El exilio del dictador marca el final de un mito
A las 15:50 del 5 de febrero de 1989 despega del aeropuerto internacional el avión de Líneas Aéreas Paraguayas. Lleva al general Alfredo Stroessner camino al exilio. Dos días antes había sido desalojado del poder, que lo retuvo con mano despiadada por casi 35 años. La máquina es la misma que lo conducía al exterior y a cuyo regreso le esperaban una multitud que lo vitoreaba y montaña de telegramas que expresaban el júbilo por sus éxitos en el extranjero, aunque fuese una visita protocolar. Esta vez ya no volvería.
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Desde las primeras horas de su estada en el Primer Cuerpo de Ejército como detenido, se manejó la idea de enviarlo a los Estados Unidos de Norteamérica. No le gustó a Stroessner este plan “porque no hablo inglés”. Quería ir “a un país vecino”. O sea, Brasil, al que estaba ligado desde siempre.
En su primera reunión con la prensa brasileña, en Itumbiara, el dictador dijo haber optado por el Brasil “porque tiene antiguos vínculos personales y porque durante su gobierno mantuvo reiterados contactos con autoridades locales, especialmente de los Estados del sur del país”. Sin sorpresas para los periodistas, Stroessner dijo sin ruborizarse que había gobernado “con la Constitución y las leyes en la mano”.
No pensaron lo mismo las más de 1.000 personas que se habían agolpado en el aeropuerto para gritarle “¡Que se vaya! ¡Que se vaya!” y la cantidad incalculable que en el amanecer del 3 de febrero, frente al Panteón de los Héroes y en el resto del país, expresaron el alborozo que tardó en llegar.
Cuando la máquina de LAP se perdió entre las nubes, quedó para los malos recuerdos más de tres décadas de una dictadura inmisericorde que torturaba, mataba, exiliaba a dignos ciudadanos que sólo querían un país en libertad.
Stroessner viajó con su hijo Gustavo y con su nuera. Es posible que en las dos horas y media de vuelo en algún momento padre e hijo conversaran sobre la situación que les tocaba vivir. Tal vez el coronel le recordó su insistencia en darle noticias de la conspiración; tal vez le reprochó su descreimiento por los preparativos que en los últimos días eran ya una exhibición pública. Es posible que Gustavo le dijese que esa indiferencia les conducía al exilio cuando se ha tenido tiempo de evitarlo. Y tal vez, también, la respuesta fuese el mismo silencio, o el mismo fastidio, cuando se le anunciaba los planes golpistas.
Acerca de la inacción de Stroessner había corrido el rumor de que se trataba de un autogolpe. Experto desalmado en desbaratar hasta la sombra de una conspiración, extrañó que no reaccionara en el único momento en que seriamente se proyectaba su caída.
También el dictador, como sus adherentes, hablaba de la firmeza para defender los beneficios de su gobierno. “Los delincuentes comunes -dijo en varias ocasiones- los promotores de revoluciones, los traficantes de la dignidad nacional en tierras extrañas no tienen el derecho de reclamar un sitio de honor entre nosotros, porque ellos son los enemigos irreconciliables de este progreso que, no pudiendo negar, tratan de callar en sus proclamas, en sus manifiestos y en sus panfletos incendiarios”.
Decía también: “...no existe ni existirá debilidad alguna en nuestras decisiones patrióticas e inspiradas en el más puro paraguayismo, cuando debe defenderse a todo trance el imperio de la Ley, la paz y la felicidad de los hogares de la República...”
¿Autogolpe? Tal vez no sea la palabra exacta, pero sospecho que por lo menos dejó que el proyecto rodara sin contratiempos. Viejo, cansado, enfermo, tal vez ya no tenía la paciencia de seguir escuchando los gritos de lealtad eterna. Los dos últimos años, sobre todo, habrá sido para él como una molestia de moscardón escucharle a Sabino Montanaro, Eugenio J. Jacquet, Delfín Ugarte Centurión, Martín Chiola, Mario Abdo Benítez, Ezequiel González Alsina, Manuel Esquivel, y tantos otros, repetir sin descanso la letanía de “Con Strossner, hasta las últimas consecuencias”. O a Ramón Aquino ofrecer su batallón de asalto o a Pastor Coronel, sus macheteros de Santaní. Con su reconocida astucia, el dictador habrá visto que tanta palabrería sólo escondía una adhesión interesada, circunstancial. Si fue así, no se ha equivocado. Un solo civil, el escribano Benítez Rickman, secretario de Información, estuvo a su lado en el refugio del Estado Mayor.
