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PATERNIDAD MODERNA

¿Va por el rumbo correcto?

La eterna discusión. La educación de antes, aquella que se comprendía incuestionablemente por muchos años en la familia tradicional de otros tiempos y cuya figura central era la paterna con alto contenido de autoritarismo. O la moderna. La actual, que es compartida tanto por el padre como por la madre, y está basada en la libertad, entre otros principios.


"Al disciplinar a sus niños, permita que el amor sea su guía. Lo que se hace con amor no puede salir mal".

Indudablemente, ser padres en el siglo XXI propone cambios sobre el concepto y el ejercicio; nos lo dice la sicóloga Gabriela Casco Bachem. Pero la comunicación es, sin duda, un factor clave en la unión familiar, pues es por medio de ella que la familia evoluciona, logrando un crecimiento en cada uno de sus miembros, a veces de manera individual, recordando que en ocasiones se tiene que crecer por separado para poder seguir creciendo juntos.

La sicóloga Gabriela Casco Bachem menciona que el declive multifacético que se registra en la educación surge ya desde el plano biológico, con el cuestionamiento del papel de genitor

del padre en la medida en que puede ser “reemplazado” con las técnicas de reproducción asistida, además del control adquirido por la mujer sobre las nuevas modalidades de contracepción. Casco Bachem se refiere también al plano social y explica que la ruptura del desequilibro de poder entre los sexos prescinde del proveedor económico. “En nuestro país, 7 de cada 10 hogares son sustentados y dirigidos por madres solteras”, señala. A su criterio, estas nuevas formas de familias “disfuncionales” y los lazos cada vez más débiles de la institución del matrimonio exponen la fragilidad de una ley “vencida” e incompatible de aplicar a los nuevos paradigmas de la actualidad en igualdad de condiciones. La función reguladora y normativa del padre, ante las nuevas propuestas, se encuentra en proceso de mutación, con sus efectos. Es así como constantemente se plantea qué es ser un “buen padre” hoy día y quién ejerce su función. En el proceso y reestructuración de esta función, un padre “maternizado” por momentos deja vacante su lugar de autoridad. “En un esfuerzo por evitar la ‘dictadura’ de antes —que quizás haya vivido como hijo—, para no repetir la historia, aplica un exceso de comprensión y delicadeza en la educación y expone a un padre débil e inseguro que solo causa angustia y falta de orientación en los hijos”, asegura la sicóloga. Los síntomas de la generación “huérfana funcional de padre” se caracteriza por la violencia, ejemplos como el “síndrome del emperador”, el bullying o acoso escolar, así como las adicciones, son, entre otros, algunos resultados de la falta de diálogo y elaboración emocional faltante en el núcleo familiar, hoy día reemplazado por el zapping o el “chateo” que, para algunas familias, es un virus invasivo y destructivo. Es por eso —dice Casco— que quizás hoy día, se aplica prematuramente este nuevo “software” que todavía no fue simbolizado ni experimentado a través de pruebas y errores y que expone que la nueva subjetivación del rol trae consecuencias en la participación efectiva del padre en la crianza de los hijos. Entre las causas, se destacan el progreso de la ciencia y la tecnología, promotores de la nueva economía de mercado y de una nueva escala de valores en los jóvenes que, además de “cuasi reemplazarlo” generan cambios en el orden social y provocan una nueva “ley” de regulación horizontal, democrática y globalizada sin “rangos” diferenciados.

Ser padres hoy exige más responsabilidad

El desafío del hombre de hoy día es más importante quizás que el de ninguna otra época. “El ser padres en una generación ‘desestructurada’ exige tomar con responsabilidad, consistencia y dirección, a través de una gestión aggiornada, pero sin improvisaciones ni miedos, el camino que permita apuntalar a los hijos, empezando por delimitar nuevamente las fronteras jerárquicas entre padres e hijos, buscando el amor en el respeto y no en la amistad”. Se sabe que el padre, o quien ejerza el rol, inculca valores diferentes a los que la madre ofrece al niño. Su influencia despierta la toma de conciencia sobre la responsabilidad. La presencia del padre y su participación en la vida del hijo ofrece beneficios a nivel emocional, cognitivo y lúdico. En la formación de la autonomía y en la inserción a los círculos de pertenencia, brinda seguridad sobre la identidad. Los hijos soportan mejor las frustraciones cuando se encuentran con límites y normas que obedecer fuera del hogar, haciendo de ellos sujetos adaptados.

