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FILOSOFÍA DE LAS CIENCIAS

La Evolución

En los tiempos que corren, no se puede hablar de filosofía sin apelar al conocimiento que nos proporcionan sus hijas, las ciencias. Hacerlo sería entablar un simple diálogo con la intuición. Menos aún se puede indagar sobre el sentido de la vida sin recurrir a los datos que nos suministran directamente tanto la biología como la física teórica.


Fueron justamente las ciencias las que bajaron al hombre de su pedestal presuntuoso. Hoy en día, ya queda poco crédito para quienes sostienen que somos los reyes de la Creación. A este fenómeno se le llama Evolución, así, con mayúscula.

Aunque parezca mentira, en los Estados Unidos de Norteamérica, aún existen universidades que defienden el creacionismo, rechazando de plano el evolucionismo, que ya no es una teoría, sino un hecho, tal como coinciden en afirmar científicos españoles en una publicación de la Biblioteca de Autores Cristianos y la Universidad Pontificia, en 1966.

Pocos saben que ya en 1957, el Vaticano aceptó la teoría del big bang, como punto de partida para interpretar el origen del universo.


ADAPTACIÓN Y SUPERVIVENCIA

Desde la Antigüedad, los presocráticos fueron los primeros en mantener la idea de que existía un ciclo evolutivo que todo lo diseñaba y transformaba en forma continua y permanente.

Ciencias especiales, como la paleontología forense, plantean modernamente no solamente la evolución de las especies hasta llegar al hombre, sino la evolución del arte, de la religión y todas las ramas del saber, haciendo que toda forma de nihilismo se mantenga a distancia.

Modernamente, el evolucionismo se inicia con Lamarck, quien sostuvo que existe una progresión gradual de organismos simples que se van haciendo cada vez más complejos. Añadió que los organismos van cambiando gradualmente en un proceso de adaptación al ambiente que se van transmitiendo por herencia.

Posteriormente, Charles Darwin agrega que la lucha de los organismos por la supervivencia da por resultado el éxito de los más aptos. Más tarde, Gregor Mendel descubre las leyes de la herencia. Los primeros evolucionistas entraron en un fenomenal conflicto con los creacionistas en su tiempo.


DEL PASADO AL FUTURO

Es sorprendente saber cómo algunos biólogos modernos brillantes, como lo fue el mismo Linneo, no fueron capaces de ver el fenómeno evidente, aunque complejísimo, de la evolución. Desde la época de Platón, el llamado fijismo tuvo muchos seguidores que sostenían que tanto el cuerpo como el alma no podían ni debían cambiar. El mismo Aristóteles, un cientificista, al hablar de materia y forma, mantuvo un fijismo.

No obstante, en la actualidad, si bien existen todavía creacionistas, ya no hay teorizadores fijistas, dado que la evolución es hoy consustancial, no ya con la vida, sino con la materia misma. Todo cuanto esta inscrito en la coordenada temporal es historia, y toda historia es cambio.

La evolución es una función inherente a la vida, tal como lo es la respiración o la reproducción. Otra cosa será tener un conocimiento íntimo de los mecanismos evolutivos. Quien desee adentrarse en ello deberá vérselas con intrincadas fórmulas matemáticas.

En el mundo de hoy, los paleontólogos indagan el pasado de las especies, en los fósiles, mudos testigos de la noche de los tiempos, que en definitiva no son tan mudos, que nos revelan historias extraordinarias de lo que fuimos y podemos llegar a ser.


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15/05/2009 00:00:00