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PINDO KARAI ÑANDERUPYTYPA

El Domingo de Ramos es una fiesta popular

La venta de los ramos trenzados de pindo en las calles es un preludio de esta fiesta religiosa del pueblo católico. Masivamente, los fieles agitan los ramos en la procesión que acompaña la entrada de Jesús en Jerusalén. La gente vuelve a casa con su ramo, sus flores y reliquias bendecidas, llevando un signo palpable, casi un regalo, que expresa la bendición recibida de Dios. ¿Por qué tanta gente asiste a la bendición de Ramos en los templos y capillas al inicio de la Semana Santa? ¿Existe una razón por la que algunas fiestas religiosas tienen mayor convocatoria popular que otras?


PINDO KARAI

El pindo está presente en los mitos de creación del mundo de la religiosidad aborigen, en los mitos de creación del mundo el Dios guaraní crea la primera tierra y la apoya sobre palmeras de pindo. Esta alta y fina palmera vinculada culturalmente al ámbito de la obra primigenia de Dios apunta al cielo emergiendo entre los árboles de la selva, con sus hojas suaves y sin espinas, a diferencia de otras palmeras, se deja manipular fácilmente para trenzar las más variadas “reliquias”. Es, pues, la más adecuada para expresar el fervor religioso y festivo de los que saludan a Jesús en su manifestación como Mesías humilde que viene en son de paz, entrando en la ciudad santa.

El relato bíblico nos cuenta que la gente tomó ramas de palmera para salir a su encuentro gritando “¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor! ¡Bendito sea el Rey de Israel!”, se juntó una multitud que aclamaba a Jesús entrando en Jerusalén como enviado de Dios, humilde y despretencioso, montado sobre un burrito (Juan 12, 12-14). Esta algarabía popular llena de fervor religioso fue censurada como inadecuada e impropia por los fariseos (Lucas 19, 39), quienes se aferraban radicalmente al cumplimiento de las leyes religiosas.

LA RELIGIOSIDAD DEL PUEBLO

En nuestro tiempo, como en el de Jesús, existen las expresiones oficiales del culto religioso, con normas que establecen las exigencias, el orden y la forma de las ceremonias religiosas. Existe también la llamada religiosidad popular, los gestos, palabras, ritos y ceremonias a través de las cuales el pueblo sencillo expresa su vivencia religiosa, celebra haciendo memoria de aquello que cree y lo trasmite de una generación a otra, con expresiones que tienen el lenguaje propio de la gente del pueblo, simple a la vez que cargado de expresiones que tocan los sentidos y la emotividad.

Estas expresiones “no oficiales”, en el sentido de que no hacen parte de la liturgia formalmente establecida, son sin embargo legítimas expresiones religiosas, que el mismo pueblo administra como su manera de vivir la fe. Así lo reconocen los obispos católicos cuando dicen: “Conocemos, en nuestra cultura latinoamericana y caribeña, el papel tan noble y orientador que ha jugado la religiosidad popular, especialmente la devoción mariana, que ha contribuido a hacernos más conscientes de nuestra común condición de hijos de Dios y de nuestra común dignidad ante sus ojos, no obstante las diferencias sociales, étnicas o de cualquier otro tipo” (Documento de Aparecida n. 37).

ÑANDERUPYTYPA

Existen fiestas religiosas de la liturgia católica con gran convocatoria popular, en las que se da una confluencia entre la celebración oficial y la religiosidad popular. Una de ellas, en el inicio de la Cuaresma, es el Miércoles de Ceniza, otras fiestas litúrgicas significativas y de gran convocatoria en la tradición popular para este tiempo son el Domingo de Ramos y el Viernes Santo.

Una razón de esta convocatoria podría ser el hecho de que estas celebraciones dan a la gente la oportunidad de recibir un signo palpable de bendición y de gracia que no exige ninguna condición previa. “Polka ha lókro ñanderupytypa”, enseña el refrán popular. El miércoles de ceniza todos pueden acercarse sin exigencias formales a recibir la ceniza en la frente, igualmente el Domingo de Ramos todos traen su ramo de pindo o sus hojas de ruda y romero, no se exige nada ni se pregunta sobre su preparación a los que se acercan a besar y tocar la imagen del Cristo yacente en el tupaitû del Viernes Santo. Todos se pueden acercar libremente, participar sin condiciones, recibir y llevar un signo sensible de la gracia de Dios.

