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EMPEZAR LA JORNADA CON ¡ÁNIMO!

Todo depende de cómo empezamos para comenzar a divisar el resultado final

La jornada educativa que se inicia se constituirá de nuevo en una verdadera oportunidad para que cada docente pueda brindar su mejor potencial profesional. En la alegría, el conocimiento, la actitud, la entrega y la pasión por enseñar, el docente llega a coronar su cometido: hacer que las cosas mejoren.


Carlos Riquelme

Desde el inicio, nada mejor que animarnos para emprender la jornada. Todos los años decimos que el presente año que empezamos es nuestro. Ciertamente que así debería ser, en el sentido que somos nosotros los que debemos posesionarnos del tiempo, para que en ese transcurso, podamos incidir positivamente en la historia de cambio que nuestro entorno inmediato necesita. La educación no está ajena a este proyecto, teniendo en cuenta que conforma una parte fundamental de los cambios que se precisan en todos los ámbitos.


Para empezar con ánimo, debemos apoyarnos. Estas páginas de “El ABC Estudiantil” y, de manera especial, ésta dedicada a los docentes en la presente sección -Formación Docente- quiere ser el intento de dar el soporte a nuestra tarea educativa. Se trata de un pequeño granito de arena con el que queremos colaborar para que todos recibamos el aliento oportuno en el ajetreo educativo diario. Sabemos sobremanera que nuestra tarea no es fácil de realizar; requiere el ímpetu profesional para que las cosas resulten.


Empezar con actitud mental positiva muchas veces es la clave para sacarle el mejor rendimiento a nuestro compromiso de ser educador. Cuando empezamos a rastras o lanzando quejas o contagiando negativamente a las personas que nos rodean, ciertamente es un mal signo para empezar la jornada.

Es preciso decir una cosa: que, a pesar de los intentos que se están haciendo, las cosas no están muy bien en nuestro ámbito educativo; muchas cosas faltan aún por mejorar. Es sabido que si queremos salir de la postración y de la pobreza en las que nos tienen atados, debemos encarar en serio la educación; esto todos lo saben, y, hasta el hartazgo, las autoridades responsables de la educación del país. Lamentablemente, poco se está haciendo por mejorar y hacer bien las cosas. Sin lugar a dudas, necesitamos desperezarnos, lavarnos los ojos con un buen colirio e inyectarnos las fuerzas necesarias para que en el lugar que nos corresponde ejerzamos nuestra humilde labor de maestro/maestra y seamos los mejores. Es preciso saber que de la entrega de cada uno de nosotros depende que nuestra educación repunte y dé el resultado que se espera de ella.

Si estamos preocupados por la corrupción imperante en los entes públicos y privados, los asaltos, los secuestros, los cientos de niños marginados del sistema escolar, las familias destrozadas y abandonadas, la falta de trabajo, los jóvenes frustrados en sus esperanzas, los maestros mal remunerados, los políticos que traicionaron los intereses de la gente que han confiado en ellos, la gente sencilla que sigue esperando migajas de oportunidades; si todo esto -y mucho más- ocupa el centro de nuestras preocupaciones, y deseamos con todo el fervor patriótico y de profesional docente cambiar, entonces, creemos que estamos en camino.


Finalmente, no queremos decir que la educación tenga que ser la panacea que venga a colmar todas nuestras inquietudes; simplemente, estamos diciendo que, si logramos hacer nuestra labor con cierta pasión, todas estas cosas podrían cambiar. El año pasado empezábamos nuestra jornada con esta comprometedora frase: “Por vocación tenemos la misión de educar con la palabra y el testimonio, a fin de liberar y liberarnos”. El 2009, volvemos a la misma frase para animarnos y desearnos ¡éxitos! en nuestra jornada.


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Ultima actualizacion:
06/03/2009 00:00:00