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VINO DE INGLATERRA A PARAGUAY, CONVENCIDO DEL IMPACTO DEL PROGRAMA

El voluntario que cruzó un océano para dar “Una computadora por niño”

Un día de enero de este año, Daniel Drake se subió a un avión y recorrió los más de diez mil kilómetros que separan su Inglaterra natal de Paraguay. Sin ayuda económica, lo hizo para venir a trabajar como voluntario en el proyecto “Una computadora por niño”, convencido de que una laptop en manos de un chico puede marcar una gran diferencia en la aprehensión de conocimientos.


El joven inglés aparece con niños de la escuela Mulosagoo, de Etiopía. Ahora presta su ayuda en favor de los paraguayos.

Daniel tiene 22 años. Oriundo de Buckinghamshire, una ciudad próxima a Londres, donde vivía con sus padres y sus hermanas menores, dejó su casa para estudiar Ciencias de la Computación en la Universidad de Manchester.

Al terminar sus estudios realizó una pasantía para el proyecto “One Laptop Per Child”, creado por el Instituto Tecnológico de Massachusetts, con el propósito de achicar la brecha digital que soportan los países pobres y que se fundamenta en la entrega de una computadora portátil a cada alumno.

El proyecto OLPC lo contrató el año pasado para realizar diversos trabajos en Etiopía, uno de los países con los cuales la pobreza se ha ensañado: las aridez del terreno y las guerras permanentes con su vecino Eritrea causaron hambrunas generalizadas y una gran dependencia de su población de la ayuda externa.

Daniel cuenta que en ese país el proyecto OLPC -que aquí es impulsado por la organización no gubernamental Paraguay Educa- es una iniciativa del gobierno. “Originalmente fui ahí para enseñar al equipo cómo usar las computadoras. El momento en que me tocó estar fue muy importante, porque estaban distribuyendo las laptops en las escuelas y me pidieron que me quedara por un período más largo, para ayudar en la distribución, la logística general y la solución de problemas técnicos”.

Una temporada en Etiopía

Durante ese tiempo, Daniel vivió en Adis Abeba, la capital, y se desplazaba a distintos puntos. “Etiopía es un país muy pobre, muy diferente a este”, cuenta. Por eso tiene una respuesta para cuando escucha el remanido argumento de que es primordial atender las necesidades básicas de la gente antes que regalarle una computadora a un niño.

Daniel en plena tarea, en la oficina de Paraguay Educa.

“Ciertamente, en Etiopía hay otras cosas que se necesitan: comida, agua, refugio. Son todas muy importantes. Pero habitualmente cuando se provee a la gente de estas cosas, duran por un tiempo muy limitado, es difícil hacerlas sostenibles. Podés hacer una donación de mucha comida a un pueblo, pero una vez que se la comieron, se acabó. Es muy importante esta iniciativa, porque la educación es una de las raíces para hacer que la gente sea más eficiente en su trabajo, por ejemplo en la agricultura, para construir la propia estabilidad. Este proyecto complementa las otras iniciativas muy bien. Si se saca la comida habrá grandes problemas en Etiopía. Del mismo modo, si dejás de darle educación, habrá grandes problemas. Son solamente diferentes maneras de atacar el mismo problema. Y ambas necesitan ocurrir y trabajar juntas”, afirma.

Por qué venir

Daniel se sintió tan gratificado con su experiencia en Africa que al volver a su país decidió que dedicaría uno o dos años de su vida a trabajar en el proyecto, aunque fuese como voluntario, sin una remuneración.

Estableció contacto con varios países y fue Paraguay, a través de Paraguay Educa, el que demostró mayor interés en su aporte y también el que le pareció más interesante por el momento de implementación en que se encuentra el proyecto.

“Por el momento soy voluntario. Yo pagué mi viaje, y vivo en la casa de Teo (Teófilo Urbieta, miembro de Paraguay Educa). Lo hago porque me parece interesante, me gusta viajar. Pero además creo que este es un proyecto muy interesante. Me gusta ayudar a los chicos de las escuelas y creo que hay varias maneras en las que puedo involucrarme. Para mí, personalmente, el beneficio es tener la experiencia de trabajar en condiciones muy diferentes, difíciles, que me hacen más fuerte, y es a la vez una gran forma de aprender acerca de otras culturas, otros idiomas, y es genial sentir que estás ayudando a hacer la diferencia, con un proyecto mundial tan importante”, comenta.

Actualmente, Daniel está trabajando en asuntos técnicos, como el sistema antirrobo de las laptops. Y cuenta que ya visitó nueve de las diez escuelas de Caacupé donde se implementará el proyecto y que a medida que camina los chicos lo rodean y los escucha murmurar ‘Xo, Xo’, que es como se llaman las laptops del proyecto.

Cuando le preguntamos qué le dijeron sus familiares y amigos cuando anunció primero que se iba a Etiopía y al regresar que venía a Paraguay, se ríe. “Creo que algunos de mis amigos piensan que estoy loco. Yo traté de sorprenderlos diciéndoles ‘me voy a Etiopía’ y ellos me miraron con una cara de: ¡Qué! No muchos de mis amigos han tenido experiencias en países en vías de desarrollo, y yo tampoco lo había hecho antes. Realmente no sabía qué esperar. Pero mis amigos me apoyan y ¿sabés? muchos ahora tienen trabajos de tiempo completo, una casa, y cosas así, pero en cierto sentido admiran lo que estoy haciendo, moviéndome, sin quedarme quieto en un solo lugar”, continúa.

Pero más allá de su aventura personal, Daniel está convencido de que está trabajando en un proyecto de importancia clave, que puede cambiar la realidad de millones de personas en todo el mundo.


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Ultima actualizacion:
05/04/2009 00:00:00