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RETORNO EN SILLA DE RUEDAS, CON MAL DE PARKINSON Y TRASTORNOS NEUROLOGICOS

Enfermo y achacoso, volvió el otrora temible ministro del Interior stronista

A los 86 años, con mal de Parkinson y trastornos neurológicos y pulmonares, retornó sigilosamente ayer de madrugada al país el otrora temible ministro del Interior de Stroessner, Sabino Augusto Montanaro. En los últimos 20 años vivió asilado en Tegucigalpa, Honduras, adonde huyó en marzo del 89. Del aeropuerto fue derivado al Sanatorio Adventista, donde las víctimas reclamaron que sea remitido a Tacumbú.


Sabino Augusto Montanaro (30-VII-22) volvió ayer del exilio después de 20 años.

Montanaro llegó a las 03:30, en la oscuridad de la madrugada, tal como se fue del país en marzo de 1989, luego de la caída del dictador Alfredo Stroessner. Lo acompañó un hijo de 47 años, que tiene su mismo nombre. Nada quedó de aquella figura prepotente, soberbia y temible que tenía el poder de apresar y condenar a muerte a los “enemigos de la paz”.

Volvió en una silla de ruedas, con su habitual sombrero Panamá, con tapaboca y sosteniendo fuertemente la mano que no paraba de temblar por el mal de Parkinson que lo aqueja.

El primer informe del médico que le atendió en el Sanatorio Adventista dio parte de su avanzado trastorno neurológico y el mal de Parkinson que sufre. Además, habría sido intervenido recientemente por lo que se moviliza en silla de ruedas.

Ironías del destino o no, volvió justo 27 años después de haber ordenado la expulsión de Augusto Roa Bastos, “por ser un bolchevique ultramoscovita”. Estos calificativos, como aquel de “desequilibrado mental” que adjudicó para expulsar del país al fundador del Partido Demócrata Cristiano (PDC), Luis Alfonso Resck, eran diversiones de Montanaro para demostrar todo el poder que tenía.

Cuando los organismos internacionales le exigieron una explicación sobre la expulsión de Roa Bastos, había declarado: “Vino acá y pretendió dar una conferencia en un colegio, en la universidad; entonces, antes de que venga a adoctrinar a la juventud para organizar guerrillas o para alzarse contra el gobierno, lo expulsamos del país”.

Hubo frases suyas, como aquella amenaza de “las bombas coloradas para defender al gobierno colorado del general Stroessner”, dicha en respuesta a una queja del embajador de EE.UU., Clyde Taylor.

Ni bien el país se despertó ayer con la noticia de su presencia, surgieron recuerdos de aquellas malditas épocas que sufrió la ciudadanía, del 54 al 89.

Montanaro sustituyó en el cargo de ministro del Interior, en 1966, a otro despiadado como lo fue Edgar L. Ynsfrán.

Para justificar sus atrocidades, usaba como herramientas legales aquellos artículos de la Constitución, el 79, del Estado de Sitio, y de la Ley 209, Defensa de la paz pública.

Subordinado incondicional del dictador Alfredo Stroessner desde 1966. Fue el brazo ejecutor de las atrocidades que se cometieron durante el régimen que terminó en 1989.

Con esos argumentos, promovió el cierre de los medios de comunicación que molestaban a la dictadura, como Radio Ñandutí y el diario ABC Color el 22 de marzo de 1984.

SUS COMPAÑEROS

En la tarea de la represión y persecución inmisericorde contra los opositores al régimen, vale citar algunos compañeros de Montanaro como Antonio Campos Alum, Felipe Nery Saldívar, Pastor Milciades Coronel (+), Alejandro Cáceres Almada (+), Alejandro Fretes Dávalos (+), Adán Godoy Giménez, Ezequiel González Alsina (+), Luis María Argaña (+), Mario Abdo Benítez, Camilo Almada Morel, Lucilo Benítez, Juan Martínez, Agustín Belotto, Alejandro Evreinoff, Eusebio Torres, Alberto Buenaventura Cantero, Ramón Duarte Vera, Raúl Riveros Taponier, Francisco Alcibíades Brítez Borges (+) entre tantos otros cuyos nombres quedarán en la memoria más negra de la historia del Paraguay.


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02/05/2009 00:00:00