Nicanor Duarte Frutos renunció a su silencio. En una larga entrevista con ABC, en su estilo explosivo aunque más autocrítico, analiza la reciente alianza de sus ex leales con los luguistas en el Senado. Reflexiona sobre la derrota del 20 de abril y aprueba la convocatoria a elecciones coloradas. Dice que no está muerto y deja entrever que no teme una pugna con Castiglioni.

–¿Por qué se llamó a silencio después de aquella frustrada incursión por el Senado?
–Generalmente los ex presidentes, al terminar su mandato, o se dedican a su familia, a escribir libros, a retirarse de la escena...
–Usted no quería retirarse. Lo retiraron.
–Yo terminé mi presidencia a los 51 años. Me frustraron la ocupación de una banca legítima por la que el pueblo votó libremente. Me retiré a la montaña, como los profetas, a observar y meditar, guardar silencio...
–Mientras tanto, sus propios amigos: Calé, Bernal, Chiola, decidieron adorar otros dioses: Filizzola, Grillón, Sixto Pereira. Le cocinaron en el Senado...
–Así mismo. Aprovecharon el torbellino y se fueron. Yo no los empujé. Tal vez creen que ya están en condiciones de demostrar que son capaces de liderar un movimiento electoral propio, no ya como parte de listas sábanas. Los diputados, que son 20, ratificaron sus liderazgos. Solamente en el Senado hicieron una opción equivocada, absurda...
–Eligieron a (Miguel) Carrizosa y se comprometieron a no reclamar su banca...
–Podían tirar mi banca a la bahía si querían, pero no terminar así, subordinados por una cuestión meramente temperamental, emocional, a un grupo que representa al riñón del luguismo, una gran fábrica de frustración y de desesperanza. Si renegaron de un colorado (por él) para catapultar a enemigos del coloradismo, entonces es legítimo que me devuelvan la banca que legítimamente me corresponde. Estoy fuera por una arbitrariedad.
–Se lo nota resentido...
–Bueno, si, en nombre de la unidad colorada, 13 senadores llevaron como jefe de un poder del Estado al senador de un partido en evaporación (por Carrizosa, de Patria Querida), con apenas cuatro senadores y rabioso enemigo que desprecia al coloradismo, para mí, que vivan la dispersión, el fracaso y la atomización. Imagínese, legitimar a un senador trucho de toda truchería como Carota Grillón, calumniador de colorados; a Sixto Pereira, perseguidor de humildes funcionarios colorados y denunciado por su propia correligionaria Aida Robles; Carlos Filizzola, detractor impenitente del coloradismo. Imagínese, colorados bailando como actores de reparto en el carnaval castiluguista...
–¿No es la vocación de poder? En 10 meses, de nuevo en el oficialismo...
–Vocación de poder es tener la presidencia y no entregar la jefatura de un poder del Estado a un partido que está en proceso de extinción por el solo deseo de pasarle la factura a Oviedo. “Vamos a cagarle a Oviedo”, dijeron. Es cierto, Oviedo actuó con altanería, pero si cagarle al otro va a ser el motor de la política y de los pactos, entonces estamos lejos de construir algo positivo para la sociedad. Consiguieron la vicepresidencia (para Martín Chiola) cuya única misión es ocupar la presidencia cuando el presidente tiene urgencia de ir al baño.
–En 10 meses ya le dieron la espalda. Se dice que usted está muerto políticamente...
–“Los muertos que vos matáis gozan de buena salud”. Como decía un hombre sufrido de la política que conoció la ingratitud, la soledad, el poder, la humillación y el reconocimiento, Winston Churchill: “la política es el territorio donde los muertos resucitan mil veces”. Yo tengo 52 años y la política fluye en mis venas y en mi corazón...
–¿Por qué no van a elecciones a ver quién es más popular?
–El partido está totalmente desarticulado, fragmentado. Las elecciones tienen que ser inmediatas. Tenemos que hacer un calendario para llegar a unas elecciones a fines de este año, a más tardar el próximo año. Que se queden los que tienen votos y que se aparten los que ya no tienen. Si llevamos al 2011 estaremos prolongando la agonía del partido.
–¿Se lanzaría de nuevo como candidato?
–Como decía un personaje nefasto de la historia política (por Stroessner): “no voy a mover un dedo, pero si me piden, reflexionaré y veré qué hacer”.
–¿Si su rival es Castiglioni?
–Blanca Ovelar le ganó a Castiglioni en las internas (de diciembre de 2007).
–Usted trampeó, dice él.
–Ese es un discurso que pretende estetizar su fracaso, de manera realmente ruin...
–¿Está de acuerdo, como dijo Lilian, en llamar para cambiar el tribunal electoral, el de conducta, para llegar a elecciones?
–Un partido en estas condiciones, sin posibilidad real de construir una oposición importante e influyente, un partido con tanta fragmentación y grupos con visiones distintas, con un complejo de culpa, necesita urgentes elecciones internas. Esta es una posición mía, pero tiene que haber consentimiento de la convención. El partido necesita una disputa para salir de su depresión anímica.