Casco Bachem sostiene que la propuesta es reubicar los roles, actuando como el adulto que reflexiona y no como el hijo que reacciona, tomando conciencia de que, como padre, es el primer ejemplo a imitar, conquistando con seguridad el lugar de tutor, sin temores de “traumar” o quedar mal con el hijo cuando la aplicación de límites y normas sea necesaria y cuando las señales evidencien una demanda de orden y disciplina y no de compensaciones materiales ni económicas. En cuanto a la mujer/madre, es indispensable que acompañe y consolide al padre como representante de la ley, una ley compartida y configurada por ambos evitando las contradicciones y desautorizaciones. A nivel biológico, la certeza de la paternidad se encuentra subordinada a la afirmación de una mujer. A diferencia de la madre, el “ser padre” no descansa sobre la certeza total de su cuerpo, como sucede en la mujer, quien tiene absoluta seguridad de su maternidad tras la evidencia de 9 meses de embarazo y (a veces) un doloroso parto. El padre necesita ser “instaurado” por una mujer, a través de lo simbólico, escatimando lo biológico, instado a ocupar el lugar de padre de su hijo, biológico o no.
Integrar las configuraciones actuales con las de antaño permitirán equilibrar la disciplina con amor y respeto. Sobre todo, ser un padre presente que sea capaz de sostener y guiar a los hijos cuando estos no tengan dirección. Solo una actitud firme y segura inspirará confianza en los jóvenes sobre la idoneidad que los padres tienen de dirigir sus vidas, porque estos, en el proceso de la formación de su identidad, están sedientos de líderes consistentes y en principios. Quién mejor que su padre; en él rigen deseos inconscientes innatos de guiar por el buen camino a sus hijos. Los extremos se tocan, y si el autoritarismo del pasado llenó a los hijos de temor hacia los padres, la debilidad de hoy día los llena de miedo. “Los hijos necesitan de su padre, atención síquica, física, emocional y afectiva, lejos de malcriar o la indiferencia”, reflexiona la sicóloga. Para ejercer una paternidad adulta, es necesario transformar las relaciones dependientes e interdependientes en las que padres e hijos interactúen con respeto mutuo. El padre de hoy día necesita volver a creer en su vital importancia y participación confiando en sus capacidades de crianza y en el “instinto paternal”, adoptando cualidades que propicien un espacio para crecer. Tomar conciencia de esto a tiempo es ineludible para quien emprenda la difícil pero apasionante responsabilidad de ser padre en el siglo XXI.

Cómo contribuir adecuadamente

Algunos consejos para tomar el rumbo correcto en esta difícil y apasionante responsabilidad de ser padres:

*Debe ser constante y firme: Cuando diga algo, tiene que estar preparado para actuar y cumplir. Unir la palabra a la acción.

Debe establecer reglas. Antes, algo muy importante: Recuerde que lo que se va a delinear es la conducta y no los sentimientos que la acompañan. Los sentimientos siempre deben reconocerse, aunque no se acepte la conducta que originan. Ejemplo: El niño lanza un juguete porque está enojado; se le debe reconocer el sentimiento de enojo, mas no la conducta de lanzar el objeto. Se le debe explicar que todo comportamiento tiene una consecuencia, en este caso, es que podría herir a alguien o a sí mismo. En el aprendizaje de las reglas de convivencia se recomienda ir introduciéndolas poco a poco, comenzando por las más necesarias. Evite el exceso de reglas y también el ser muy permisivo.

*Debe establecer rutinas claras: Horarios para cada actividad del día (comidas, bañarse, ir a dormir). No siendo tan rígidos, hacerlas dentro de determinada hora, no a una hora exacta (es imposible de cumplir por el ritmo de vida actual).
* No debe hacer amenazas. Debe hacer advertencias.
* Definir los límites: Estos deberán ser claramente definidos por los padres y comprendidos por los hijos, antes de ser impuestos como norma de comportamiento. Los límites deben apoyarse en las necesidades de padres e hijos. Deben fijarse sin que afecten el respeto y autoestima del niño ni de los padres.
*Cuando su hijo entienda perfectamente lo que se espera de él, considérelo, a partir de ese momento, responsable de su comportamiento. Insistiendo: En atención a su edad y personalidad.
* Debe ignorar, en lo posible, las conductas inapropiadas (ejemplo: rabietas); sólo preste atención al niño cuando esté sereno. Instruya y tranquilice a su hijo tan pronto la situación de desafío termine. Abrácelo y explíquele lo que ocurrió.
*Diferencie entre desafío intencional y la irresponsabilidad infantil. Ejemplo: Olvidar, perder, derramar cosas no son desafíos y deben manejarse lo más suavemente posible.
* No abuse del “NO”. Actúe. Los niños entienden mejor la acción que el mensaje repetitivo.

Las consecuencias deben ser inmediatas al comportamiento (una conducta inadecuada que sucedió en la mañana no puede ser corregida en la tarde o a las horas de haber sucedido). Las consecuencias también deben ser apropiadas y de corta duración.
* No olvide elogiar permanentemente a su hijo cuando hace las cosas bien.
*Debe estimular su autonomía: Bañarse y vestirse solo, que escoja su vestuario, etcétera.
* No debe haber contradicciones entre padre y madre: Los padres deben ponerse de acuerdo en la manera de cómo disciplinar a sus hijos. Ambos deben coordinarse y nunca contradecirse.
* Dediquen a sus hijos un tiempo exclusivo e individual, de calidad, sin interrupciones. Esto va a fortalecer su autoestima.
Y, por último, al disciplinar a sus niños, permita que el amor sea su guía. Lo que se hace con amor no puede salir mal.

ndure@abc.com.py


Nancy Duré Cáceres

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Ultima actualizacion:
14/06/2009 00:00:00