En sicología, la autoestima es la opinión emocional profunda que las personas tienen de sí mismas, y que sobrepasa en sus causas la racionalización y la lógica de dicho individuo. También se puede expresar como el amor que tenemos hacia nosotros mismos. El Lic. Mario Torres, sicoanalista, nos habla del tema.

–¿Qué es la autoestima?
–Es el amor, la estima, el aprecio que la persona se tiene a sí misma. En la medida que encuentre sentido a la vida es señal que el aprecio a uno y hacia los demás son adecuados. Esta capacidad se aprende en la relación humana cotidiana; cuyas raíces se consolidan de manera significativa en los primeros años, primordialmente por el vínculo afectivo proveniente del

Lic. Mario Torres
ambiente, y especialmente de la madre quien representa a la cultura. La madre (medio ambiente) ama al bebé, suministra afectos al niño, y este da cuenta de la relación a través del gesto espontáneo de ser objeto de amor. El niño pasa a repetir, a reeditar, estas vivencias afectivas de estima para con él y los demás. Inicialmente la estima viene del exterior, se hace propio y da sentido de validación, de importancia y de amor propio, incorporado gracias a la fuerza del cariño. La alta autoestima es quererse a uno mismo y querer a los demás. Significa saber que eres valioso, digno, y afirmarlo. Implica respetarte a ti mismo y enseñar a los demás a hacerlo.
–¿Cómo se forma?
–Se estructura este amor a sí mismo por las palabras gratificantes, por la mirada de la madre (medio ambiente) el contacto y por el espacio afectivo que ocupa esta persona en el entorno materno familiar. Espacio que conlleva el recuerdo, la vivencia de pertenencia, y todo acto que afectiviza la vida de esta persona. Igualmente las frustraciones y postergaciones de necesidades posibilitan fundamentalmente el conocimiento paulatino de la realidad a través de la espera, de los límites que de por sí implican protección y dación afectiva. Se debe valorizar las palabras que den sentido de utilidad y creatividad para la persona porque en realidad las palabras alentadoras o positivas o de señalamiento de los logros, mínimos y máximos, juegan papeles trascendentes. No nos olvidemos que estamos hechos de palabras.
–¿En que consiste la baja autoestima?
–Es tener poca valoración de uno mismo y considerarse portador de vivencias negativas. Todos tenemos en el interior sentimientos no resueltos, aunque no siempre seamos conscientes de estos. Los sentimientos ocultos de dolor suelen convertirse en enojo, y con el tiempo volvemos el enojo contra nosotros mismos, dando así lugar a la depresión. Estos sentimientos pueden asumir muchas formas: odiarnos a nosotros mismos, ataques de ansiedad, repentinos cambios de humor, culpas, reacciones exageradas, hipersensibilidad, encontrar el lado negativo a situaciones positivas o sentirse impotentes y autodestructivos. Es importante saber que la sobrecarga de la palabra desvalorizante casi siempre genera sentimientos de baja estima.
CONSEJOS PRACTICOS
-Privilegiar las palabras gratificantes, aún cuando los resultados en las construcciones infantiles sean mínimas.
-No exigir al niño que asuma, precozmente, exigencias que corresponden a edades posteriores, “vivir” el futuro, negándole el presente. Sostener su “independencia”, su “soledad”, sus necesidades básicas sin la participación adulta.
-Entender que los niños necesitan vivir su dependencia afectiva, educativa, social, etc. de manera adecuada en pro de la estructura base para una mayor independencia.
Es a partir de los 5-6 años cuando se empieza a formar un concepto de cómo nos ven nuestros mayores (padres, maestros), compañeros, amigos, etc. y las experiencias que vamos adquiriendo.
-Según como se encuentre nuestra autoestima, esta es responsable de muchos fracasos y éxitos, ya que una autoestima adecuada, vinculada a un concepto positivo de sí mismo, potenciará la capacidad de las personas para desarrollar sus habilidades y aumentará el nivel de seguridad personal, mientras que una autoestima baja enfocará a la persona hacia la derrota y el fracaso.
-Mucha gente llega a desvalorizarse porque se compara con los demás, destacando de estos las virtudes en las que son superiores, por ejemplo: sienten que no llegan a los rendimientos que otros alcanzan; creen que su existencia no tiene una finalidad, un sentido y se sienten incapaces de otorgárselo. Sus seres significativos los descalifican y la existencia se reduce a la de un ser casi sin ser. No llegan a comprender que todas las personas son diferentes, únicas e irrepetibles, por lo que se consideran menos que los demás.
El infante debe aprender a estimarse y valorarse.
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