Walter Bower es la síntesis de la miseria humana en la que cayó el tristemente recordado gobierno de facto de González Macchi (1999/2003), según el comisario Alfredo Cáceres, una de sus víctimas, salvajemente torturado en su presencia y en la del comandante de la Armada Miguel Angel Candia, en la sede de la Infantería de Marina, el 21 de mayo de 2000. Cáceres relata su experiencia. Identifica a sus verdugos uno a uno y dice esperar solo el juicio oral, pasado para agosto por otra chicana presentada por el otrora poderoso ex ministro. “Lo único que ruego es que no escape”, afirma.

-¿Por qué lo involucraron a usted en ese supuesto golpe de mayo de 2000 que terminó en su tortura?
-Como ya le dije en otra oportunidad, en otra entrevista, a mí me llamaron a la Comandancia (en la central de Policía) en nombre del comandante para que me presente. Yo ya había terminado mi faena del día y me dirigía a mi casa. Sucedieron esos acontecimientos. Vinieron los tanques al centro. En la Comandancia no había ningún superior. Nadie se hizo encontrar y yo lo que hice, como el más antiguo, fue aplicar estrictamente el reglamento, que dice que directores, jefes de agrupaciones, el más antiguo se hace cargo de la unidad, con las mismas atribuciones del comandante, en forma accidental. Es lo que yo hice. No había otro. En la madrugada del 19 de mayo de 2000 me llevaron a la sede de la Infantería de Marina.
-¿Dónde está preso el mayor (Reinaldo) Servín?
-Sí. Ahí mismo. Me llevaron primero a una de las oficinas donde se encontraba el presidente González Macchi. Estaba Galaverna, Silvio Ferreira, ministro de Justicia. El Presidente me hizo unas preguntas. Después vino Bower. Más tarde me alojaron en otra oficina, donde previamente desalojaron todo lo que había. Estuve ahí como un perro encerrado, sin cama, ni ventana, sin nada durante tres días: viernes, sábado, domingo.
-¿Cuándo lo torturan?
-Desde el domingo 21 a la noche. Un marino abrió la puerta y me dijo: “vienen de justicia policial para una declaración”. Le pregunté en guaraní: “¿a esta hora?” Presagiaba lo peor. Detrás nomás ya entró una persona de civil, un morocho alto, de unos 25 a 26 años. En guaraní me dijo ásperamente: “dese la vuelta. Contra la pared”. Le pregunté para qué. “dese la vuelta, le digo”, me dijo. Me apretó contra la pared. Enseguida me dio un golpe fuerte, con las dos manos abiertas por el tímpano. Me agarró de sorpresa. No me esperaba. Me quedé atontado. El oído zumba. Parece un estallido. Ahí me ató las manos hacia atrás con una soga y me ató los ojos con cinta de embalaje. Me sacó fuera de la habitación. Me introdujo en otra pieza. Me ordenó arrodillarme. Alzó con violencia mis brazos atados hacia atrás. Me produjo un inmenso dolor. Usó su peso sobre mi espalda y volvió a alzarme las manos atadas. Me golpeó otra vez los tímpanos. Uno se queda completamente atontado, inútil. Después otra persona levantó otra vez mis brazos atados, haciendo una palanca con mi cuerpo. El dolor que crea es irresistible. Yo gritaba y pedía por favor que me dejaran. “Anína péicha pejapo cherehe”, les imploraba. “¡Cállese! usted va a cantar todo lo que sabe!”, me decía. Me preguntaron “quién financió”. Yo le decía que a mí me llamaron de la Comandancia. “¡Quién financió, carajo!” decía y me prendía una patada. De nuevo en el suelo se subía uno encima y me estiraba los brazos atados hacia arriba. “Eñe’ê pue, carajo!”, decía. Yo gritaba. Por las preguntas que hacían me percaté de que estaba también en la pieza torturado el oficial Jorge López. Querían que haga un careo. Ante cada negación me estironearon de nuevo.
-¿A quiénes identificó ahí?
-Personalmente identifiqué la voz del comisario (Basilio) Pavón (de la comisaría 11), que me tuteó. Me preguntó por números de teléfono. Si no contestaba o decía que no, me estironeaban de nuevo causándome un terrible dolor. Así me tuvieron unas tres horas.
-¿Estaba el comandante de la Marina ahí esa noche?
-Claro que estaba. Miguel Angel Candia, un cobarde, un irresponsable. También debería estar preso y condenado por haber apañado esos tormentos. También estuvo el capitán de fragata Juan Alberto Benítez Benítez, comandante de la Infantería de Marina. Bower estaba en la puerta, según me informó el oficial López. Reconocí la voz de Bower cuando dijo: “bueno, basta”. Escuché que salió una cantidad de gente...
-Gente que presenció el “espectáculo”.
-Cuando estaba saliendo y me levantaron yo pude divisar, en un espacio entre la nariz y el ojo, a Pavón al lado de Bower. Me movieron tanto, tanto me jugaron que la cinta de embalaje también se acomodó. Entonces una persona hizo un ruido haciendo tocar dos cables, como si fuera cable pelado. “Humby poraite pio koa” (tiene buena nalga), dijo. “Ñamoperdéna chugui la iñinvicto”, dijo. Entonces me agarró como para desprender mi bragueta del short. Yo pensé: Estos me van a violar. Me senté de ellos ahí medio acostado. Ahí escuché la voz de Bower otra vez y dijo: “apriétele los testículos”. Me apretaron uno o dos minutos. Yo gritaba desaforadamente. Me levantaron después y me llevaron casi arrastrado a mi lugar de reclusión. “Vamos a volver”, amenazaron.
