El traspaso de mando realizado ayer puso en evidencia cómo el poder dejó en la más absoluta soledad a quien lo detentara con tanta soberbia en los últimos cinco años. Nicanor entregó los atributos presidenciales sin pena ni gloria y terminó abucheado por el público al solo oír su nombre.

Enemigos como Lino Oviedo y Juan C. Wasmosy compartieron ayer el mismo espacio. Junto a ellos, Gloria Penayo de Duarte.
Fue la madrugada más larga. La tenue neblina apenas se disipaba y la gente iba llegando a la Plaza del Congreso.
Sin embargo, a la vuelta de la cuadra se notaba la transmutación del poder, la soledad y el vacío que deja el perderlo. El canto del pitogüé y la espera en formación del escolta presidencial para despedir a Nicanor Duarte Frutos en sus últimos minutos en la presidencia de la República marcaba todo.
Eran las 07:40 cuando empezó a sonar la marcha presidencial, la última para el Tendota. Minutos después, llegó en su automóvil Peugeot gris metalizado.
Bajó por la derecha con el rostro adusto y desencajado. Luego, vino una sonrisa fingida y muy forzada. Daba la sensación de que no había conciliado el sueño. Tenía puesta por última vez la banda presidencial y portaba el bastón de mando.
Del lado izquierdo bajó radiante y sonriente su esposa Gloria Penayo. Ambos tomados fuertemente de las manos subieron las escaleras para ingresar a la sede del Congreso donde los recibieron los integrantes de la mesa directiva y algunos miembros de su gabinete saliente.
Los periodistas los rodearon y preguntaron:
-“ Presidente, ¿cómo se siente?”.
-Bien, bien... respondió a secas e ingresó de inmediato a la sala de sesiones.
Improvisó un discurso y sus palabras ya no sonaban con la soberbia de los tiempos electorales. No podría haber ocultado el sabor amargo en su última alocución presidencial. Dijo que se estaba cerrando un largo ciclo de intolerancia y que puso todo el empeño por la patria y la nación. Como si buscara excusas, afirmó que gobernar un país tercermundista, como el nuestro, es dramático y parafraseó a Lula: en nuestros países uno se acuesta con el desencanto y las frustraciones del día y se despierta con la incertidumbre de lo que vendrá.
Entregó los atributos presidenciales al titular del Congreso, Enrique González Quintana, y se retiró con el mismo son presidencial, firmemente agarrado de las manos de su esposa. Habrá durado unos 20 minutos.
LA OTRA CARA
La Plaza del Congreso para entonces ya era un hervidero de gente. Campesinos, simpatizantes liberales con sus pancartas y banderas, los del P-MAS, los del Partido Comunista Paraguayo, las víctimas del Ycuá Bolaños, paraguayos que vinieron de la Argentina. Todos aguardaban el momento del cambio mientras iban llegando los invitados especiales y el público anónimo.
El maestro de ceremonias, Mario Ferreiro, iba anunciando a los que llegaban. Tabaré Vázquez fue el primero, lo recibieron con fuerte aplauso al igual que a Rafael Correa, de Ecuador, quien fue el segundo.
Se sumaron Michelle Bachelet, el príncipe heredero Felipe de Borbón; Cristina Fernández de Kirchner; Hugo Chávez, uno de los más aplaudidos, aunque en medio de todo José Luis Simón le espetó “dictador”.
Luego vinieron Lula da Silva, a quien la gente empezó a gritar: “Itaipú, Itaipú” y Evo Morales, otro de los más aceptados.
En un momento, Mario Ferreiro anunció que se encontraba en el lugar Nicanor Duarte Frutos. El largo abucheo no se hizo esperar y la gente pedía “Fuera, fuera...”. Fue una falsa alarma, pues el ex mandatario ya se había ido del Congreso.

El rostro adusto de la llegada lo dice todo. Nicanor no soltó a su esposa.
CON CAMISA Y SANDALIAS
En tanto esto ocurría, el flamante presidente electo aguardaba en la Casa de la Independencia. No realizó la caminata, por recomendación de la seguridad presidencial.
A las 08:40 subió Fernando Lugo al escenario entre la ovación popular. Vestía camisa de ao po’i impecablemente blanca, pantalón gris y sandalia marrón.
Cinco minutos después se reinició la sesión del Congreso y vino la entonación del Himno Nacional, en castellano en la versión de Estela Vera Díaz y en guaraní a cargo de Ricardo Flecha.
Otro de los abucheos fue para el senador Lino César Oviedo, quien leyó la resolución que proclamaba a Lugo.
Siguió la imposición de la banda y el bastón de mando con el juramento. Su voz irrumpió como un trueno: “Sí, juro” y empezó a escucharse la salva de 21 cañonazos. La gente respondió con Patria Querida.
El presidente del Congreso, Enrique González Quintana, dio un discurso en guaraní cargado de frases poéticas y a las 09:00 empezó el mensaje de Lugo. Hizo una introducción en guaraní y pidió permiso para seguir en español en honor a los invitados extranjeros y habitantes de otros puntos del planeta: “La digna estirpe paraguaya despierta nuevamente....”, arrancó.
Cuando terminó de hablar el Grupo Sembrador cerró el acto con el “Canto de Esperanza” acompañado de aplausos. Luego firmó los decretos y juraron sus ministros.
RECLAMOS A KIRCHNER Y LULA
Eran las 10:00 cuando finalizó el acto central. Varios mandatarios fueron caminando por la Avda. República hasta la Catedral para el tedeum. Cristina Kirchner se acercó a la valla a saludar. Unos la elogiaban y otros pedían: “bajá la cota, bajá la cota...” (de Yacyretá).
Una hora después, Lugo se dirigía hacia la Catedral por El Paraguayo Independiente a bordo de un jeep militar escoltado fuertemente por los jinetes del regimiento Acá Carayá.
En la explanada, a la salida, nuevamente Lula fue abordado por un grupo encabezado por el abogado Heriberto Alegre para reclamarle “renegociá Itaipú”.
El programa siguió con el saludo de los presidentes y jefes de misiones en el Palacio de López para concluir con el desfile a las 14:00, una hora más de lo previsto.
El palco oficial de la parada militar y policial fue compartido por Lugo con varios mandatarios, ministros y sus hermanos Pompeyo y Mercedes, la primera dama.
El microcentro se volvió un escenario de fiesta popular como nunca antes.
Cuando terminó el desfile, las murgas del grupo “Che Burrito”, seguidas de la multitud, intentó copar la calle del Palacio de López, pero el cordón de seguridad los detuvo.