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CON HABILIDADES MANUALES

Jefas de hogar buscan salir de la pobreza

Un grupo de mujeres –jefas de hogar– de escasos recursos de Ciudad del Este y su área de influencia reciben educación y capacitación a través de un proyecto del Gobierno de Japón. Pero la ayuda externa termina en febrero del 2010 y los beneficiarios deben autosustentarse.


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Una charla y una clase práctica de las mujeres junto a la Lic. Mirtha Melgarejo y Javier Nakayama, directivos de la Fundación Mano a Mano - Asociación Nipón Latinoamericana de Intercambio cultural.

Elizabel Vera, de apenas 16 años, terminó la primaria, pero no pudo ir a la secundaria porque sus padres son de escasos recursos.

Desde unos meses atrás empezó a aprender bordado de prendas: “Es un trabajo que nunca pensé que iba a hacer. Me relaja aprender y además servirá mucho para ayudar a mi familia”, afirma.

Miguela Navarro, una mujer de 38 años, busca mejorar la crianza de sus tres hijos y su calidad de vida con su profesión de bordadora de ao po’i.

Blanca Aquino y Lucila Cardozo, egresadas del primer grupo, en plena tarea de bordado y alta costura.

“Me gusta hacer este trabajo y si aprendo bien voy a poder vender a mejor precio y creo que mi familia podrá vivir de esto. Incluso, podemos ahorrar preparando nosotros mismos artículos para nuestra casa”, comenta. A ambas la encontramos realizando sus trabajos manuales en clase en la sede del proyecto “Mejoramiento de las habilidades de corte y costura para mujeres jefas de hogar de escasos recursos de Ciudad del Este, Minga Guazú y Puerto Franco”. Este plan es encarado por el Gobierno del Japón a través de su agencia de cooperación internacional JICA y la Fundación Mano a Mano - Asociación Nipón-Latinoamérica de Intercambio Cultural.

Al igual que estas mujeres, varias otras jefas de hogar provenientes de zonas muy pobres de estos municipios del Alto Paraná están aprendiendo una profesión que confían les ayudará a salir de la pobreza. “Queremos continuar con la producción y debemos aumentarla porque desde febrero próximo tenemos que caminar solos porque el proyecto de JICA termina en el 2010, coinciden la Lic. Mirtha Melgarejo, presidenta de la fundación, y Javier Nakayama, director ejecutivo.

Tres son los componentes del proyecto: corte y costura, bordado de ao po’i y formación de pequeñas empresas. Todos los productos elaborados sean manteles, ropas, ajuar de bebé y novias, toallas, etc., son llevados a Asunción. “Las ropas de práctica se llevan a la cárcel de mujeres y también se entregan uniformes a los niños de la escuela que tenemos funcionando aquí mismo”, señala.

Muchas egresadas de los cursos, actualmente ya se dedican de lleno a la profesión. Una es Lucila Cardozo (40): “Mi medio de vida es el bordado y el arreglo de ropas. Tengo mi clientela formada y también hago los trabajos que se nos piden dentro del proyecto. Yo era una modista empírica que aprendí con otra amiga y cuando llegué aquí pude conocer las técnicas. Las mujeres, por naturaleza ya tenemos habilidades en costura, pero aquí aprendemos a aprovecharla para una profesión”, dice.

Aunque el proyecto completo busca llegar a 210 mujeres, no por ello los hombres son relegados. La demanda de mano de obra masculina en corte y confección es grande en Alto Paraná. Además, muchas fábricas los buscan por el peso de la tela, la predisposición y habilidades en el corte. Pero, por ahora, el gran desafío y preocupación es lograr sustentabilidad en los meses que resta del proyecto.

Pabellón para los niños

La Fundación Mano a Mano también sostiene una escuela para niños de escasos recursos en Ciudad del Este.

En la sede del proyecto también funciona la escuela básica 5.406 Yokohama International School donde actualmente estudian unos cien niños, todos provenientes de asentamientos y zonas de muy bajos recursos.
Entre ellos existen 25 niños que estaban en las calles de Ciudad del Este y otro tanto que ha desertado de otras instituciones.
Como la escuela no posee suficientes recursos, los alumnos se encargan de la limpieza y compiten para recibir en premio su uniforme. “En años anteriores les regalábamos, pero a la semana lo perdían. Ahora les damos en premio por su labor y lo valoran más”, dice la Lic. Mirtha Melgarejo.

Richard, un niño de 10 años, se destacó en colaborar con la limpieza de su escuela y luce un nuevo guardapolvos que se ganó en premio.

Explicó que son niños que caminan varios kilómetros para llegar a la escuela, lo que demuestra su interés por el estudio, pues los ómnibus no los quieren alzar, especialmente en horas pico.

Para cuando lleguen a los grados superiores ya se quiere formar a estos niños en alguna habilidad o profesión, pues en su mayoría no irán al colegio, sino buscarán un trabajo para ayudar a sus familias en el sustento del hogar: “Vamos a insistir con ellos para crear microempresas y evitar que vuelvan a trabajar en las calles”.


Pedro Gómez Silgueira

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Ultima actualizacion:
15/06/2009 00:00:00