Desde su exilio en Toulouse, Francia, Augusto Roa Bastos dijo acerca del golpe que “de momento, el resultado más positivo es que se acabó con el falso mito de poder absoluto del dictador Stroessner. El hecho mismo de que haya una sublevación viene a confirmar el final del mito”.
También desde su exilio en París, Rubén Bareiro Saguier dijo que “se declaraba dispuesto a volver inmediatamente a su país”
EL JURAMENTO DE RODRIGUEZ
Poco después de las 17:00 del día 3, en medio del alborozo que subía de las calles, el general Rodríguez juró en el Palacio de López como presidente provisional de la República. Cuando salió al balcón del palacio fue recibido por un prolongado aplauso de los miles de ciudadanos que lo esperaban expectantes.
Los canales de televisión llevaron al país y al mundo las imágenes de un acto inédito en el que se anunciaba la instalación de la democracia y el respeto a los derechos humanos. Las cámaras se detenían, como una expresión de humor negro, en los rostros conocidos que en la víspera aún respondían a la dictadura. Se cuenta que Stroessner comentó que era el único que faltaba en el palacio.
Acto seguido, el presidente provisional tomó juramento a nueve de los 11 ministros que integrarían su gabinete. Del anterior, el único confirmado fue el ministro de Agricultura, Hernando Bertoni.
EL REGRESO DE LOS EXILIADOS
Los sucesos de la noche del 2 y la madrugadas del 3, fueron de inmediato difundidos por los medios entonces disponibles. Muchos de los exiliados en la Argentina, Brasil, Francia, Alemania, Suecia, y otros países, en las primeras horas se mostraron escépticos. Creyeron también, como muchos en el Paraguay, que se trataba de un autogolpe, por la persona que lo encabezaba, consuegro del dictador; que era sólo un movimiento de reacomodo y que no tendría mayores consecuencias para una auténtica vida democrática; que era un problema entre colorados y que todo seguiría igual, pues se anunciaba que retomarían la conducción de la Junta de Gobierno los mismos políticos que habían exigido o permitido el exilio de miles de compatriotas.
Mucho de esto hubo. Desde la realidad de esos días se justificaba el temor de los exiliados, sobre todo colorados. El regreso de éstos pronto se encontraría con el desencanto. Los contestatarios nuevamente se quejaban de la exclusión en la vida partidaria, copada por sus antiguos adversarios que se habían entregado al dictador.
El padre Antonio de la Vega fue el primer exiliado que llegó tras el golpe. Había sido expulsado el año anterior acusado de exhortar a la violencia. En entrevista con José María Costa, de Ultima Hora, ironizó su caso: “Yo no exhorté a la violencia. De eso se me acusó falsamente, y quizás siguiendo con eso, yo sería el autor moral de todo lo que sucedió. Después de tanto lío que he tenido, resulta que todo el mundo está contento y feliz con lo que ha pasado”.
Poco a poco regresaban los exiliados luego de 32, 30, 25, 20, 15 años de forzada e inhumana ausencia.
Comenzaba así la verdadera reconstrucción nacional, aunque por el camino se encontrarían incontables obstáculos que hasta hoy dificultan la vigencia plena de la democracia.
Alcibiades González Delvalle
alcibiades@abc.com.py
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La clausura del diario ABC Color
Como uno de los coletazos finales del stronismo por intentar acallar a la prensa libre, el dictador Stroessner dispuso la clausura del diario ABC Color el 22 de marzo de 1984, mediante la resolución Nº 227, firmada por su ministro del Interior, Sabino Augusto Montaro.
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Como en toda dictadura, el gobierno no aceptaba una prensa que no comulgue con sus intereses, y, evidentemente, a Stroessner le molestaba ciertas publicaciones del diario ABC Color en relación a la corrupción en las instituciones del Estado.
