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VIVENCIAS DE DOCENTE

Educación ciudadana en acción

Actitudes y conductas que favorecen la democracia


En la entrega anterior analizamos cómo los valores y principios, inherentes a la dignidad humana, tienen fuerte incidencia en el ejercicio de la democracia. Hoy, conforme a los aportes de Josefina Albertini en el texto Política, destinado al tercer curso de la Educación Media, nos referimos a las actitudes y conductas que necesitamos desarrollar para que estos valores puedan ser aplicados en la vida cotidiana.

Actitudes y comportamientos a desarrollar para hacer realidad la democracia. Entre éstos se mencionan:

- La tolerancia. Una persona tolerante es aquella que acepta las ideas y creencias de otros, aunque su cultura o religión o el ambiente en el que se desarrolla no sea como el propio. Ser tolerante es respetar la persona del otro, es la consideración que debemos tener por las opiniones o prácticas de los otros, aunque sean diferentes a las nuestras. La tolerancia nos permite aceptar la diversidad en forma positiva, aportando la opinión de manera respetuosa.
- La solidaridad. Implica desarrollar conductas de empatía y fraternidad con las demás personas, como miembros que somos de una misma especie. Es cooperar y prestar apoyo al otro en el ejercicio de sus derechos y necesidades.
- La justicia. Es la actitud de exigir justicia para uno mismo y para los demás. Es la piedra angular de la democracia, ya que sin ella no hay democracia. Bien decía su Santidad Juan Pablo II: “Es necesaria una movilización para eliminar las causas de las situaciones de injusticia que pueden conducir a las personas a acciones de desesperación y violencia”.
- La libertad. Es pensar y decidir con autonomía moral e intelectual. Es también asumir las responsabilidades por las decisiones que uno toma y sus consecuencias. La auténtica libertad implica responsabilidad, pues de lo contrario se convierte en libertinaje.

- La igualdad. Es el reconocimiento de las facultades, necesidades y derechos de otras personas en pie de igualdad con uno mismo. Recordemos que los seres humanos somos iguales en dignidad, con los mismos derechos de alcanzar pan, paz y justicia social.
- La equidad. Es desarrollar conductas que compensen de alguna manera a la persona o al grupo que está más en desventaja, por determinado tipo de discriminaciones o carencias. Sin equidad no puede existir la justicia social, factor esencial que sustenta toda democracia.
- El interés común. Para construir el interés común o general, se necesita primero un reconocimiento de lo que es el otro, de lo que significa el ser humano, luego el respeto por la otra persona, como asimismo, comprender que en esta relación con el otro hay un espacio que es de ambos, espacio en el cual debe existir una cierta forma de renunciación para edificar un espacio común. La regla básica es El interés común por encima del interés particular.

- El pluralismo. Consiste en reconocer y asumir que cada persona es un ente diferente, capaz de desarrollar sus propios conceptos e ideales. En la auténtica democracia, esta pluralidad no sólo es necesaria, sino imprescindible, pues implica poner en práctica la inclusión, en contraposición a la muy difundida costumbre de excluir a quienes no comulgan en nuestros ideales. La meta es lograr “la unidad en la diversidad”.


Compatriotas: Conquistar y mantener la vigencia de la democracia, como estilo de vida, exige de cada uno de nosotros actitudes y conductas coherentes, en nuestros hogares, en el ámbito laboral y social y, muy especialmente, en el quehacer político cotidiano.

¡¡Adelante, juntos podemos!!


Mario C. Parra Gaona
parram1@gmail.com


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06/03/2009 00:00:00