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EL OBSERVATORIO

Historia de una calle

Ayer, cuando venía caminando, vi por fin al móvil de Essap y a sus operarios haciendo una reparación en la calle Tte. Pratts. Hace tiempo el sitio se había convertido en una suerte de arroyuelo. Me estoy refiriendo a una calle que se encuentra en las inmediaciones del barrio Sajonia, entre Cala’a y Mayor Orihuela. Estaba literalmente inundada de agua. Y ya iban por diez o doce veces (o más) los llamados que se hacían a la Essap y la Essap nunca aparecía. Pero ayer vino. Y el hecho es que llegó cuando ese precioso recapado que se hizo hace un tiempo quedó ya convertido en un camino lleno de pozos y de grietas.


Anteriormente, el agua continuaba su curso e iba a unirse con otras corrientes de agua (consecuencia de una pérdida); agua con agua se confabulaban formando un arroyo sucio. Con rapidez crecían en el arroyo las matas de arbustos desatando un olor que impresionaba a la gente de los alrededores.
A mí me duelen mucho esas escaras, esas deformidades que se formaron en la calle aquella que un domingo, sí, un domingo, fue inaugurada pomposamente por la comisión vecinal presidida por el señor Rufino Aseretto.
Esta es una historia linda. Es una historia para ser contada de manera que los demás tomen el ejemplo. Es la historia de una calle que fue refaccionada y quedó perfecta. La comisión directiva trabajó arduamente para juntar el dinero que cubriera los gastos del hermoseamiento del sitio. Usted ya sabe a qué me refiero: rifas, polladas, tallarinadas y otras muestras de buena voluntad que son visibles en el ser humano cuando la meta perseguida trae beneficios.

Pues bien. Así es como las autoridades de la Essap nos van quemando las ganas de hacer historia, de llevar a cabo planes privados de reparación, de imitar los ejemplos de los otros.
El director de la comisión directiva ya ha muerto. Porque concretó proyectos muy importantes para su comunidad y colaboró en el embellecimiento de la iglesia Virgen del Rosario, se erigió en su memoria un monolito.
Hubiera querido no quejarme. En realidad no me quejo, sino que denuncio. Denuncio la inoperancia, la falta de concreción, la incapacidad de las autoridades.
Pagamos nuestros impuestos diariamente, pero en la realidad, en el entorno, no vemos sino una decadencia ambiental que indigesta nuestros sentidos.
Ya se va haciendo hábito, letra común, esto de denunciar y no recibir respuestas.
Y eso no debe ser así.
Porque las calles viejas y arrugadas por las aguas servidas son el fiel reflejo de una ciudad que no es cuidad como debería ser, es que denuncio la inutilidad rotunda del Gobierno.

Se prometió ante las cámaras de la televisión una ciudad limpia e inmaculada.
Lo siento. Hasta el momento no veo nada inmaculado por ninguna esquina.
Pero me he perdido de lo que venía contando.
¿Por qué no vinieron inmediatamente los operadores de la Essap a cumplir con su deber de remediar los caños rotos y demás desastres que causaban ese lagrimeo constante en la calle Tte. Pratts?
En el momento de hacerse un reclamo ya deberían presentarse los operadores en el sitio indicado. A los inútiles, a los que llegan tarde, hay que barrerlos pronto.


delfina@abc.com.py


Delfina Acosta

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Ultima actualizacion:
08/07/2009 00:00:00