UN CASO CONCRETO
La defensa de los intereses nacionales en Itaipú: Desde la firma del tratado en 1973, ABC Color defendió el derecho paraguayo de la libre disposición de la energía eléctrica no consumida para negociar a un precio de mercado con cualquier otro país que desee comprar nuestro excedente. ABC cuestionaba (y lo sigue haciendo), por un lado, el irrisorio precio que Brasil debía pagar por la energía excedente paraguaya, y por el otro, el complaciente actuar de los negociadores paraguayos.
LAS CAMPAÑAS PERIODÍSTICAS DE ABC EN CONTRA DE LOS NEGOCIADOS
El diario ABC publicó varias campañas periodísticas que denunciaban los negociados y explotación en instituciones públicas, lo cual “irritaba” al gobierno de Stroessner.
Un ejemplo de ello es una de las primeras series denominada “Amarga caña dulce”, que hacía mención sobre las condiciones en que se encontraban los productores de caña dulce de la región del Guairá, sometidos al arbitrio de un empresario azucarero. La serie fue escrita por los periodistas Luis Alberto Mauro y Alcibiades González Delvalle en el año 1971, y otra serie, en 1975, por González Delvalle.
FALAZ ARGUMENTO
El argumento del gobierno de Stroessner por el cual dispuso la clausura del diario ABC Color se sintetiza reproduciendo el “VISTO” de la resolución Nº 227 del Ministerio del Interior, que expresaba taxativamente que el diario “ABC Color ha violado sistemáticamente y con conocimiento de causa los principios de la Carta Magna, en un afán permanente de subvertir el orden público, poniendo en peligro la paz de la República y la estabilidad de las Instituciones, con la prédica diaria de opiniones de corte sedicioso, ya sea en sus editoriales o sirviendo de vocero de grupos políticos irregulares, desprovistos de sustentos jurídicos e institucionales, promoviendo así un estado de confusión, de intranquilidad en la opinión pública y creando alarma social”.
EL DÍA “ANTES” DE LA CLAUSURA
Una serie de rumores se venia tejiendo en torno a la clausura del diario ABC. Se especulaba que el director (que se encontraba preso) sería deportado, de su posible confinamiento al Chaco, de una intervención militar al diario, etc.
Un indicio que levantó la sospecha generalizada en la ciudad fue que la sesión de la Junta de Gobierno del Partido Colorado se prolongó mas de lo debido, fue larga y ultra reservada, y nadie quiso hablar al respecto.
La confirmación del rumor se dio esa noche cuando el Dr. Adolfo Rufo Medina, asistente de la dirección, recibió el llamado de una persona amiga al diario, quien recibió “el dato” de muy buena fuente.
Un periodista del diario fue para corroborar la información con la “fuente”, quien le dio a entender que efectivamente había una decisión tomada.
EL DÍA DE LA CLAUSURA
La incertidumbre se apoderó de los trabajadores del diario la mañana del 22 de marzo de 1984. A media mañana algunas fuentes confirmaron confidencialmente el trascendido, mientras, un funcionario del Ministerio del Interior ya se encontraba en el diario con la resolución en mano.
El director de Política del Ministerio del Interior llegó a la oficina de la dirección para hablar con un responsable del diario.
El texto de la resolución Nº 227 fue leído por los directivos de la empresa y luego fue leído a los funcionarios del diario.
Cerca del medio día fue desalojado el local de ABC sin que ninguna persona pueda permanecer dentro o entrar a él después de su clausura. El local quedó cerrado bajo llave.
Como no podía ser de otra forma, muchos ciudadanos se unieron a los funcionarios y periodistas que se encontraban en la calle.
No faltó la cuota de represión. El periodista José Luis De Tone fue detenido brutalmente por los policías, por cantar el Himno Nacional. Así, De Tone se sumó al director del diario, quien estaba detenido en el cuartel central de la Policía.
SOLIDARIDAD NACIONAL E INTERNACIONAL
Con el silencio de ABC, las voces de solidaridad y condena a tal medida no se hicieron esperar. Políticos opositores, embajadas extranjeras, organizaciones internacionales, diversas asociaciones y medios periodísticos internacionales manifestaron su repudio al gobierno y se mostraron solidarios con el diario y su director.
REAPERTURA
Un poco más de 45 días después de la gesta cívico-militar, exactamente cinco años después de su clausura, ABC Color volvió a las calles el 22 de marzo de 1989 para participar, junto a la población, de una nueva época en el Paraguay.
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