Esta experiencia de inclusión y gratuidad es muy propia de la religiosidad popular, que ofrece participación a todos los que lo deseen sin mayores condiciones o exigencias.

PRIMERO LA GRACIA

La religiosidad popular subraya la gratuidad de la experiencia religiosa, como un elemento fundamental del encuentro con el Dios de Jesús. Un Dios compasivo, que reconoce a todos como sus hijos, que es Padre antes que fiscal, y Pastor antes que juez, un Padre inclusivo, que tiene un corazón de madre, que hace salir su sol sobre buenos y malos, que manda la lluvia sobre justos y pecadores.

Según este modo de entender, la gracia del amor que se recibe de Dios está antes que el compromiso con las exigencias religiosas formales, no es que estén opuestos el amor y el compromiso, sino sencillamente que el segundo surge como una respuesta a Dios que nos ama primero (1 Juan 4,10).

Esto es importante para el servicio pastoral de la Iglesia que en la formación cristiana de los fieles debe acompañar con “una catequesis apropiada la fe ya presente en la religiosidad popular... aprovechando pedagógicamente el potencial educativo que encierra la piedad popular” (Aparecida 300).

INTEGRAR SIN “PRIVATIZAR”

En el seno de las comunidades populares se trasmiten funciones religiosas que no están controladas por la estructura formal eclesiástica, así por ejemplo los rezadores o ñembo’e ýva, los grupos de estacioneros en Semana Santa, los encargados de oratorios, y otras funciones del ámbito religioso, que hacen parte de la tradición viva de la Iglesia encarnada en las tramas de las relaciones sociales populares. Estas funciones normalmente no están reguladas por normas escritas, ni en su ejercicio ni en el modo en que se asignan, sino por la memoria viva de la tradición familiar, barrial y de regiones que tienen sus características propias.

Antes de absorber estas expresiones para establecer reglas de organización y de control, para los pastores de la Iglesia, el desafío ante estas manifestaciones del catolicismo popular es encontrar la forma de promoverlas y protegerlas, integrándolas, dándoles un lugar en el caminar de la comunidad de la iglesia parroquial o diocesana, “se necesita cuidar el tesoro de la religiosidad popular de nuestros pueblos, para que resplandezca cada vez más en ella ‘la perla preciosa’ que es Jesucristo, y sea siempre nuevamente evangelizada en la fe de la Iglesia y por su vida sacramental” (Aparecida 549).
Hacia un mutuo enriquecimiento

Esta valoración y acercamiento a las expresiones religiosas populares, que el Papa Benedicto XVI llamó “el precioso tesoro de la Iglesia católica en América Latina”, es un camino de crecimiento para el pueblo sencillo que, desde su fe popular, está llamado a redescubrir y profundizar en el conocimiento de Jesucristo y a participar activamente en la vida de la Iglesia, avivando su sentido de pertenencia; al mismo tiempo es una oportunidad de enriquecimiento para la misma vida de la Iglesia al incorporar en su seno las vivencias y expresiones del pueblo, su lenguaje y sentimiento, que vienen de profundas raíces y están llenas de colorido, vitalidad y dinamismo.

KURUSUPEGUA

Como yo soy fiel cristiano
kurusúgui añepyrû
porque upéva ñane irû
péva es el hortelano
en el jardín soberano
ñane ágã irû marangatu.

Oipotáko jahayhu
porque upéva ñane defende,
yvápe jepe jaike
por la señal de la cruz.

En la pila del bautismo
upépe ñanohê ypy
kurusu bendita y adorable
en que murió el redentor.

Por vuestra dichosa muerte
alcánzanos el perdón;
quince pie ijyvate
y nueve el atravesaño,
upéva ogueru cada año
de los primeros la cruz.

Omoî una soga ijajúri
que llevó en la encrucijada,
una corona ñuatîgui
enterove oikepa;
omopê aquella cadena
Lucifer rembiapokue
che tenta jeýramo ke
no quiero que a mí me venza;
Ñandejára ñane pytyvõne
ñañeha’ã ñamonguerái
ñane tentáva hikuái
mundo, demonio y carne.

Canto popular de Semana Santa
del cancionero “Yvága rape”.

Pa’i Alberto Luna
albertoluna@tigo.com.py


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Ultima actualizacion:
05/04/2009 00:00:00