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Pobreza energética I

“Los pesimistas son los que normalmente tienen la razón, pero son los optimistas los que cambian el mundo”. Palabras textuales de Ogunlade Davidson, ministro de Fuerza y Energías de Sierra Leona, uno de los países más pobres del mundo, durante la Conferencia Internacional sobre Energía, celebrada en Viena, del 22 al 24 de junio del 2009. Este pequeño país de Africa también puede enorgullecerse por la flamante gestión de 4 años de Kandeh Yunkella, hoy reelecto director general de la ONUDI, Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial.


Antes de que el mundo sufra el cambio climático, ya había problemas de sida, de hambrunas, de guerras, de pestes, de catástrofes; en fin, de todo tipo de eventos que fueron diezmando la humanidad. Sin embargo, lo que más se escucha hoy día en Discovery Channel, CNN, National Geogra-
phic y otras redes mundiales es sobre el desorden climático que, especialmente en Paraguay, nos castigó con una pésima zafra en la soja, en los cultivos de subsistencia y sus efectos multiplicadores. Muchos vaticinan que será uno de los peores años agrícolas en varias décadas.
No obstante, lo que hoy nos convoca es el tema energético. ¿Por qué el mundo utiliza energías sucias en vez de las energías renovables y limpias? Sencillamente porque son más baratas. El petróleo sigue siendo la opción más abundante y barata, a pesar de sus picos históricos de 1973, 2004 y 2008. El carbón, irónicamente, sigue representando el 60% de nuestra matriz energética nacional, y en muchos países en vías de desarrollo el carbón mineral es la única alternativa. Entonces, ¿dónde está la solución? Veamos algunas alternativas.
La inversión de tres días del PIB de los países de G-8 en tecnologías energéticas renovables podría solucionar el problema del calentamiento global por 30 años. ¿Cuáles son estas? La energía solar, la eólica, el biogás obtenido a partir de desechos industriales y humanos y, por supuesto, la búsqueda de una mayor eficiencia energética.
En el ámbito nacional tenemos a la ANDE como una empresa con alto componente de pérdidas. En artículos anteriores hemos demostrado dichas pérdidas que llegan hasta el 32%, repartidos entre el robo y las técnicas, lo que nos da la friolera suma de 180 millones de dólares al año. Es la mitad de lo que recibimos hoy de los ingresos de Itaipú. Imagínense los lectores si decidimos cambiar todas las lámparas incandescentes del país por las de bajo consumo. Son estrategias que han hecho Ghana, Marruecos, Argentina, Uruguay y países desarrollados como Alemania y Austria, con un resultado asombroso. En Paraguay con una medida de esas podríamos bajar el consumo nacional hasta en un 30%, exactamente lo equivalente a las pérdidas totales; si a esto sumamos algunas medidas drásticas contra el robo y las derivadas de la sobrecarga y otras técnicas, tendríamos un ahorro nacional interesante. Para muchos parecerá una ironía, y tal vez hasta una burla, pero considerando que podríamos destinar dicha parcela a la venta con un precio justo o, mejor aún, al uso para nuestro desarrollo, esto también tendría sentido.

El Dr. Kirk Smith, profesor del Departamento de Investigaciones Energéticas de la Universidad de Berkeley, California, nos dice que el problema del calentamiento global no se debe solo a las emisiones, sino a la mala combustión del 90% de los motores del mundo. En la China hoy están usando una tecnología sencilla, aprovechando mejor el calor y la presión para aumentar hasta el 30% en la generación termoeléctrica.
Por su parte, el Dr. Daniel H. Bouille, vicepresidente del Instituto de Economía Energética de la Argentina, nos comentaba que estuvo en una aldea africana y les preguntó si querían un panel solar; la respuesta fue sencilla: “Lo queremos, pero antes necesitamos agua y alimentos”. ¿Cómo proveer tecnología a un país que ni siquiera produce alimentos, y si lo produce, no tiene acceso a los mercados porque carece de rutas y electricidad para agregar valor a sus frutos primarios? El costo de una batería para mantener la electricidad acumulada durante el día sigue siendo muy alta, llegando al 80% del propio panel.
La solución a la pobreza siempre ha sido compleja, pero la solución a la pobreza energética parece un poco más sencilla. Países como Ghana, China e India están enfrentando con dignidad sus necesidades energéticas. Algunos de ellos podrían venir a auxiliarnos ante esta pobreza mental que nos agobia a los paraguayos del siglo XXI.

(*) Desde la Conferencia Internacional de Energía. Viena, Austria.
Columnista invitado.


Luis María Fleitas Vega

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28/06/2009 00:00:00