–¿Usted está preparado para esa confrontación?
–Voy a consultar, voy a auscultar. Me están pidiendo líderes de varios departamentos.
–¿Qué opina de Lilian Samaniego?
–Hace un gran esfuerzo. Ella no fue electa. Se pasa pidiendo que se respete al partido, y alguien que suplica respeto todos los días no estoy seguro de que irradie autoridad. No hay un debate en el partido sobre la compleja causa de la derrota del coloradismo.
–No se discute porque todas las culpas le atribuyen a usted.
–Se recurre a un reduccionismo torpe proclamando que soy el responsable por mi soberbia y Castiglioni por su traición. Reconozco que fui soberbio. Tampoco puedo olvidar que Castiglioni nos saboteó. Reducir la culpa a actitudes circunstanciales es negar toda la carga histórica, el desgaste, los errores del coloradismo a lo largo de 60 años.
–¿Se veía venir la derrota?
–Si vamos a hacer la autocrítica, no se puede focalizar el fracaso en mi gobierno. Los entes internacionales reconocieron que fue uno de los mejores en términos de resultados.
–No va a poder sacudirse del peso de la derrota y la llanura...
–Ese es un discurso interesado de los que quieren ser hoy líderes y que ven el camino más fácil satanizándome, incinerándome ante la gente. El 20 de abril el partido tenía 176 intendentes colorados. Tenía mil concejales, 9 gobernadores, 40 parlamentarios, todos los ministros, viceministros, consejeros, 400 presidentes de seccionales, 800 convencionales... Un partido con tanta estructura de poder no puede razonablemente tener como responsable a una sola persona.
–¿Por qué perdió, entonces?
–Se perdió por múltiples causas, sin desconocer de vuelta que tenemos nuestra cuota de culpabilidad. Tal vez es la de menor peso en la acumulación de errores a lo largo de la hegemonía.
–Se centran en su soberbia, en su discurso despectivo contra sus enemigos...
–Reconozco que me equivoqué, que actué con soberbia. El hombre es proclive a la soberbia.
–Le adjudican a su temperamento explosivo, excesivo...
–Yo he actuado con soberbia en muchos casos. A mí me gustaría preguntar a los teóricos de las ciencias sociales, a los cientistas políticos, si la soberbia puede ser la única causa de la derrota de un partido con tanta acumulación de poder y con 60 años de hegemonía. Tenemos que ser más serios los colorados y debatir cuáles fueron las causas a base de investigaciones con algún rigor científico.
–Le adjudican a su autoritarismo, su deseo de perpetuarse...
–Esa fue la percepción. Yo reconozco que mi error fue haberme candidatado a la presidencia del partido (en 2005). Pocos conocen el contexto de esa decisión...
–¿Qué le impulsó a hacer eso?
–A mí me desafió Osvaldo Domínguez. Me planteó un acuerdo político para que él descabalgue a cambio de algunas ventajas impositivas para su industria tabacalera.
–¿Extorsión?
–Yo no estaba candidatado todavía. Me dijo que si no aceptaba, él iba a ser el presidente del partido y que yo iba a cogobernar con él. Ahí decidí candidatarme. Me dijo: “no podés, porque la Constitución te prohíbe”. Pero como decía el Dr. Argaña: “la mitad de la biblioteca dice que no, pero la otra mitad dice que sí puedo”. Entonces, por salvar una situación de continuidad del modelo económico, el sistema aduanero y fiscal, además de la conservación del poder partidario y a pedido de todos mis compañeros...
–Como decía Stroessner...
–Bueno, admito que ese hecho fue el comienzo del deterioro de mi gobierno. Pero ganamos la presidencia del partido...
–Después tanteó la reelección presidencial...
–La reelección hace falta. Es absolutamente necesaria, estoy convencido.
–Impulsó la campaña para una Constituyente...
–No, ni siquiera eso. Sondeamos. Así como Lugo estará sondeando ahora. Al no haber respuesta del Congreso sobre una enmienda o una Constituyente, terminó eso. Se archivó.
–¿Hechiza el poder a los presidentes? Se decía de usted. Se dice de Lugo. Se dice de este presidente de Honduras...
–El poder genera una gran fascinación para un político de profesión y de vocación. Pero a los que ven el poder como mero instrumento de placer y de gozo individual, cuando no hay autocrítica o capacidad de ponerse límites, esta fascinación desborda, y algunos llegan al extremo de romper la institucionalidad...
–¿Quiénes los empujan?, ¿cepilleros, chupamedias, bufones?
–Es una mezcla de autocomplacencia personal y de aliento bufonesco. Coexisten esas cosas en el Palacio. Como decía Perón: “los bufones son necesarios en momentos en que los presidentes estamos deprimidos. Son los únicos que nos alientan” (se ríe)...
(continuará mañana)
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