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El cambio en Estados Unidos

Por unos días estuvieron en Cuba, a título personal, siete congresistas estadounidenses demócratas. Conversaron por cuatro horas y media con Raúl Castro. La líder del grupo, Barbara Lee, dijo que comunicarán al presidente Barack Obama su percepción de que ha llegado “el momento de hablar con Cuba”. Se espera que Obama libere las trabas que impiden a los cubanoestadounidenses viajar y enviar remesas a la Isla.


El gobierno cubano informó que se reiteró a los congresistas “lo que ya había expuesto de forma clara y diáfana: su disposición a dialogar sobre cualquier tema, teniendo como únicas premisas la igualdad soberana de los Estados y el absoluto respeto a la independencia nacional”. Se abordó también “en un amplio intercambio de criterio la futura posible evolución de las relaciones bilaterales y los vínculos económicos”.

De regreso a casa, la portavoz de los viajeros dejó rodar estas expresiones: “Es hora de levantar el embargo estadounidense a Cuba. En medio siglo no ha tenido el resultado que los distintos gobiernos de este país esperaban”.

En efecto, el embargo solo ha conseguido mantener en el padecimiento económico a millones de personas. En el afán de castigar un modelo político, se castiga a la población a vivir en el subdesarrollo.

Tiene razón la congresista Barbara Lee. Ya ha llegado el momento de que Estados Unidos hable con Cuba. Seguramente no será inmediato el levantamiento del embargo, pero es bueno abrigar la esperanza de que la situación evolucionará a favor de un pueblo que merece sobradamente una vida mejor. De momento, es notorio el cambio de Estados Unidos en su percepción del mundo y de sí mismo.

Hace un par de semanas, el presidente de la Comisión de Asuntos Judiciales del Senado, el demócrata Patrick Leahy, dijo que “no se puede pasar página sin haberla leído”. Se refería a las nuevas y terribles pruebas sobre abusos cometidos en el Gobierno de George Bush. El senador Leahy, apoyado por otros colegas, tiene la intención de instalar una comisión similar a las muy conocidas en Latinoamérica después de las dictaduras. Es la de Verdad y Justicia, o nombre parecido, que tiene la misión de sacar a la superficie los horrores de la arbitrariedad, de la ideología extremista, del autoritarismo sin control ni humanidad.

Tras los atentados terroristas en Nueva York y Washington en 2001, se cometieron muchos excesos en nombre de la seguridad nacional. Algunos de ellos: interrogatorios bajo tortura, los padecimientos de los presos en Guantánamo, derechos esenciales suspendidos, cárceles secretas. A propósito, el miércoles se dio a conocer la decisión de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA) de cerrar las prisiones secretas y abandonar las prácticas de interrogatorio ordenadas por Bush, según las cuales se echaban mano a procedimientos que eran propios de las dictaduras militares.

Sin embargo, mientras la CIA atropellaba sin misericordia los derechos humanos en distintas partes del mundo, el Departamento de Estado, en su informe anual, denunciaba esos mismos hechos pero cometidos por otros gobiernos.

Los Estados Unidos, que exigen a otros países el cumplimiento estricto de los derechos humanos, tienen ahora la ocasión de probar que son honestas sus preocupaciones. No deben dejar que se entierren las fechorías de Bush, cuya herencia no es solo el desastre mundial de la economía, sino unas cárceles clandestinas donde se torturaba en nombre de la civilización occidental y cristiana.

Por de pronto, tales cárceles están llamadas a desaparecer. El otro gran avance hacia la paz mundial sería, como lo quiere el Gobierno cubano, “la igualdad soberana de los Estados y el absoluto respeto a la independencia nacional”.

alcibiades@abc.com.py


Alcibiades González Delvalle

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12/04/2009 00:00:00