-¿Qué hora era?
-Eran poco más de las 12 y media. Al día siguiente apareció un médico, Antonio Gómez, que me recetó un remedio “Flogiatrín B3, B12 para tomar cada 8 horas. Me dijo que estaba completamente machucado”. El 25 de mayo me trasladaron a la Agrupación Especializada, después de comparecer ante la Corte Suprema donde denuncié las torturas. La Corte recién el 26 ordenó que pasara a la Agrupación. Ellos ya me pasaron un día antes. Me hicieron firmar mi traslado, pero debajo de nuestras firmas pusieron la observación de que fuimos entregados al director de justicia policial, Franco Ferreira, sin signos de maltrato físico ni síquico. Firmó un médico con ellos.
-Siempre hay un médico avalando torturadores...
-Pusieron lo que quisieron debajo de nuestras firmas.
-Ese debe ser el alegato de defensa de Bower y Candia.
-Y de Alberto Benítez Benítez, que también es responsable de lo que pasó. En el escrito decía: “los abajo firmantes...” y los que fuimos trasladados firmamos arriba. La mentira tiene patas cortas.
-¿Le visitó alguna organización de derechos humanos? Porque en esa época todas apoyaban a González Macchi...
-Nadie, salvo un representante de la Cruz Roja Internacional. Era Gerald Peitinet, delegado regional. Este me comentó que habló con un encargado de negocios de la Embajada de Estados Unidos...
-McFarland...
-Posiblemente fue ese. Dijo que ese señor comentó que aquella noche del 18 “la mano del FBI salvó la situación”, por saber administrar esa crisis...
-¿Dijo por usted?
-Sí, porque fui entrenado por el FBI.
-¿Quiénes más estaban entre los torturadores?
-Walter Bower, Basilio Pavón, Merardo Palacios, Osvaldo Vera. En la sesión de tortura también estuvieron el viceministro Gabriel Chase, el comisario Víctor Agüero, un oficial, Carlos Giménez de la Artillería, otro de apellido Giménez de la Policía...
-¿Hubo otros torturados?
-Claro que sí. El oficial Jorge López que fue llevado de la comisaría 11 hasta la Marina.
-¿Bower se fue a torturar en la comisaría 11?
-Ahí se les torturó al comisario Emilio López, al subcomisario Escurra que se resistió de ellos. “Ndapepoko mo’ãi cherehe”, les dijo con firmeza.
-¿No le torturaron?
-No. A él no. Le torturaron al oficial Jorge López, al suboficial Fabián Ojeda, Rafael Sosa con fisura en los pies, Ricardo Báez, al suboficial Lorenzo Genes, suboficial Reinaldo Insfrán y el comisario Emilio López Villalba. Este fue bárbaramente torturado, también el suboficial Próspero Arévalo Ayala, comisario principal Higinio Pérez Benítez, este en la Agrupación Especializada, el comisario principal Wilson Ojeda en la FOPE. Un comisario general, Miguel Angel Figueredo, se salvó. Un marino le dio un puñal para defenderse cuando le informaron que después de mí, el torturado sería él.
-Fue una cacería...
-También fueron torturados tres civiles de Paraguarí: Ramón González, presidente de seccional de Paraguarí; Gustavo López, miembro de la Junta Departamental, y Saúl Franco, concejal. Las sesiones en la 11 fueron a cargo de Pavón, Palacios y Vera.
-¿Alguien que estuvo cerca de Bower admite?
-Tenemos testigos entre ellos, que dicen que las autoridades sonreían, gozaban cuando nos atormentaban.
-¿Por qué ninguno está detenido?
-Yo nunca quise creer que íbamos a llegar a esta instancia con esta gente muy poderosa que tiene todo el dinero que quieren y son capaces de torcer la vara de la justicia. Pero estoy tranquilo. Un magistrado ya declaró que el delito de tortura es imprescriptible. Tarde o temprano caerá la justicia sobre sus cabezas. Lo único que ruego es que Bower no escape cuando se vea acorralado.
-Una de las pruebas más contundentes es ese cuaderno de la guardia de la Marina que nos acercaron y publicamos en ABC.
-Exactamente. Ahí están los nombres de todos los que ingresaron aquella noche del 21 de mayo del año 2000 a la unidad. Está la hora exacta que ingresaron.
-¿Quién cree que nos acercó ese documento?
-Estoy seguro que fueron los propios oficiales de la Marina que no pudieron contener su indignación por todo lo que nos estaban haciendo y no tuvieron otra forma de gritar la injusticia que llevar a ABC ese documento, porque sabían que ABC no tenía miedo de publicar. Un uniformado institucionalista tiene honor, tiene reputación...
(Continuará...)
Contactos: Emails | Teléfonos | Staff
Publicidad: Como Anunciar |
Fúnebres |Clasificados
Institucional: Nuestra Historia | ABC y la Educación | Libertad de Prensa | Propiedad Intelectual
Otros Canales: ABC Blogs | ABC Ciudadano | ABC Wap | ABC RSS | Archivo | Fotonoticias | Efemérides | Noticias por E-mail
Yegros 745 esq. Herrera. Tel: 41-51-550/51 © Copyright 2008. Reservados todos los derechos.
Estadísticas |
||
Visitas |
Páginas |
|
| Hoy | 82.845 |
836.261 |
| Ayer | 73.088 |
907.320 |
| Ultima actualizacion: | ||
| 21/06/2009 00:00:00 | ||