En el 2006, 20 empresas importaron US$ 45 millones en tabaco y exportaron US$ 7 millones en cigarrillos, ni uno solo al Mercosur. Si el MIC dice que el mercado interno consume anualmente unos 3.000 millones y se fabrican casi 68.000 millones, ¿adónde va la diferencia? A no ser que cada paraguayo, bebés y ancianos incluidos, fume más de un paquete por día. Durante 14 meses integramos una red de periodistas que investigó la industria en 13 países, incluidos EE.UU., Rusia, Ucrania, Pakistán, China, Brasil, Chipre, Canadá y Paraguay. Hay indicios de evasiones impositivas en los cigarrillos paraguayos que tributan los impuestos más bajos del mundo.
Guaíra descansa a orillas del parsimonioso río Paraná que dibuja una frontera natural entre Brasil y Paraguay. Aquí la tierra es roja, el paisaje llano con amplias plantaciones de soja y yerba mate. A simple vista es una prolija ciudad de 30.000 almas en el oeste de Brasil con teléfonos públicos con diseños tropicales. Sin embargo, bajo esta superficie, la ciudad vive una realidad diferente. En septiembre pasado Guaíra copó los titulares de los diarios de Brasil cuando 15 personas fueron asesinadas a tiros en una casa cerca de la ribera. Las muertes fueron producto de una vendetta entre traficantes de droga y, según funcionarios locales, no son inusuales. Ubicada a 250 kilómetros de la Triple Frontera, donde convergen Brasil, Paraguay y Argentina, Guaíra es hoy un ajetreado y violento corredor regional de drogas y armas. Sin embargo, ningún otro producto se contrabandea más en esta ciudad, y es mejor negocio para los contrabandistas, que los cigarrillos paraguayos.
“Zero Um” o “El Capo”
Docenas de lanchas atiborradas de cigarrillos cruzan a diario el río Paraná desde la vecina ciudad de Salto del Guairá, en Paraguay. Los contrabandistas inyectan miles de millones de cigarrillos a San Pablo, Río de Janeiro y otras ciudades brasileñas, donde el cigarrillo paraguayo, barato y libre de impuestos, se ha apropiado del 20 por ciento de todo el mercado. Guaíra está en el corazón del negocio, un portal estratégico y un sitio donde muchos de sus habitantes –la mitad de la población, según algunos residentes– dependen directa o indirectamente del contrabando para su subsistencia. Algunos ganan millones en el mercado negro. El contrabandista más famoso de Guaíra, Roque Fabiano Silveira, se hizo de fortuna y de nombre contrabandeando cigarrillos paraguayos.
Silveira, de 44 años, apodado “Zero Um” (“El Capo”), se radicó en Paraguay luego de ser acusado de orquestar el asesinato de un empresario de Guaíra, en 1996. En Paraguay su negocio despegó y en 1999 Silveira montó su propia fábrica de cigarrillos, en las afueras de Asunción. La tabacalera pronto se convirtió en la base de operaciones de una red de contrabando que abarcó dos continentes y caló hondo en Estados Unidos. A partir del 2003 Silveira se asoció con comerciantes de cigarrillos de Arizona y de las reservas indígenas del estado de Washington para contrabandear millones de cigarrillos paraguayos a través de los puertos de Miami, Norfolk y Baltimore. Los cartones eran distribuidos en varias ciudades del país y las ganancias se “lavaban” en cuentas bancarias de Paraguay y de Estados Unidos. Silveira no solo fabricaba cigarrillos, dicen los fiscales estadounidenses del caso, sino que también aceitaba contactos en Sudamérica para garantizar el paso de los cargamentos hacia el norte. Sus ex socios dicen que es astuto y frío, con cierta debilidad por los trajes finos.
20 veces más de lo que consume el mercado
La historia de Roque Silveira es emblemática de la naturaleza y el alcance de la creciente industria tabacalera paraguaya. Expertos, investigadores y funcionarios de Aduanas aseguran que se trata de una industria concebida y dedicada, casi en su totalidad, al contrabando internacional. Hace quince años la producción de cigarrillos era mínima en Paraguay, uno de los países más pobres de Sudamérica, famoso por la corrupción endémica y el comercio de productos falsificados. Hoy Paraguay figura entre los principales países productores de cigarrillos de contrabando, responsable del 10 por ciento de todo lo que se vende en el mercado negro a nivel mundial, dicen los expertos.
Los números cantan. De acuerdo con el Centro de Investigación de la Epidemia de Tabaquismo (CIET, que analiza el mercado del tabaco en la región y depende de la Framework Convention Alliance en Canadá), en el 2006 las fábricas paraguayas produjeron 68.000 millones de cigarrillos, más de 20 veces lo que consume el mercado local (unos 3.000 millones cree el MIC). La mayoría de la producción –90 por ciento de los cigarrillos valuados en 1.000 millones de dólares anuales– desaparece en el mercado negro, dicen las autoridades. Los cigarrillos paraguayos hoy día inundan Brasil y Argentina, donde los impuestos al tabaco son mucho más altos que en Paraguay, y han sido confiscados también al otro lado del Atlántico, hasta en algunos países como Irlanda.
Una industria fuera de control
Las tabacaleras de Paraguay fabricaron aproximadamente 68.000 millones de cigarrillos en el 2006, más de 20 veces lo que consume el mercado local. La gran mayoría de los cigarrillos –valuados en 1.000 millones de dólares anuales a precio mayorista– es contrabandeada al extranjero, principalmente a Argentina y Brasil.
65.000 millones contrabandeados
3.000 millones consumidos
Nota: Paraguay también importó 3.200 millones de cigarrillos y exportó legalmente 2.500 millones de cigarrillos en el 2006.
Fuente: Centro de Investigación de la Epidemia del Tabaquismo (CIET), dependiente del Framework Convention Alliance, en Canadá.
Marina Walker (ICIJ, EE.UU.), Mabel Rehnfeldt (ABC Color, Paraguay) y Marcelo Soares (Folha, Brasil).
Reportes de Daniel Santoro (Clarín, Argentina), Alain Lallemand (Bélgica), Stefan Candea (Rumania) y Aldo Benítez (ABC Color, Paraguay).
FICHA
Trabajaron para el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ) en este proyecto: David Kaplan (director ICIJ), Marina Walker (vicedirectora), Mabel Rehnfeldt (Paraguay), Marcelo Soares (Brasil), Daniel Santoro (Argentina), Alain Lallemand (Bélgica), Stefan Candea (Rumania), Duncan Campbell (Gran Bretaña), Te-Ping Chen (Estados Unidos), Gong Jing (China), Vlad Lavrov (Ucrania), William Marsden (Canadá), Paul Christian Radu (Rumania), Roman Shleynov (Rusia), Leo Sisti (Italia), Drew Sullivan (Bosnia-Herzegovina) y Kate Willson (Estados Unidos). El ICIJ es una red de investigación en 50 países del mundo que opera desde el Centro para la Integridad Pública en Washington (EE.UU.). Es una organización independiente que no recibe aportes de gobiernos ni empresas. Los fondos para
el proyecto fueron del
Johns Hopkins Bloomberg School of Public Health. Para leer este trabajo que hoy sale simultáneamente sobre y en varios países, acuda a http://www.publicintegrity.org/ investigations/tobacco/.
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