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MáS QUE UN AKâRASY, UNA ALEGRíA BIEN RECIBIDA

Llantos, upas y paseos llegan con el bebé

¿Cuál es aquella bendición dentro de la familia que trae consigo más gastos, varias noches sin dormir y diversos comentarios, como “salió igualito a su papá” o “esos ojos que chúlina, luego”? Pues si estabas pensando en un bebé, diste en el blanco, ya que ni bien llega al mundo siempre recibe toda la atención, con el infaltable upa y los regalitos, dado que es una alegría enorme para los padres, abuelos, parientes y amigos.


En el primer momento de conocer al nuevo miembro de la familia, lo primero que se hace, como por reacción obligada, es decir cosas, como “mirá un poco qué chúlina que es; salió igualito a su papá, aunque sacó los ojos de su mamá”, “qué grande que es, y eso que nació hace poco”.

Otro hecho que forma parte de este “ritual de bienvenida” es el infaltable upa al bebé, cargarlo en los brazos por todas partes, mientras los demás se detienen a mirarlo y a pedir su turno para alzarlo también; entre las más entusiasmadas están las chicas.

No puede faltar el instante en el que, entre tanta incomodidad y alboroto, el recién nacido ya no puede aguantar más e inevitablemente “revienta” en llanto, que es tan desesperante y molesto como el motor de un fusca descompuesto, aunque con algunos mimos todo se soluciona.

Durante los primeros días de visita a la afortunada madre y al “gordito” les llueven los regalos de todos los tipos, tamaños, formas, colores y, por sobre todo, precios, como camisitas, pantaloncitos, abrigos, zapatitos, juguetes, entre otros, que, además de útiles, ayudan a ahorrar bastante.

Siendo indiscutiblemente el centro de atención, no pueden faltar las sesiones de fotos para mostrarles a los demás qué tan adorable es el bebé, haciéndolo posar con todos los familiares, allegados, conocidos, etc., y probando todas las miradas, expresiones, e, inclusive, cambiándole de ropa.

Cuando llega el momento de hacerlo dormir, realmente empieza el calvario, pues hay ocasiones en las que ni siquiera cierra los ojos, y se queda llorando, riendo, moviéndose por todos lados, pero con mucho sacrificio y desvelo, al fin se logra darle su momento de sueño.

Durante el transcurso de las semanas, ellos van aprendiendo nuevas cosas de las que observan en su entorno, como, por ejemplo, a hacer los típicos “ojitos”, aplaudir, además de balbucear algunas cortas y sencillas palabras, o por lo menos, lo intentan con su “idioma bebé”, casi indescifrable.


Por Robert Bourgoing (16 años)


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21/03/2009 00:00:00