Todos en el Paraguay somos conscientes de que uno de los mayores déficits que tenemos actualmente en nuestro país, para la buena convivencia social es la ausencia de la cultura del respeto. En ciertos momentos de nuestra historia reciente, pareciera como si estuviéramos compitiendo en una suerte de nefasta carrera de maledicencias, de insolencias y de desenfadada necesidad de humillar al otro, generando un permanente clima de malestar y “mala onda”.
No sabemos ni cuándo ni cómo hemos perdido este valor tan importante en la vida de los seres humanos, porque no hace demasiado tiempo, en nuestro país, el respeto todavía era un buen hábito, una virtud que permanecía vigente casi entre todos los habitantes, generando incluso admiración, simpatía y estima de propios y extraños.
El dicho “lo cortés no quita lo valiente” era como un “lema nacional” que imperaba en todos los ambientes sociales. Pero, gradualmente, fuimos volviéndonos intolerantes, hasta desembocar en la sistemática ausencia de respeto hacia nuestros semejantes. Entonces, nuestra sociedad empezó a ser violenta, mezquina, arrugada y acomplejada. ¿Qué nos pasó? ¿Por qué esta regresión atípica, incomprensible? Son interrogantes cuyas respuestas dejamos a cargo de los sociólogos y otros especialistas en descifrar fenómenos sociales.
Acaso este nuevo tiempo que se abrió para el Paraguay desde el 20 de abril del año pasado sea propicio y oportuno para encarar con seriedad, con entusiasmo y esperanza y, sobre todo, con sinceridad absoluta la búsqueda de fórmulas para recuperar los antiguos valores que han dado tanto brillo a nuestro país y le han granjeado la simpatía y la solidaridad internacionales, con justa razón.
Y esos valores, a no dudarlo, son el respeto, la hospitalidad, la humildad, la honestidad, la cortesía y el coraje que siempre adornaron la personalidad de todo paraguayo y paraguaya, por más modesto o modesta que sea.
Y recuperar de nuevo esa costumbre ancestral tan caballeresca y dignificante es, a no dudarlo, el otro DESAFÍO SUPERLATIVO que les espera a los educadores, las educadoras de aulas y del hogar de esta nueva ERA DE ESPERANZA que se abrió para nuestro país.
Se nos ocurre que la mejor manera de encarar la recuperación, el retorno de aquellos buenos tiempos de RESPETO, es entrenándonos, además de los hogares, especialmente en las aulas escolares, con recetas sencillas como “EL BUEN TRATO ENTRE TODOS”. Podemos cultivar la semilla del respeto, mejorando sin pausa y sin cansancio el BUEN TRATO entre todos los estamentos de cada una de las COMUNIDADES EDUCATIVAS en que nos toque actuar.
Adquirir esa buena costumbre de pulir lo más posible nuestro trato entre todos traerá, indefectiblemente, la rehabilitación, el renacimiento de la CULTURA DEL RESPETO y muy pronto veremos los resultados que nos llenarán de orgullo y satisfacciones con nosotros mismos. Las actuales chabacanerías, prepotencias, mentiras, intrigas, tratos indignos y ofensivos, que lamentablemente se cultivan en las mismas cumbres de los poderes del Estado, resultarán apenas unas pesadillas desagradables que recordaremos cada vez menos, y dejarán de hacer daño a los niños, niñas y jóvenes paraguayos de la NUEVA GENERACIÓN DE LA DIGNIDAD.
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