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Aniversarios

Estuve balanceándome entre estos temas: 1) el décimo aniversario de la muerte del doctor Luis María Argaña, baleado cerca de las 9 de la mañana del 23 de marzo de 1999, cuando se dirigía a su despacho de la Vicepresidencia de la República; 2) la masacre de los jóvenes en la plaza del Congreso, unos días después, víctimas de las balas que les cayeron desde lo alto del edificio Zodiac y del Correo Central; y 3) el primer aniversario del fallecimiento de Helio Vera.


Acerca del Dr. Argaña no haría sino reiterar, de acuerdo con las pruebas que incluye la confesión de uno de los asesinos, mi convicción de que se trata de un disparate el rumor de que se había matado a un muerto. La peor de las telenovelas no tiene un autor tan detestable. Nació de la oscura imaginación de un oscuro veterinario de cuya boca salió un viento negro que ennegreció a otras imaginaciones. Fue meses después del crimen cuando la Policía y la opinión pública tenían acorralados a los autores materiales e intelectuales. Como todo lo absurdo, no resiste la menor lógica sostener que una persona murió dos veces: la primera, de un ataque al corazón, y la segunda, en manos de unos asesinos a sueldo. Desde luego, esta “segunda vez” es la única creíble porque se la ha podido demostrar científica y legalmente.

También sobre los jóvenes que murieron baleados repetiría mi convencimiento de que los proyectiles vinieron del lado de los oviedistas que intentaban tomar el Congreso. Sobre esta tragedia se ha echado suficiente tierra para esconderla para siempre. Es posible que de vez en vez, en las noches de luna nueva, azotadas por el viento norte, la conciencia de quien segó la vida de ocho jóvenes tenga algún callado y frío temblor.

Descartado, entonces, estos temas, me quedo con uno igualmente doloroso: la recordación del primer aniversario del fallecimiento del querido Helio Vera. Se lo recordó el miércoles en el Centro Cultural de la Ciudad de la mejor manera posible: el lanzamiento de su libro acompañado por la música, y los músicos, que tanto amaba.

“El verdadero diccionario paraguayo – Las palabras no son lo que parecen” (Servilibro) lleva la firma de Helio, de Caio Scavone y de un colado. Lo presentó Mengo Boccia con la recordación emotiva de su amigo que llenó el país con su talento, humor, ironía, escepticismo. Caio reveló el origen del libro, pero también se reveló a sí mismo como seguro sucesor de Helio en el conocimiento exacto de la naturaleza humana y complicadamente paraguaya. En el transcurso del acto –que fue multitudinario– su hermana Maluli Vera presentó la página web que había comenzado Helio y que ahora se completó; Benito Fleitas Guirland leyó la resolución de la Junta Municipal de Villarrica por la que una de las principales calles de la ciudad llevará el nombre del ilustre guaireño, como un merecido homenaje a quien tanto había querido y honrado a su tierra; Rufo Medina leyó un sentido escrito del pa’i Rubio, por quien Helio había sentido una entrañable amistad.

Las ideas de Helio, expresadas la más de las veces con una fina ironía –nunca con sarcasmo–, iluminaron los momentos difíciles, oscuros, de nuestra vida cotidiana como país que busca una salida a sus muchos problemas sociales, políticos, culturales. Autor de muchos libros, en todos ellos buceó en nuestra realidad presente y pasada para mostrarnos no precisamente el camino por donde debemos transitar, sino el que debemos evitar para no seguir cayendo en la desesperanza.

En “El nuevo diccionario...” encontramos esta definición de humorista: “Es el individuo que mejor se siente cuando peor le va”. Nunca le ha ido tan mal a Helio como cuando enterró a su hijo. Sin reponerse del dolor siguió escribiendo para que fuesen sus lectores los que se sintieran bien.

En fin, la noche del miércoles fue una fiesta como Helio hubiera querido vivirla.

alcibiades@abc.com.py


Alcibiades González Delvalle

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29/03/2009 00:00:00