Lugo y el golpe
Quizá no lo veía tan cerca, pero sabía que en cualquier momento podría ocurrir, así lo deseaba, así lo sentía, al igual que sus alumnos seminaristas en Lambaré.
Un amigo lo visitó el 2 de febrero y le advirtió que se aleje de Asunción y vaya a Caacupé porque “algo” ocurriría.
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A sabiendas que sus hermanos se encontraban exiliados y su familia perseguida por la dictadura de Stroessner; aquel sacerdote que ejercía la misión pastoral en el Seminario en la ciudad de Lambaré, dio crédito a la advertencia y se dirigió a la ciudad de la Virgen.
En Caacupé debía encontrarse con aquel amigo en una hora pactada, pero como no lo encontró y “no es de esperar”, volvió nuevamente a Asunción en horas de la noche y se encontró con la noticia del golpe de Estado. El amigo estaba en lo cierto.
Según sus propias expresiones, este hecho cambió “definitivamente” la historia política del Paraguay, y por otro, marcó quizás, el inicio de un cambio radical en la vida de quien hasta ese momento se dedicaba a dar cátedras de teología a los “inquietos” seminaristas y acompañar a los “sin tierras y desposeídos”.
Hablamos del presidente Fernando Lugo Méndez, quien relató a ABC Digital en que situación lo encontró el 2 y 3 de febrero con la caída de Stroessner.
“Recuerdo como si fuese ayer”, fue su primera frase y empezó el relato de lo que vivió Fernando Lugo en aquella fecha.
“Ese día 2 de febrero (1989), un amigo me visita, yo estaba en el Seminario como formador en Lambaré (...), aquel día el amigo me dice: \'hoy no tienes que estar por Asunción, tenés que salir de Asunción, no te puedo decir mas, nos vemos en Caacupé\'. Bueno, yo le di crédito a lo que me decía este amigo, y como a las 6 de la tarde salí hacia Caacupe, porque a las 7 teníamos que encontrarnos”, relata Lugo sentado en un sofá del Mburuvicha Róga, mientras bebía un sorbo de mate.
En un tono humilde, Lugo aceptó que no es una persona “de esperar”, razón por la cual, al no encontrar a su “amigo” en Caacupé, decidió volver a nuestra capital.
Al regresar a Asunción, no se percató de lo que estaba por ocurrir, “al parecer todo era normal”, señaló. Hasta que al regresar al Seminario, escuchó los primeros disparos, lo cual le “llamó poderosamente la atención” y le hizo entender la nueva situación.
Es así que escuchó por la frecuencia de Radio Cáritas las primeras noticias de que un golpe se avecinaba para derrocar a la dictadura.
NOCHE DE CALOR EN EL SEMINARIO
La calurosa noche del 2 y madrugada del 3 de febrero de 1989, lo encontró al sacerdote y formador en teología Fernando Lugo en el Seminario; quien, junto a sus alumnos, siguió paso a paso todo lo que ocurría. “Y ahí nos quedamos (seminario)” señaló el ahora presidente del Paraguay.
“Yo creo que fue la noche en que el pueblo no ha dormido”, fue la expresión que sintetiza lo que vivió Lugo esa noche y madrugada.
UN AMANECER DIFERENTE
Al evocar la mañana del 3 de febrero cuando cayó la dictadura stronista, Fernando Lugo lo calificó como un “amanecer diferente” para la sociedad paraguaya, de “algarabía festiva”, donde él mismo, como uno más, se sumó a la gente que salió a recorrer las calles de Asunción a manifestar su alegría. “Aquella mañana fue inolvidable”, recordó Lugo.
Por otro lado, destacó lo que implicaba en ese momento los nuevos tiempos con la libertad de expresión, y al tratar de argumentar su idea, lo asoció, casi por “inercia” con un vídeo que lo vio y se le quedó plasmado en la mente.
“Yo recuerdo, hay algunos vídeos por ahí, (donde aparece una persona) con una camiseta de ABC color sobre una moto, y la esperanza de que ABC pudiera reabrirse era una gran ilusión para tanta gente (...)”. “Creo que esta todavía en ese vídeo el ambiente festivo que se vivía”.
Este fue el breve relato del presidente del Paraguay, Fernando Lugo, acerca de lo que vivió en la memorable noche del 2 y amanecer del 3 de febrero de 1989, cuando ejercía la vida pastoral, que marcó profundamente su vida, y que le guió a seguir en sus convicciones de ayudar a los demás, sin mirar su afiliación política o extracto social. Convicción que lo catapultó, casi sin querer, a la vida política.
En una extensa entrevista con ABC Digital, Fernando Lugo habló acerca de lo que le tocó vivir durante la dictadura de Stroessner, sobre su familia, su vida sacerdotal, sus expectativas, su visión política y los cambios en su vida que lo llevaron a ocupar el sillón presidencial de los López.
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20 años atrás
La dictadura era la humillación constante, la herida purulenta de nuestra cotidianeidad. Mi vida había transcurrido, prácticamente desde los primeros recuerdos conscientes, ligada a una sensación de inseguridad y de censura que envolvía al secreteo familiar, a las lecturas prohibidas, a los textos escolares, a los obligados desfiles y festejos, que nos imponían la vergüenzas de honrar al tirano.
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Siempre abrumados por la sombra de un delator o el abuso de un funcionario. Reprimiendo el asco que nos producía nuestra propia impotencia, y que compensábamos con pequeñas rebeldías, como escribir un reportaje un poco más osado, esconder a un compañero “marcado”, ocultar en la maleta las cartas de un desterrado, o simplemente reunirnos a desentonar canciones y consignas resistentes.
Sufríamos por ese entonces, el enorme castigo de la proscripción en el oficio. El cierre de ABC y el de Radio Ñanduti, nos había impuesto la condena de no poder trabajar. Con una que otra changa, salvávamos el puchero y tratábamos de creer en versiones sobre carcinomas y lacras en la salud de Stroessner.
Nadie hubiera dado crédito a un rumor que predijera el devenir de los hechos. Aun cuando se hablaba de intereses encontrados, en los mercados cortesanos, el desenlace sonaría absurdo.
Pero se dio. Y no sólo fue un Día de Gloria, como se llegó a temer, en el sentido que estábamos cambiando de un dictador por otro. Sino que el general Andrés Rodríguez, aun preservando el esquema de negocios irregulares, optó por garantizar las libertades políticas y ciudadanas , la realización de una Constituyente plural, y la institucionalización de la República.
El 3 de febrero de 1989 Andrés Rodríguez abrió las puertas hacia la libertad.¿ Cuánto hemos sabido aprovecharla en estos 20 años? Es otra historia, en la que aun quedan por escribir los mejores capítulos.
Pepa kostianovsky
pkostianovsky@abc.com.py
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