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SU HERMANO, QUE SUFRIO UNA BALACERA, SE ENCUENTRA DESAPARECIDO

Solo y desorientado llegó anoche el paraguayo secuestrado en Bolivia

Llegó anoche a Asunción Roberto Sosa, el secuestrado por la policía boliviana. Dice que allá le torturaron tres días. También que él, con su hermano, huyeron de Bolivia en una motocicleta de los patrones porque estos no les habían pagado ocho meses de sueldo.


Roberto llama a su hermana para que lo venga a recoger. Tenía el número en un papel arrugado del bolsillo. Su cuñado, Amado, vino a buscarlo.

Solo. De una soledad que no cabía en ese cuerpo de 25 años, llegó anoche del Chaco Roberto Sosa, secuestrado de Paraguay y metido preso en Bolivia.

Roberto Sosa habla guaraní. Asustado por las cámaras, enmudece casi. Es de Santaní, de seis hermanos, cuatro varones. Con uno de ellos (Lorenzo) deambularon el Chaco por cinco años, de los cuales tres los pasaron trabajando en estancias construyendo corrales y alambradas, en Bolivia.

En la última estancia (“puesto oje’e”) llevaban ocho meses sin percibir el sueldo.

Sostiene que escucharon con su hermano que no les iban a pagar, y que incluso temieron por sus vidas. Entonces, un domingo (17 de mayo) decidieron salir de la estancia en una motocicleta del patrón (Star 150, responde consultado sobre la moto), dejando sus herramientas de trabajo, incluida una motosierra. Se internaron en Paraguay hasta llegar a una estancia custodiada por un amigo de los hermanos Sosa.

La vida de Roberto es la de miles de paraguayos. Todo en él huele a desarraigo. Estuvo con la madre, de nacionalidad brasileña, según cuenta, hasta los cuatro años.

Ya en la estancia del lado paraguayo, donde pensaban recomenzar el trabajo, fueron asaltados por un comando policial boliviano y los patrones, acompañados por el Tte. paraguayo Freddy González.

Roberto estaba dormido. Su hermano Lorenzo no, quien salió despavorido. Contra él dispararon más de 20 balas. “Hetaiterei chenupã hikuái” (demasiado me pegaron), cuenta Roberto.

En su descripción, Roberto no tuvo tiempo ni forma de oponerse al asalto. Lo sujetaron, le vendaron los ojos, lo esposaron y lo tiraron a una de las camionetas. Habían ido a buscarlos en dos camionetas; una de ellas, con cuatro policías bolivianos, y la otra, con los patrones, también armados.

Mastica despacio a causa de un diente movido durante la tortura que padeció en Bolivia, según cuenta.

Vio al militar paraguayo Tte. Freddy González que acompañaba la delegación. Este le exigió que no le mirara.

Según la acusación de los ex patrones, los hermanos Sosa habían violado a una niña y matado a una mujer. Todo un invento, según cuenta: “Ofalseápa enterove mba’e”.

Luego del secuestro, lo tuvieron tres días “con su noche” en una piecita antes de llevarlo a la cárcel. Narra que en ese lugar le pegaron con culata de pistola. Muestra el diente que con esos golpes se le movió. Los patrones, según su relato, se empecinaron con él, al punto de que hicieron desaparecer todos sus documentos. En estos últimos días, “amenda” (me casé), dice, para poder tener algo de documentación durante los trámites establecidos para su liberación. Estuvo 22 días en la cárcel.

Ya liberado, el cónsul paraguayo Mariano Jacquet lo acompañó hasta la frontera. De ahí un sargento paraguayo (Ever Aquino) fue su compañero. Este se bajó no se acuerda dónde.

Amado, su cuñado, lo vino a recoger de la Terminal anoche. Luego de unos minutos, se lo notaba más relajado, más confiado. En un bar, con comida y bebida, aspira algo de aire y se pregunta: “Mba’e ojehu che hermánope. Ndaikuaái chugui mba’eve”. Nosotros tampoco.


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19/06/2009 00:00:00