Jonas Salk, el creador de la primera vacuna contra la polio, fue un hombre de exquisita sensibilidad social. Tuve el enorme privilegio de conversar con él en varias ocasiones sobre el tema de la educación. Él se había propuesto construir un instituto dedicado al estudio del conocimiento humano y a la educación, incluso me mostró los planos de la obra que proyectaba. Lamentablemente, murió sin realizar su programa pero dejó varios escritos que iluminan su pensamiento.
Uno de ellos es “Analogías entre la inmunología y los fenómenos psicológicos”, que dice así: “Si transferimos anticuerpos de un organismo a otro, podemos obtener una inmunización temporaria, pero si queremos obtener una inmunización permanente es menester una activa participación del organismo para que genere sus propios anticuerpos como consecuencia de su propia interacción con el antígeno… el aprendizaje tanto en inmunología como en psicología implica un esfuerzo activo y lo que se aprende sólo será significativo y eficaz en proporción al esfuerzo realizado… su analogía con la educación no necesita ulterior clarificación” (Man unfolding, 1972).
En efecto, no hay aprendizaje sin esfuerzo, pues el nuevo conocimiento que adquirimos cuando nos educamos es el resultado de una construcción personal, donde prima la acción sobre la simple información. Lo mismo pensaba el gran psicólogo suizo Jean Piaget, un hombre que revolucionó nuestra idea de educación y del desarrollo de la inteligencia infantil.
Las primeras computadoras que se incorporaron a la educación lo hicieron al comienzo de los años ochenta. Desde entonces han actuado, siguiendo la imagen de Salk, como una “vacuna digital”, puesto que han generado en la inteligencia infantil un proceso de construcción que no cesa de sorprendernos.
Hoy asistimos a una impresionante explosión de gran variedad de aprendizajes en millones de niños y niñas del mundo. Como una vacuna que protege la salud de enormes poblaciones humanas, este nuevo tipo de vacuna genera de forma sustentable anticuerpos contra la ignorancia. Lo que se aprende de esta manera no se olvida, permanece. Con la computadora se aprende cómo hacer algo, “se aprende a aprender”.
Un discípulo de Piaget, el matemático Seymour Papert fue sin duda el mayor propulsor de esta nueva visión “construccionista” sobre el aprendizaje digital. En 2005 Nicholas Negroponte, fundador del célebre Laboratorio de Medios del Instituto Tecnológico de Massachussets MIT, donde trabajaba Papert, creó una sociedad sin fines de lucro OLPC One Laptop per Child, una computadora portátil por niño, con el propósito de difundir esta intuición central a toda la población escolar (www.laptop.org). Ya hay unos treinta países de todos los continentes embarcados en hacer realidad el sueño de los precursores. Entre ellos se encuentra el Paraguay que ha comenzado a “saturar” las escuelas primarias de la ciudad de Caacupé como un primer paso para cubrir enteramente el departamento de Cordillera (www.paraguayeduca.org) y de allí seguir avanzando hasta cubrir todo el país. Y así debe ser; cuando se vacuna, no se puede dejar a nadie sin vacunar. Debemos “saturar” la integridad de la población en riesgo. Y no hay peor riesgo para un país que la ignorancia.
Dr. Antonio Battro
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