El ministro de Agricultura y dirigente del PLRA, Cándido Vera Bejarano, que accedió a dicho cargo designado por Fernando Lugo al mismo tiempo que este asumía como presidente, al parecer va a ser apartado de dichas funciones y anuncia el previsto giro hacia la izquierda radical del actual gobierno. Dijo que esto ocurre “por no arrodillarme ante el socialismo del siglo XXI”. Más adelante, afirmó a una radioemisora que “el comunismo ya se instaló en el Paraguay”. Veremos qué separaciones y reemplazos se producen en los próximos días, pues esos cambios darán más indicadores. Por de pronto, la línea chavista está ganando varias partidas en el seno del Gobierno.
El ministro de Agricultura y Ganadería y dirigente del Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA), Cándido Vera Bejarano, que accedió a dicho cargo designado por Fernando Lugo al mismo tiempo que este asumía la jefatura del Poder Ejecutivo, en agosto de 2008, al parecer va a ser apartado de dichas funciones y anuncia el previsto giro hacia la izquierda radical del actual gobierno.
Vera Bejarano va a ser forzado a renunciar y explica que esto ocurre “por no arrodillarme ante el socialismo del siglo XXI”. Luego, respondiendo a una pregunta formulada en una entrevista de la radioemisora capitalina “Primero de Marzo”, manifestó que “el comunismo ya se instaló en el Paraguay”, lamentando al mismo tiempo que un sector de la dirigencia de su partido que ocupa cargos en el Gobierno esté “entregado” a dicha línea ideológica de izquierda radical.
Este episodio viene a agregar una evidencia más al conjunto de indicadores que desde un comienzo este diario venía anunciando que iría a ocurrir: el gradual pero seguro y firme desplazamiento de los liberales y otros políticos renuentes a la izquierdización del régimen de Lugo, y su reemplazo por elementos con la misma línea ideológica presidencial afín a la de Fidel Castro y Hugo Chávez.
Decíamos en nuestro editorial del pasado día 30 de setiembre de 2008: “En la revolución cubana contra Batista participaron muchos sectores políticos, pero, luego del triunfo, el castrismo borró del mapa a sus compañeros de lucha, se hizo dueño exclusivo de los símbolos revolucionarios y se quedó con el poder omnímodo. HASTA AHORA, ¡50 AÑOS! En Nicaragua, la dictadura de Somoza fue derrocada por una revolución en la que participaron izquierdistas y liberales, pero muy rápidamente los primeros sacaron de la cancha a los segundos, y el sandinismo también se hizo único propietario de la manija gubernamental. Hugo Chávez ganó sus elecciones con una alianza de partidos, pero ahora ha formado el de su propiedad particular e intimó a sus antiguos aliados a disolver sus organizaciones y afiliarse a la suya, o darse por despedidos del gobierno y pasar a ser considerados adversarios, con las consecuencias imaginables”.
Agregábamos: “¿Es acaso un desvarío suponer que la metodología de este pequeño pero hoy afortunado grupo izquierdista que rodea a Fernando Lugo vaya a ser diferente, y que antes de mucho tiempo el Partido Liberal se vaya a la cuneta? Sería demasiada ingenuidad creer que tal cosa no podría suceder. En estos casos es preferible arriesgarse a ser mal pensados que estúpidamente candorosos”.
Y concluíamos que “sería muy grave para el futuro de la democracia paraguaya que se permita que algunos personajes, encumbrados por circunstancias cuasi fortuitas, estén desarrollando subrepticiamente proyectos de siniestra naturaleza, destinados a dar un golpe mortal al pluralismo ideológico y a la vigencia de las libertades individuales tal como las disfrutamos actualmente”.
Transcurrieron apenas cinco meses y unas semanas más de aquel momento, y ya se produce el apartamiento del liberal ministro de Agricultura y Ganadería a raíz de un enfrentamiento de posiciones de Vera Bejarano con elementos de izquierda chavista cercanos a Lugo. Se trata del publicitado caso de los ocho millones de dólares con que, con el disimulado nombre de “subvención estatal a la agricultura”, se intentó beneficiar a una oscura organización no gubernamental vinculada con el no menos siniestro dirigente campesino Elvio Benítez, en este momento cercano al régimen de Lugo, como ayer lo estaba en relación al de Duarte Frutos. Son hechos y evidencias que se van sumando para aumentar el temor expresado en el texto trascrito más arriba.
En el gobierno actual, como se sabe, coexisten personas de diversos partidos, movimientos internos, tendencias ideológicas y posiciones coyunturales que no coinciden, y que si no generan más conflictos es porque la argamasa del poder los mantiene unidos aun en contra de su gusto. ¿Cuánto durará la cohesión basada en un cimiento tan movedizo? Nadie podría predecirlo en este momento.
Pero cada acontecimiento como el que sucede con el ministro Vera Bejarano muestra que las personas que en el corto lapso de duración del mandato de Lugo están a punto de ser radiadas y reemplazadas pertenecen a líneas ideológicas que no son afines con el chavismo. Al mismo tiempo, se encumbran los simpatizantes del energúmeno gorila venezolano.
En efecto, la eliminación de Vera Bejarano supondrá más que la simple remoción de un obstáculo político: implicará que los que impulsaron este movimiento de piezas, de los que el secretario López Perito parece ser cabeza visible, quieren manejar discrecionalmente los fondos “sociales” del Estado. Se habla de millones de dólares de los cuales no hay que rendir cuentas porque provienen de las empresas binacionales que, como se sabe, no son fiscalizadas por nadie. Es fácil imaginar lo que en este país de campesinos empobrecidos ex profeso se podría armar con esos millones, más los que Hugo Chávez enviaría. Cuanto menos, suponemos, podrán armar fácilmente un nuevo partido político de izquierda radical y llenarlo de clientela campesina prebendarizada. Después vendrá el “clamor popular” para cambiar la Constitución e implantar la reelección, y todo lo demás que ya vemos suceder, calcado, en Venezuela, Bolivia y Ecuador.
Veremos qué otras separaciones y reemplazos se producen en los próximos días, pues esos cambios darán más indicadores. Por de pronto, como afirmamos, la línea chavista está ganando varias partidas en el seno del gobierno; prueba elocuente de ello es que algunos políticos ya están “descubriendo” que el partido al que estaban afiliados desde hace años no era lo suficientemente “revolucionario” como ellos suponían, y renuncian para sumarse a la línea luguista.
Lo que verdaderamente va a ser trágico, si finalmente ocurre, es que la voluntad mayoritaria del electorado paraguayo, al que Lugo le prometió tener un gobierno pluralista, integrador y por completo diferente del viejo y enfermo sectarismo colorado, se vea frustrada por un golpe traicionero de una minoría marxista radicalizada, antidemocrática y teledirigida o financiada desde el extranjero.
Es preciso estar alertas vigilando que se mantenga la salud de esta democracia que hace 20 años tanto esfuerzo y vidas costó instalar en nuestro país.
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