Los Juegos Olímpicos de Pekín han dejado, para el deporte paraguayo, un sabor amargo, y una sombra de dudas ennegreció el panorama del Comité Olímpico local, responsable de la gestión deportiva vinculada con el olimpismo en nuestro país. Pero este punto, el que afecta al COP, no es el objeto de este comentario, pues su tratamiento merece mucho más que el ligero juicio de un artículo periodístico, escrito a vuela máquina.
Pero lo otro sí: el sabor amargo del que hablamos es el que produce ver brillar en el cielo olímpico refulgentes luminarias olímpicas mientras que nuestros humildes candiles no alcanzan sino para repetir un sempiterno “estuvimos presentes” y “ganamos experiencias”.
Si bien es cierto que Genaro Prono dejó entrever que hay pasta para más, y que su marca estuvo –por cuestión de centésimas– a punto de ubicarse entre los 16 mejores del mundo; para llegar a esa meta hay que trabajar duro, entrenar como loco y competir en todas las competencias del más alto nivel. El futuro de Genaro Prono está en el exterior. Aquí, entre nosotros, será una promesa más como las muchas que ya nos han regalado nuestros deportistas y que se han frustrado por la falta de medios.
El fútbol renunció desde un principio por razones poco entendibles y menos creíbles a luchar por la defensa de su medalla de plata. Una medalla que costó sacrificio, sudar y sangre conquistar para ubicar al Paraguay entre los que al menos han ganado una medalla a lo largo de su historia deportiva. Con estos jugadores que tenemos, con una juventud pujante y unos maduros extraordinarios, otro pitopú hubiera sido acudir a la cita preolímpica con nuestro real potencial. Y no lo hicimos. La Albirroja fue la gran ausente de estos juegos pekineses.
Nuestro atletismo también es rico en futuro. Pero nunca llegan a concretarse. No solo por falta de medios -¿O acaso le faltaron medios a Jiménez Gaona? Sino también por ese deseo incontenible de competir hasta llegar al máximo escalón, al que muchas veces renunciamos porque los azares y la premura de la vida exigen adoptar otras prioridades. Y el deporte no lo es.
En un país como el nuestro, con un clima ideal para infinidad de deportes, tropezamos desde hace decenas de años con la incomprensión de las autoridades gubernamentales, con la falta de apoyo de la empresa privada y con la escasa visión de los promotores deportivos.
Llegó la hora de tomar el tema deportivo en serio. Es la forma más barata de luchar contra la corrupción y los vicios, para vencer a la drogadicción y al alcoholismo, para forjar de verdad mentes sanas en cuerpos sanos. El Gobierno de la Alianza Patriótica no debería darle las espaldas al deporte y exigir de sus responsables una política enérgica, en la búsqueda de soluciones.
Así es probable que dentro de dos o tres olimpiadas más, regresemos del torneo con la frente alta y sin ese amargo sabor que nos dejó Pekín 2008.
pitotroche@gmail.com
José María Troche
Artículos anteriores firmados por el autor
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