tenía tanta paciencia con los niños, pero da gusto porque les gusta”. El único requisito para ser un minichef es que el niño “alcance la mesada”; esto significa tener entre 8 y 12 años. Si hay quórum, habrá clases para chicos de 13 a 17 años. Se hace mucho trabajo manual y nunca hay más de 10 personas por clase. Se sacan panes, panes rellenos, pan dulce, hamburguesas, papas fritas, ñoquis, lasañas, budines, flanes, salsas frías, entre otras delicias fáciles. “El fuego lo manejo yo, pero los dejo mirar desde lejos”, tranquiliza Ma. Emilia, experta en pokovís.

-¿Qué es lo más valioso de estas clases para los chicos?
-Lo más importante es que, divirtiéndose mucho, aprenden a cocinar y a servir a los demás. Porque la cocina es un servicio y también una linda manera de entender el valor de la familia reunida en la mesa. Más info al (0981) 464-886.

lperalta@abc.com.py


Lourdes Peralta

Estadísticas

 

Visitas

Páginas

Hoy

71.996

729.208

Ayer

85.343

748.521

Ultima actualizacion:
01/03/2009 00:00:00