abc Google  

Se debe reivindicar la carrera del funcionariado público

Una de las patas sobre las que se asentó la dominación monopólica que el Partido Colorado ejerció sobre este país por más de sesenta años fue corromper al funcionariado público. Lo sometió políticamente, lo envileció moralmente, lo aplastó anímicamente. Los primeros regímenes colorados eliminaron a los funcionarios que no fueran colorados o de familia colorada, operación que se completó en pocos años; simultáneamente, pasaron a exigir como documento fundamental la afiliación a la ANR. Este sistema convirtió al Partido Colorado en una organización prebendaria y clientelista gigantesca, que hacía vanagloriar a los stronistas de tener la mayor cantidad de afiliados del mundo. De este modo, la administración pública fue convertida en un paquidermo enorme, tambaleante, vicioso e ineficiente.


Una de las patas sobre las que se asentó la dominación monopólica que el Partido Colorado ejerció sobre este país por más de sesenta años fue corromper al funcionariado público. Lo sometió políticamente, lo envileció moralmente, lo aplastó anímicamente.

Los primeros regímenes colorados, como bien recordarán los que tienen edad y memoria suficientes, eliminaron a los funcionarios que no fueran colorados o de familia colorada, operación que se completó en pocos años; simultáneamente, pasaron a exigir como documento fundamental la afiliación a la ANR para cualquiera que pretendiera ingresar a la administración pública.

Hasta para ingresar a la milicia se exigía el “Certificado de Lealtad Partidaria”. La juventud sin trabajo se afiliaba nomás ya espontáneamente, sabiendo que era el primer e inevitable paso de su vida hacia la obtención de algún primer empleo, así mismo como lo hacían los aspirantes a salvar los exámenes de ingreso a la Universidad Nacional, del Colegio Militar o del Liceo Policial. Cuando los puestos se abarrotaron de aspirantes, los gobernantes agregaron otro requisito más: la recomendación partidaria.

A partir de entonces ya no era suficiente estar afiliado a la ANR; además había que estar recomendado por algún capo que tuviera “influencia”. Para ser docentes, oficinistas o contratados en cualquier modalidad, se requerían afiliación y recomendación. Para ocupar altos cargos o realizar grandes negocios con el Estado, se exigía, además de esas condiciones, asociar a la empresa a uno de los “poguasu” o darle participación en las utilidades.

Así se manejaron las oportunidades de enriquecimiento y fuentes de trabajo que crearon Itaipú y Yacyretá, el Instituto de Bienestar Rural, Acepar, la Flomeres, Petropar, ANDE, Corposana, Antelco, Conavi, IPS, las Intendencias de las FF.AA. y de la Policía, Digetren y decenas de tantas otras oficinas, puestos de aduana y entidades descentralizadas que triplicaron y cuadruplicaron el número de sus funcionarios para otorgar un sueldo –ya no se diga trabajo– a los que llegaban con la tarjeta personal de algún influyente jefe partidario o militar, cuando no del mismo Stroessner.

Este sistema convirtió al Partido Colorado en una organización prebendaria y clientelista gigantesca, que hacía vanagloriar a los stronistas de tener la mayor cantidad de afiliados del mundo. Y era cierto, pues, en proporción, ni el Partido Comunista de la URSS registraba tantos afiliados como la ANR. Aunque había una diferencia digna de notarse: para conseguir un trabajo en la URSS no se exigía la boleta de afiliación al PCUS; al contrario, este partido rechazaba diariamente miles de solicitudes de afiliación de aspirantes que consideraba indeseables, no confiables o insuficientemente comprometidos con la doctrina marxista leninista.

Aquí, por el contrario, los dirigentes de la ANR aceptaban a todos, sean quienes fueren, de cualquier edad, condición social, nivel de educación, con o sin prontuario policial. La cuestión era sumar números en las planillas, alimentar la propaganda y poder tener más amplio campo de manipulación de votos en las elecciones de fachada que se hacían puntualmente, para cumplir con la liturgia democrática y simular que algo se consultaba al electorado.

Por su parte, los funcionarios colorados, la mayoría de ellos “coloradizados” por la fuerza de la necesidad, se sentían y se sienten todavía parásitos sociales. Su autoestima nunca pudo fortalecerse y así permanece hasta ahora. Saben que el cargo no lo ganaron en una competencia y que su permanencia en él, su promoción o su destitución no son ni serán resultado de su capacidad y dedicación. Saben que son uno entre miles y que, detrás de ellos, hay otros miles que aguardan su turno.

De este modo, la administración pública fue convertida por el Partido Colorado en un paquidermo enorme, tambaleante, vicioso y, por supuesto, completamente ineficiente. Las oficinas estatales parecen hoteles para funcionarios indolentes, desmotivados, que ven una molestia diaria en el ciudadano al que deben servir. Hasta hoy día, el que está detrás de un mostrador o una ventanilla de un organismo oficial atiende a la gente de mala manera o se hace coimear para cumplir con su obligación; a los que debe su salario los ve como una molestia, como inoportunos que vienen a interrumpir su descanso y, entonces, les hace pagar de más por el atrevimiento.

No obstante, a sus dirigentes sindicales les gusta ser llamados “servidores públicos”, cuando en realidad no sirven a nadie más que a ellos mismos; ni siquiera contribuyen ya con el partido que les dio el puesto y que hoy está en la llanura, siendo rápidamente olvidado.

Puede que la puesta en marcha de una carrera de nivel terciario para empleados públicos, dirigida por formadores expertos y técnicos apartidarios, alejados de toda mala influencia, a mediano plazo nos dé la oportunidad de contar con una nueva clase de profesionales en las oficinas de servicios generales al país. Cuando los funcionarios sean egresados de una carrera especializada recuperarán la estima por sí mismos y por su trabajo, y entonces será finalmente una realidad la meritocracia en la administración pública.

Recién entonces la historia podrá registrar que el viejo armatoste corrupto montado por el coloradismo en nuestro país desde hace sesenta años fue finalmente desarticulado, para que nunca más sirva de modelo a ningún régimen político futuro que se vea tentado a esclavizar a la gente aprovechándose de sus necesidades económicas.


Estadísticas

 

Visitas

Páginas

Hoy

123.631

1.612.388

Ayer

71.085

938.603

Ultima actualizacion:
05/05/2009 00:00:00