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RED DE PERIODISTAS DE INVESTIGACION (2ª PARTE Y FINAL)

Paraguay surte el 10% del contrabando mundial de cigarrillos

Tanto el Ministerio de Industria y Comercio (MIC) como expertos regionales aseguran que la capacidad instalada para fabricar en Paraguay trepa a unos 100.000 millones de cigarrillos anuales, lo que representaría más de 13 millones de cajetillas diarias. La cifra alcanza para que cada paraguayo –incluyendo ancianos y recién nacidos– fume más de un cigarrillo por hora, incluso mientras duerme.


Paraguay tiene capacidad instalada para fabricar 100.000 millones de cigarrillos, en el 2006 fabricaron 68.000 millones. El mercado –dicen– consume solo 3.000 millones.

Tabacalera del Este (Tabesa) es la principal fábrica de cigarrillos de Paraguay, una moderna planta de 17.000 metros cuadrados con una capacidad de producción de 1.500 millones de cigarrillos por mes –o 579 cigarrillos por segundo–. La fábrica, localizada en la ciudad de Hernandarias, surte casi la mitad del mercado paraguayo con sus dos marcas insignias. Pero al mismo tiempo que sirve a un mercado legítimo, la compañía supuestamente provee grandes cantidades de cigarrillos que terminan contrabandeados a Brasil y Argentina. Funcionarios de aduana en esos dos países dijeron a ICIJ que diariamente decomisan más cigarrillos de contrabando de Tabesa que de ninguna otra compañía. En 2006 Tabesa fue mencionada en la Operación Bola de Fuego realizada por el Gobierno brasileño entre las empresas paraguayas cuyos cigarrillos eran supuestamente contrabandeados al Brasil.

El empresario paraguayo Horacio Manuel Cartes, quien aparece como principal accionista y director en la constitución de sociedad de Tabesa, comenzó distribuyendo cigarrillos dos décadas atrás y desde entonces ha construido un imperio que incluye un banco, un club de fútbol y varios emprendimientos agrícolas –algunos de estos negocios registrados a nombre de familiares y socios–.

José Ortiz, gerente general de Tabesa, habló con reporteros de ICIJ sobre los negocios de la compañía.

“Nosotros no sabemos dónde se consumen nuestros cigarrillos, y no es nuestro problema”, dijo Ortiz cuando se le preguntó acerca de la presencia de cigarrillos de Tabesa en Brasil y Argentina, dos mercados a los cuales la compañía no exporta legalmente. “Nosotros vendemos nuestros productos en Paraguay y pagamos impuestos internos”, agregó Ortiz, quien mencionó que la tabacalera ocupa los primeros lugares del ranking de mayores contribuyentes (el año pasado tributó unos G. 80.000 millones). “Lo que ocurre una vez que los cigarrillos salen de la fábrica no es la responsabilidad de la empresa”, dijo Ortiz, una visión compartida por otros fabricantes paraguayos.

Ortiz dijo que Tabesa no vende directamente a los minoristas, sino a cuatro o cinco distribuidores mayoristas. Nombró dos firmas mayoristas, una de las cuales, Tabacos del Paraguay, está afiliada a Tabesa. “Las demás no recuerdo”, dijo al desviar el tema hacia las compañías multinacionales de tabaco. “Ellos son los padres y los abuelos de la criatura”, dijo Ortiz refiriéndose al caso de contrabando de BAT y Philip Morris en los noventa. “Nosotros estamos reemplazando el mercado que ellos abandonaron”.

El año pasado, Tabesa entró en el mercado de Estados Unidos y está ahora certificada para vender en al menos ocho estados, incluyendo Maryland y California. Palermo está también disponible online a través de sitios que venden cigarrillos desde reservas indígenas en Nueva York, pero Ortiz negó que Tabesa esté proveyendo a las mismas, directamente. Funcionarios de Estados Unidos han identificado las reservas de Nueva York como grandes centros de contrabando de cigarrillos.

GUAÍRA: TIERRA DE NADIE

Fiscales y policías brasileños colocan a las fábricas paraguayas a la cabeza de la “organización criminal” que, según ellos, maneja el contrabando de cigarrillos en la región.

Erico Saconato, jefe de la policía federal brasileña en Guaíra, dijo que las fábricas trabajan mano a mano con “gerentes” a ambos lados de la frontera, quienes adquieren camiones y embarcaciones, sobornan a funcionarios públicos y contratan cuadrillas de jóvenes, pescadores y agricultores para transportar cargas de cigarrillos. En uno de los casos que involucra al brasileño Roque Silveira, “Zero Um”, fiscales brasileños dicen en documentos judiciales que la banda adquirió grandes cantidades de cigarrillos de contrabando “directamente de las fábricas paraguayas” para su distribución en Río Grande do Sul y ciudades fronterizas de Argentina.

“Todos los contrabandistas, grandes traficantes, en esta región son empresarios y políticos, que tienen buenos abogados y autos lujosos”, dice Saconato. “Algunos incluso son líderes de iglesias evangélicas”, alega.

La ciudad natal de Roque Silveira, Guaíra, ganó prominencia en el comercio de cigarrillos cuando los controles se incrementaron en la Triple Frontera, a partir del 2005. Hoy gran parte de la población, dicen funcionarios de la ciudad, depende del contrabando para vivir. Algunos rentan espacio en sus casas para que los contrabandistas almacenen sus cargas, otros trabajan como campanas o pasan cigarrillos a través del río Paraná. Los “paseros” ganan alrededor de 300 dólares (unos G. 1.500.000) a la semana, un salario mensual mínimo y medio de Brasil.

Marina Walker (ICIJ, EE.UU.), Mabel Rehnfeldt (ABC Color, Paraguay) y Marcelo Soares (Folha, Brasil).

Reportes de Daniel Santoro (Clarín, Argentina), Alain Lallemand (Bélgica), Stefan Candea (Rumania) y Aldo Benítez (ABC Color, Paraguay).


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Ultima actualizacion:
30/06/2009 00:00:00