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Malísima prensa paraguaya

Ya casi había olvidado hacer un comentario al comentario del presidente ecuatoriano Rafael Correa que mencionó lo mala que es la prensa paraguaya. La semana que pasó hubo un encuentro sobre periodismo donde el sociólogo Tomás Palau nos volvió a recordar que “no existe peor periodismo en Latinoamérica que el paraguayo”.


Después de este análisis no pude menos que darle la razón. Fue tan “mala” la prensa de radio Ñandutí que Alfredo Stroessner cerró la radio para no tener que padecerla diariamente cuando le metían el dedo en la llaga y encima Humberto le daba el micrófono a cuanto enemigo tenía el dictador.

De tan “mala” que era la prensa del diario ABC Color, Stroessner se vio también obligado a clausurarlo una mañana de marzo del ‘84. Alcibiades González Delvalle, Jesús Ruiz Nestosa, Pepa Kostianovsky, Edwin Brítez, Héctor Rodríguez, José Luis De Tone y varios otros colegas eran tan “malos” que, en un acto sublime de bondad hacia él mismo, Stroessner con el “dolor” de su alma cerró de golpe y porrazo el “pasquín opositor de la calle Yegros”.

Malísima fue la prensa del semanario “El Pueblo” donde Tito Saucedo y un grupo de políticos hacían de las suyas o “Sendero” donde Ilde Silvero desafiaba en cada salida a las calles al comisario Cantero, que esperaba en los portones. Qué malos fueron monseñor Mario Melanio Medina y su revista “Nuestro Tiempo” que cobijó a los desheredados de ABC. Ya ni quiero acordarme del revoltoso “Acción”, de los jesuitas, o la revista deportiva con goles revolucionarios que la muchachada inventó para sostener los bolsillos de periodistas que quedaron en la calle

Ya en la democracia, ¡qué mala ha sido la prensa paraguaya! Impidió que se llevaran 16 millones de dólares del país al destapar uno de los más grandes negociados que pudieron haber craneado en nuestra bendita tierra. Los “malos” de la prensa paraguaya han revuelto cuanto tráfico de influencias, autos, madera, armas y drogas existe en el país. Han impedido sobrefacturaciones escandalosas de tierras, medicamentos, comida, kits de parto, leche para desnutridos y megahospitales.

La malísima prensa paraguaya ha destapado contratos monumentales de la patria contratista y ha logrado frenar pagos multimillonarios de croquetas de oro, honorarios escandalosos de abogados, pagos monumentales a escribanos. Negociados de bancos, corruptela de políticos y funcionarios públicos. ¡Qué mala sería la prensa paraguaya que ha escrito también incómodas verdades en momentos claves de nuestra historia!

Un capítulo aparte merecen campañas que la malísima prensa paraguaya ha desatado en contra de otros países que han intentado someter al nuestro. Somos muy “mala gente” con los argentinos y brasileños que nos quieren vender espejitos en Itaipú y Yacyretá. Somos insolentes con autoridades de vecinos países que se quieren pasar de vivos y ni qué decir con los del otro lado del océano que nos quieren cobrar las cuentas del avivado de Gramont Berres.

Es difícil pensar que haya en toda Latinoamérica una prensa más mala que la nuestra, donde los periodistas siguen acompañando a su pueblo, haciendo y formando parte de cambios. Periodistas que con sueldos a veces miserables y ausencia de entrenamiento profesional suplieron con coraje, honestidad y astucia sus propias carencias, plantándose miles de veces hasta frente a los dueños de sus propios medios.

Es tan pero tan mala esta prensa que sus periodistas hablan mal de ellos mismos, señalándose con dedos acusadores por haber recibido publicidad estatal a cambio de silencios o palabras. Por eso hoy día, cuando periodistas paraguayos son convocados al extranjero para dar charlas, participar de paneles, dar clases en universidades norteamericanas o participar de seminarios mundiales, no puedo menos que pensar: ¡qué mala será también la prensa extranjera que encuentra buenos ejemplos en la “mala” prensa paraguaya!

mabel@abc.com.py


Mabel Rehnfeldt

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05/04/2009 00:00:00