Fiestas: Navidad | Año Nuevo | Reyes
Desde semanas atrás, las cigarras anuncian, con su ronco y estridente chirriar, la cercanía de las fiestas de fin de año. Desde semanas antes, el paso de los días es un permanente esperar, lleno de ansiedad y esperanza.
La Navidad paraguaya es colorida y fragante. Aromas de melones, mangos, naranjas, aratiku, guavirá, yvaviju, parrales, piñas y un sinfín de frutos de la tierra, sin olvidar las sandías, los melones, los zapallos y las calabazas, que desparraman sus fragancias dando el marco oloroso, saludando al Niño siempre bienvenido.
Es tan característica nuestra Navidad... Tan diferente en su forma y tan igual en su esencia a otras Navidades. A Navidades de otras latitudes.
Luego de la Fiesta de la Patrona, que es el 8 de diciembre, se da inicio a la "Navidad en Familia", que es la novena de preparación para la Noche Buena.
En la Noche Buena las familias van a la Misa del Gallo y luego comparten en la mesa familiar la cena preparada con comidas y bebidas típicas, donde no puede faltar la sopa paraguaya, el chipa guasu (a base de choclo) y el refrescante clerico hecho con frutas de estación, vino tinto y abundante hielo con un poco de azúcar.
Los niños visitan los pesebres del barrio y cantan villancicos y en agradecimiento los dueños de las casas les dan golosinas y refrescos. Como los paraguayos en su gran mayoría son muy católicos, en todos o casi todos los hogares se hace un pesebre bien decorado con elementos de la naturaleza cosa que se repite la mañana del 25. Así como la visita a los vecinos y familiares y se comparten peñas entre amigos. Es una fiesta que se celebra con toda la familia, ya que por lo general las personas viajan a la casa de los familiares en el interior del país o viceversa.
Los jóvenes pasan la medianoche del 24 en casa de sus padres y por lo general se quedan a compartir con la familia, aunque algunos salen a bailar luego de la cena.
El 31 es lo mismo, sólo que es más la cantidad de jóvenes y no tan jóvenes que salen a bailar recibiendo al nuevo año.
Los Reyes Magos también son recordados guardándose las tradiciones de ofrecer juguetes a los niños el día 6 de enero de mañana temprano.
En nuestro medio, esa manera de festejar la Navidad, simbolizada en un tierno Niñito pesebrero, caló hondo, porque hay elementos que, también, desde siempre estuvieron vigentes en las expresiones culturales de nuestra gente: las duras condiciones de supervivencia de un pueblo con una incipiente agricultura, como eran las naciones guaraníticas, dependían del jopói, de la solidaridad, para salir adelante. Nada se podía si no era junto con los demás.
Echar montes, abrir abras, cultivar, cazar, recolectar... Y ni qué decir, defenderse de pueblos hostiles. La gran diferencia es que en estas latitudes, el clima es benigno -muy benigno..., hasta la exageración si se quiere- y la Naturaleza pródiga: Pasado el tiempo de Karai Octubre, la tierra se muestra generosa, estallando en oro: los rubios penachos de los maizales, las fragantes flores de cocoteros llenan de aroma diciembre y enternecen el alma.
Y quién más, quién menos, abre su corazón al prójimo, estrechando lazos y testimoniando sus sentimientos fraternales.
En nuestras Navidades el símbolo no es el abeto ni alguna otra conífera. Es otro árbol, bien diferente, de tallo desmesurado y de copa empenachada, de dorada floración, de frutos generosos, cuyas espinas le dan un aspecto fiero, aunque la realidad es otra. Es tan generoso ese árbol, que no solo nos brinda el alma navideña. Da forrajes para los animales, troncos para edificaciones -y hasta para techados-, fibras para cordeles y hamacas, pulpa para harina, aceites, jabones y un sinfín de otras ventajas. Es el cocotero. En estas fiestas findeañeras, está bien que nos prodiguemos en generosidades, pero no depredemos tanto. No abusemos tanto con el tema de la flor de coco para aromatizar nuestro entorno. Tengamos en cuenta que el cocotero es un árbol generoso y que salvó al paraguayo en muchas circunstancias difíciles. Y de la flor sale el fruto y del fruto sale el aceite. o -ahora- el biodiesel. Cuidémoslo, pues su condición de alternativa energética puede ayudarnos a solucionar ingentes problemas; especialmente uno, que es clamor de mucha gente: trabajo.
La elaboración de pesebres rústicos y las representaciones de los mismos por actores mantienen viva la tradición de la Navidad en Paraguay, pese al aumento de las costumbres y celebraciones adquiridas de otras culturas.
No pueden faltar en un pesebre paraguayo, además del Niño Jesús, María, José y los tres Reyes Magos, los animalitos de barro que dan el colorido especial a esa representación, así como las frutas de la estación como la uva, la sandía, el melón, la piña, entre otros, que son ofrecidos como ofrendas.