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FILOSOFÍA

El pensamiento de Heráclito

“Ojalá la riqueza no os abandone, efesios, para que con ella podáis algún día comprender vuestra maldad”; con estas palabras replicaba Heráclito a las críticas que le espetaban sus conciudadanos. Hace 26 siglos, Éfeso era una ciudad que vivía en la opulencia. El filósofo les advertía que sus vidas aparentemente tan dichosas no durarían para siempre.


Para muchos, Heráclito era un aguafiestas, una especie de llorón congénito que hablaba un lenguaje inextricable, por lo cual lo llamaban “el oscuro”. Jamás lo entenderían, porque se expresaba siempre con aforismos.

Pero ¿qué es lo que hace que el pensamiento de Heráclito perdure después de más de 2.500 años? Pues el haber puesto el ser de las cosas en el no ser. Sí, en el no-ser, en el devenir, en la eterna lucha de los contrarios.

En la cosmovisión heracliteana solo existe el movimiento eterno, aunque sin punto sensible de referencia. Como la mayoría de los pensadores de su época, él era materialista, pero politeísta creyente, cosa que ahora se nos hace una contradicción. Se podrá ver después cómo en Elea, aparece un pensador, Parménides, que niega todo lo que Heráclito afirma; niega el movimiento, pero también sin ningún punto de referencia sensible; es justamente aquí en donde ambos, sin proponérselo, coinciden.

EL FUEGO

Heráclito se peleó con todos, después de criticarlo todo. Una referencia comentada por Diógenes señala que cuando los efesios le pidieron hacerse cargo de estructurar sus leyes, se burló de ellos y prefirió ir a jugar con los niños en el templo de Artemisa.

La médula de su concepción cosmológica está expresada por el “pólemos”, la lucha de los contrarios, cuya manifestación se da en el fuego. Esta lucha no es como aquella que en el maniqueísmo entablan Ormuz y Ariman, por el bien y el mal. En Heráclito el fuego es un torrente en donde solo hay un bien establecido por los dioses. El bien o el mal, la verdad o la falsedad, se dan por la ineptitud del género humano.

Siempre expresándose con aforismos, ejemplo que seguirían después otros filósofos, aunque en menor medida, Heráclito señala que no nos bañamos dos veces en el mismo río. Apunta que imperceptible, pero inexorablemente, el río cambia constantemente sus aguas y su cauce, y quien allí se baña también ha cambiado cuando vuelve a bañarse, y esto solo se nota con los años.

Así, si tu madre te ha llevado al río a bañarte cuando tenías un año y vuelves al río cuando eres un hombre, posteriormente cuando ya seas un anciano, habrás de comprender esta afirmación.


LA DIALÉCTICA

Lo que hace muy relevante la filosofía de Heráclito es el haber introducido en su historia, el germen de la dialéctica. En su sistema no hay, sin embargo, un eterno retorno; ni siquiera “en espiral y en planos superiores”, como se daría siglos después en el sistema de Hegel. El de Heráclito es un movimiento lineal hacia la eternidad. Mas en donde aparece la cuestión dialéctica es en el cambio, un cambio constante y también eterno.

Es aquí en donde aparece otra nota que en esta época puede parecernos contradictoria. El hombre que describió el ser de las cosas como un devenir, un fluir del ser de las cosas esencialmente materiales, por eso mismo consisten en no ser, de modo que de un sistema materialista que aparenta funcionar como una máquina perfecta, surge una chispa metafísica que no puede escapar.

De la filosofía que es ciencia general, vayamos a la física, que es ciencia particular, una de sus hijas dilectas: cuando a principios del siglo XX Nicola Tesla inventó el primer alternador, lo que hizo fue capturar una chispa de la pila de corriente continua, creando el sistema que se usa hoy universalmente para iluminar el mundo.


Lic. Miguel Meaurio Coronel

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17/04/2009 00:00:00