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A SUS 83 AÑOS, ELSA PREPARA SU TESINA

La edad no es una barrera para estudiar

Para ella, la edad nunca fue excusa para no estudiar. A sus 83 años, Elsa Paniagua Formigli viuda de Correa prepara su tesina para recibirse de licenciada en artes visuales del Instituto Superior de Arte de la UNA.


Gracias a una operación de cataratas, Elsa Paniagua Formigli viuda de Correa ve mucho mejor. Ahora aprovecha el tiempo leyendo todo tipo de material.

“Estoy interesada siempre en aprender. Me siento mal cuando no sé una cosa”, dice Elsa mientras nos habla de su vida estudiantil. “No me gusta ser ignorante. Sé que siempre vamos a seguir siendo ignorantes. No podemos luego abarcar ni la mitad de lo que queremos, pero precisamente por eso hay que estudiar, seguir aprendiendo y haciendo lo que uno puede”, opina esta mujer.

De una vitalidad envidiable, Elsa no se pierde exposiciones ni conferencias que tengan que ver con las artes plásticas. Su historia con el ISA se inició en el 2003 cuando se inscribió en la carrera de artes visuales. “A mí me encantó desde que llegué”, recuerda. “William (Paats) se puso de contento cuando me vio, al igual que Olga Blinder”, agrega.

Durante los cuatro años que duró la carrera, Elsa sintió el cariño de los profesores, de los compañeros y del plantel de empleados del ISA.

Aprendizaje

“Decía luego William: ‘Ahora ustedes van a mirar diferente’. A mí me gustó mucho y me sirvió, porque de otra manera miro las cosas. Empieza uno a analizar diferente”, define así la carrera que siguió.

Con 83 años de vida, Elsa Paniagua Formigli viuda de Correa disfruta cada momento de su vida. Siempre asiste a las exposiciones y conferencias sobre artes plásticas.

Desde pequeña, Elsa se inclinó por los estudios. Recuerda que antes de entrar a la escuela ya sabía leer, porque en su casa no faltaban materiales de lectura. “Mi papá siempre tenía muchos libros y revistas. El era mecánico, pero tuvo que dejar de estudiar cuando su mamá se murió”, expresa.

Aunque de orígenes humildes, a Elsa y a sus cinco hermanos no les faltó oportunidad de formarse académicamente. Elsa terminó la primaria en 1933, pero tuvo que dejar el primer curso por problemas de salud. Una vez recuperada, impulsada por su padre, estudió “corte y confección”. “Tres años perdiendo al santo botón”, confiesa. “Yo hacía por hacer, porque en esa época tenía las compañeras y era mucha diversión, pero terminé y guardé el diploma. Me puse a jugar voleyball, basquetball, nadar, remar y un día me di cuenta: ‘Aquí no sirvo para nada’ ”, dice.

Con esa determinación fue al Secretariado Nacional de Niñas. “Era una educación especial. Tenía de todo y servía para que uno vaya a trabajar de secretaria”, añade. Terminó sus estudios y empezó a trabajar. Tenía 21 años y la vida le sonreía.

Trabajaba de día y en la noche empezó a tomar clases de inglés. A los 25 años se casó con Florencio Correa, con quien estuvo casada 44 años. Con él tuvo tres hijos: Víctor, Guillermo y Adolfo.

En una época en la que la mujer no trabajaba fuera de su casa, Elsa lo hizo. “Mi suegra no quería que me fuera a trabajar. Primero que a mí no me importaba lo que otro pensaba”, señala convincente. En sus palabras no hay titubeos demostrando que es una mujer de carácter.

¿Y qué pensaba tu marido?, preguntamos. “Le gustaba porque traía plata, pero no es que le gustaba tanto. Nunca me decía: ‘No trabajes’, ni cosas así”, asevera.

Retomando

Durante más de 20 años Elsa trabajó en una empresa privada como secretaria. “Cuando apenas tuve la edad para pedir jubilación extraordinaria pedí para salir”, cuenta Elsa, porque su idea era ir a la universidad a estudiar Medicina, pero tenía un problema: no había terminado la secundaria.

Entonces se puso las pilas y retomó el bachillerato humanístico. “Pedí exámenes extraordinarios desde el primero al sexto curso. Estudiaba en mi casa y me iba a dar los exámenes”, reconoce. “En el Nacional de Niñas hice todito, porque era de ese colegio. Terminé y dije: ‘Voy a irme a la Facultad de Filosofía’, porque queda cerca de mi casa”, añade.

En el 2003, ella solita se preparó para los exámenes de ingreso. Se anotó para Filosofía y Sicología, pero no le alcanzaron los puntos.

Fue en ese mismo año que uno de sus hijos se enteró del ISA y le comentó que no precisaba dar examen de ingreso. Elsa no perdió el tiempo y fue a inscribirse.

Vitalidad

Elsa denota ternura cuando narra sus historias. Se perciben cierta inocencia y también mucha riqueza proporcionada por la experiencia. Es difícil no sentir cariño hacia ella, por eso la gente que la conoce enseguida le toma aprecio. La admiración va creciendo a medida que hay mayor trato con ella.

“Lo único que pienso es pintar y dibujar. Grabado también me gusta, porque eso es lo que puedo hacer tranquila en mi casa. No puedo pretender trabajar en ningún lado. Nadie luego te contrata más. Tenés 35, 40 años y nadie te quiere tomar en ningún trabajo”, indica Elsa acerca de sus planes una vez que reciba su título.

En Elsa se nota un espíritu optimista. Una fuerza interior que más de uno toma como ejemplo en una sociedad que para levantarse necesita de gente como ella: tenaz.

Marlene Aponte Branco
maponte@abc.com.py


Marlene Aponte Branco

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07/06/2009 00:00:00