Hoy conocemos a la artista plástica Paz Sanabria Pecci (25), quien con “Obsesiones” –su primera exposición individual– irrumpe en nuestro medio con un tinte cautivante. Una serie original de búhos y palomas nos invita a compartir el creativo vuelo de la autora.

A la hora fijada, Paz estuvo presente y bien dispuesta para la nota. Lógicamente, como hija de arquitectos (Carlos y Eva), a Pacita niña nunca le faltó lápiz y papel para dibujar. “Cuando mi mamá tenía que trabajar, me sentaba a su lado con una caja de lápices de colores, y ‘se olvidaba’ de mí. Hoy el dibujo es simplemente mi esencia”, asegura, ya crecida, la creadora de “Obsesiones” (muestra pictórica de búhos y palomas). Paz terminó la licenciatura en Artes Visuales en el ISA, también estudió con Félix Toranzos, a quien considera su maestro, amigo e impulsor. Pero su primer inspirador fue el artista Enrique Careaga. “Venía siempre a mi casa, yo tenía 5 ó 6 años cuando le decía que quería ser como él”, recuerda con una sonrisa de nostalgia.
–¿Tus cuadros entran dentro de lo decorativo?
–Yo diría que son expresionistas, realistas, pero no decorativos. Aunque los vendo –con un dolor en el alma–, no son comerciales. Como ves, no son un jarrón de flores, ni un paisaje para colocar en el comedor; son búhos en distintas facetas: volando, cazando, mirando. Hice énfasis en la mirada.
–¿Cómo nace tu tema?
–Por una imagen que vi y que a muchos causó repudio: un búho crucificado y con los ojos vendados. A mí me cautivó; no por la crueldad (amo a los animales), sino porque, aun así, nadie le quitaba lo hermoso.
–¿Qué significa para vos el búho?
–Acá en Paraguay se ve al búho como algo tétrico, pero para mí no es así. El que elegí habita en la nieve (Norte de EE. UU.), tiene 60 cm de alto y alas enormes. Nunca vi uno así, solo en fotos.
–¿A la gente le está gustando tu exposición?
–Sí. Muchos creyeron que quien pintó la colección era un hombre, un ‘freak’, alguien violento.
–Porque las mujeres pintan delfines, pájaros, también caballos y felinos. Dicen que es una manifestación inconsciente de la sensualidad, ¿lo creés?
–Puede ser, se pinta poniendo todo lo que uno es y siente. El sobrenombre de mi papá, casualmente, es “Ñakurutû”.
–¿Cuántos cuadros estás exponiendo y bajo qué técnica?
–Empecé esta serie en el 2004. Son 15 cuadros y estoy haciendo más. Mi característica es que yo pinto sobre la tela en crudo, aprovecho la textura, lo poroso, la trasparencia. Pinté casi todo con lápices de colores y usé una base de barniz encima. Parece óleo, pero no es. Me gusta ese efecto, engaña.
–¿Trabajaste exclusivamente con lápices?
–No, esta colección es un largo proceso de experimentación. También usé acrílicos, látex de pared, pigmentos que yo hice, en fin, lo que tenía a mano.
–¿Quedaste conforme con el resultado?
–Sí. Inclusive hay uno que no está terminado, pero la gente me dice: “¿dónde no está terminado?”.
Y hay un cuadro tan detallado, tan “vivo”, que creen que se hizo por computadora.
–¿Qué te gusta más dentro de las artes visuales?
–El grabado en piedra. Cuando estuve en La Habana trabajé sobre rocas calcáreas, pesadísimas; aquí no hay eso, solo litografía en madera o en metal.
–¿Tenés planes de viajar?
–Por ahora no, aunque lo pensé varias veces. Ahora, por suerte, se está abriendo más el mercado para los jóvenes, pero aquí todavía el arte es un mundo muy pequeño.
RECUERDOS DE LA HABANA

“Obsesiones” puede verse hasta el 29 de abril en la Alianza Francesa de Villa Morra.
Si algo marcó la vida artística y personal de Paz, fue su viaje a Cuba. A los 20 años ganó la beca “Artes de Paz para nuestra América” (apoyada por Puerto Rico), con otros 2 compatriotas. “Félix Toranzos me pasó el dato, yo solicité, pero no creí que ganaría. Cuando me enteré de que quedé seleccionada, lloré porque, la verdad, no quería ir. De Cuba sabía lo que oía, que había carencias”. No obstante, Paz viajó, y para ella significó aprender cómo un país con tantas necesidades es capaz de darle al arte un lugar primordial en la cultura. “La beca duraba 2 años, pero solo me quedé unos meses, quería terminar ese año mi carrera, y allá no me reconocían los estudios. Eso me indignó un poco, parece que hacen de menos a tu país”. Sin embargo, puesto todo en la balanza, para Paz, “los cubanos son muy buena gente, extremadamente creativos; allá no existe el ‘no se puede, no tenemos’; si les falta algo, lo inventan. Estudié en la Academia de Artes Plásticas ‘San Alejandro’; ahí había un almacén (dentro de la escuela) donde me proveía de todo lo que necesitaba, sin pagar un centavo”. Académicamente, lo que más aprovechó la joven artista fueron las magistrales clases de grabado. “Y después, el resto del tiempo, me dediqué a recorrer La Habana, que tiene una arquitectura maravillosa. Y si hablamos de espectáculos, no creés lo que hay: música, teatro y danza de nivel europeo, pero a precios irrisorios”.
Lourdes Peralta
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