Un inusitado movimiento en el país nos señala la existencia de nuevos aires para discutir y disputar derechos laborales, de tierras y de remover la estructura productiva. Aire complejo, de grandes expectativas y poca fuerza institucional del proyecto en el gobierno, con un obispo de presidente. ¿Aires de teología de la liberación y de opción por los pobres?

Lugo y la gente. La esperanza depositada en el nuevo presidente del Paraguay es muy grande. Lugo les pidió sumarse al proyecto de transformación.
Llegó nomás el día señalado. Llegó con sus viejas pinturas en las paredes de la ciudad y brotes de tajy en el asfalto. Llegó con sol de otoño y un airecito mañanero de esos que espantan malos espíritus, limpian los ojos y vuelve más intenso el color de las cosas. Ese aire que seca la humedad de la tierra, la madera y cartones de los ranchos rurales y citadinos. Buen clima para la siembra y la cosecha. Para sacar la ropa al sol y antiguas fotos del baúl o de la memoria. Para ir a la plazas del microcentro con banderitas, el termo de tereré y reconciliarse con la ciudad y sus calles. Buen día también para el asadito, el tallarín de la madre, el fútbol, el vóley y las loterías familiares; o para una ocupación de tierra nos enumerarían desde San Pedro.
El día señalado llegó finalmente. Mucha gente, en el desahucio, cargó casi toda su esperanza en él.
“Hay un antes y un después del 15 de agosto de 2008. Ustedes lo verán”, aseguró anteayer Ernesto Cardenal luego de recorrer las salas de tortura de la ex Técnica (Museo de la Memoria, Chile casi Manuel Domínguez).
Con su Nicaragua en el corazón, su boina y su poesía revolucionaria, Ernesto vino a presenciar a un ex obispo, al igual que él, asumiendo la presidencia de la República. ¿Sintió aires de teología de la liberación y de opción por los pobres? ¿Cruz y revolución? Esos aires de las ligas agrarias cristianas, aniquiladas por la dictadura stronista en un momento en que el régimen saqueaba tierras y las regalaba a sus socios, ¿renacen y se recrean en Fernando Lugo y su proyecto político?
El día señalado llegó nomás. Fernando Lugo juró como presidente de la República frente al presidente del Parlamento, el senador Enrique González Quintana, un antiguo buey de la política tradicional paraguaya. De los tantos que ocupan bancas parlamentarias y se han repartido también las tierras entre socios.
EL DOLOR PARAGUAYO
Después leyó un mensaje para ese pueblo que lo ungió. Recordó a Rafael Barret en “su dolor paraguayo”, a Augusto Roa Bastos y Elvio Romero, y en sus nombres nombró a los destinados, a los desheredados de este país.
En la dirección general de su mensaje a la población, rescatamos este párrafo: “Hoy termina un Paraguay exclusivo, un Paraguay secretista, un Paraguay con fama de corrupción; hoy se inicia la historia de un Paraguay cuyas autoridades y pobladores serán implacables con los ladrones de su pueblo, con acciones que nublen la transparencia y con aquellos pocos dueños feudales de un raro país del ayer enclavado en el presente”.
“Que cambie todo”, gritó un joven desde la plaza, envalentonado con el discurso presidencial. El joven, Juan Britos, tiene sus derechos conculcados: no estudia, hace changas, cría caries y come mal. Además, deben mantener con su pareja a dos críos. Entre los invitados, señudos muchos, sin embargo, las miradas se cruzaban como indiferentes, medio tiesas, y el propio vicepresidente de la República, Federico Franco, se mantuvo por mucho tiempo con el rostro serio.
Ni siquiera se relajó cuando estuvo como dos horas al lado del nuevo presidente mirando el desfile militar.
“Estamos viviendo un día histórico”. Esa es la frase que más veces se pronunció ayer.
LOS AIRES
La conferencia de Eduardo Galeano (autor de las “Venas abiertas de América Latina”), en el Teatro Municipal, nos recordaba que otros aires empezaban a respirarse, luego de un largo período en que el orden solo tenía como respuestas la cárcel, la muerte o el “ninguneo”.
La presencia de los presidentes del “eje del mal” Evo Morales, Hugo Chávez y Rafael Correa, el gran movimiento artístico, los debates paralelos, el congreso de trabajadores en el Consejo Nacional de Deportes, los festivales con invitados internacionales de la talla de Frank Delgado (de la nueva trova cubana), Teresa Parodi, “Atajate Catalina” o el inusitado concierto de Berta Rojas y Luz Bobadilla juntas, parecen confirmar que “algo pasa en Paraguay”.
El Partido Colorado, brazo principal de un orden económico oligárquico que instaló la dictadura stronista, dejaba formalmente la presidencia de la República.
Es lo más parecido a una transición. Podría terminar la Guerra Fría y discutirse más abiertamente los grandes temas nacionales e internacionales, como el modelo agrícola, la concentración de la tierra, el modelo de reexportación, las redes energéticas, las trasnacionales, o las binacionales hidroelétricas.
El día señalado llegó. Para la mayoría con un barco de esperanzas en un puerto que asfixia de pobreza, de robo cotidiano e histórico.
A punto de desfallecer en manos de un orden cerrado, que asfixia, destierra y violenta todas las relaciones sociales, se abre una válvula para disputar derechos, conquistar más espacios, recuperar las tierras, el agua contaminada por los agrotóxicos, el sistema de salud que se organizó para servir mejor a la gente rica.
Habrá idas y venidas, presiones de todos lados. Los nombrados por Lugo, los “sin nadie”, tendrán siempre la Constitución en favor, pero todo el orden de represión (si no la ley, el inciso, los procedimientos, el garrote) en su contra. Lugo habló de concertación. Las fuerzas disparadas por largos años de saqueo, sin embargo, traen la flecha interna de la confrontación. ¿El nuevo Estado podrá ser un buen árbitro?
jbenegas@abc.com.py
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