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LUGARES

Trincheras de Curupayty

A casi un siglo y medio de finalizada la Guerra de la Triple Alianza (1865-1870), en medio del monte y el olvido, todavía se conservan las célebres trincheras de Curupayty. Eran las líneas defensivas que llenaron de honor y gloria al Ejército paraguayo. Hoy, ABC Revista recorre su pasado y su presente.

En medio del silencio... Monumento ubicado a pocos metros de las trincheras de Curupayty en homenaje al principal protagonista de la gran victoria paraguaya: Gral. José Eduvigis Díaz. El sitio histórico, símbolo de valentía de los paraguayos, requiere de cuidados.Registra la historia que el 22 de setiembre
de 1866 se libró la batalla de Curupayty. Frente a frente se pusieron las tropas de Argentina, Brasil
y Uruguay (Triple Alianza) y las del Paraguay en los campos que en la actualidad
se ubican en el departamento del Ñeembucú. Fue, según crónicas de la época, la más sangrienta de todas y donde se concretó la más vibrante victoria
de los soldados comandados por el general José Eduvigis Díaz, héroe de la jornada.

Los antecedentes de este episodio bélico
indican que tras la caída del fuerte de Curuzú, el 3 de setiembre de 1866, los paraguayos imprimieron celeridad a las tareas de fortificación de Curupayty.

Miles de hombres trabajaron día y noche para cavar las líneas defensivas. Coincidentemente, los aliados perdían tiempo discutiendo fórmulas que les permitieran a sus tropas capturar el entonces
débil bastión tricolor.

Durante varias reuniones de comandos, los aliados planificaban las estrategias de ataque a Curupayty. El día 22 de setiembre
amaneció con un sol radiante. A tempranas horas se inició el desplazamiento
de la flota imperial (brasileña), desde el apostadero de Curuzú, situado a dos kilómetros de Curupayty. Avanzaron
seis cañoneros, tres chatas y dos buques
bombarderos y cinco acorazados. El almirante brasileño Joaquim Marques Lisboa y Marqués de Tamandaré había prometido antes de la partida que en dos horas destruiría las trincheras paraguayas.

A las ocho de la mañana, la flota
imperial comenzó a bombardear las trincheras de Curupayty. Más de cien bocas de fuego descargaban su poderío sobre la defensa que se hallaba bajo el mando del capitán Pedro Hermosa, teniente
coronel Antonio Luis González y los oficiales de Marina, Domingo Antonio Ortiz, Pedro V. Gill y el teniente de Artillería Adolfo Saguier. Era asistente
del general Díaz, el capitán Eduardo Vera. Los incesantes disparos de la flota imperial alcanzaron en pocas horas los cinco mil proyectiles. Al mediodía, los acorazados Lima Barroso, Tamandaré y Brasil cruzaron la línea de contención de Curupayty para ametrallar la batería paraguaya de la barranca, desde su retaguardia.

Tras la serie de bombardeos, un desconcertante silencio animó al desembarco
de tropas aliadas. Avisado el general
Bartolomé Mitre que las acciones navales habían concluido y asumiendo que las trincheras paraguayas fueron destruidas, ordenó el ataque terrestre. Comandados por los generales Wenceslao
Paunero y Emilio Mitre, nueve mil argentinos avanzaron junto con diez mil brasileños conducidos por el general
Manuel Marques de Sousa, Barón de Porto Alegre. Sumaban 28 cuerpos y un total de 20 mil combatientes, incluidos los uruguayos. En Curupayty estaban cinco mil soldados paraguayos y 49 piezas
de artillería.

Vestidos con llamativos trajes militares, en rigurosa formación, los aliados marcharon
al son de ritmos marciales y banderas
desplegadas al viento. Al cesar los bombardeos navales y cuando el vigía anunció la presencia del enemigo a lo lejos, el general José Eduvigis Díaz ordenó
el repliegue de sus fuerzas ubicadas en las trincheras cercanas al río. Montó su caballo y recorrió todo el frente de las trincheras arengando a sus hombres que respondían con vivas a la patria. Las bombas aliadas apenas habían dañado una pieza de artillería y el equipo bélico estaba prácticamente intacto.

En el momento en que consideró oportuno,
por estar los aliados al alcance de los cañones y metrallas, el general Díaz dio la orden de abrir fuego. Un toque de clarín dio inicio al estruendoso cañoneo que causó estragos en filas enemigas. Los fusileros paraguayos dejaban enormes
claros en las formaciones que se revolvían en el barroso terreno. Los que lograban escapar de los disparos se encontraban
con los abatis, zanjas cubiertas
con espinas y estacas que les destrozaban
al caer.

Para las tropas aliadas acercarse a las trincheras de Curupayty se volvió imposible. Quienes lo intentaban eran destrozados
por las armas del Ejército del Mariscal Francisco Solano López.

Tras horas horribles de muerte y mutilación,
a las cuatro de la tarde, el general Bartolomé Mitre dispuso la retirada de sus tropas. Miles de cuerpos regaban de sangre el campo de batalla; entre los caídos
estaba el joven Domingo Fidel Sarmineto
(Dominguito, hijo de Domingo Faustino Sarmiento, luego presidente de la República Argentina). Media hora después, el trompa Cándido Silva hizo sonar el clarín de la victoria. Con vítores de las tropas paraguayas, el general Díaz recorría las trincheras.

Para los aliados, la batalla de Curupayty
fue un verdadero desastre. Un gran fracaso que paralizó las operaciones durante
diez meses.

Hoy, lejos de aquellos días de lucha entre los actuales países socios del Mercosur, la paz reina en Curupayty. Hay silencio. Y vacío... En medio del matorral, invadido
de insectos, especialmente mosquitos,
las trincheras imponen la reflexión. ¿Cuánto sacrificio? ¿Cuántas vidas cegadas
en estas líneas olvidadas?

Recuerdos, testimonios y símbolos de valentía se conjugan en los monumentos erigidos a pocos metros de las trincheras.

Un busto del general José Eduvigis Díaz colocado en 1965 sobre un elevado pedestal enaltece sus virtudes patrióticas.

Otro monolito contiene placas de mármol en homenaje a los luchadores que ofrendaron sus vidas en defensa de la patria. Una gran cruz otorga el aire espiritual
al campo sagrado que hoy es de difícil acceso por hallarse en propiedad privada. Estas tierras forman parte de una estancia perteneciente al diputado nacional por el Ñeembucú, Antonio Attis,
y hay que atravesar varios portones para llegar al sitio donde perduran las célebres trincheras. Se ubica en la compañía
Paso Pucú de Humaitá. Federico Cáceres Delgado, intendente municipal humaiteño, dice que la comuna tiene
intenciones de limpiar y cuidar el sitio
histórico, pero se ve imposibilitado por
las restricciones de acceso existentes.

“Es casi imposible mostrarle a la gente que viene con deseos de visitar las trin-
cheras porque siempre los portones es-
tán llaveados y a veces no está el capataz,
entonces no se puede entrar”, comenta Cáceres Delgado.

Para la promotora cultural del Ñeem-
bucú, Mirian Insfrán de Encina, Curu-
payty es una reliquia histórica que debe-
ría ser considerada por los organismos
de protección patrimonial del Estado. “Es nada más y nada menos que el altar
más grande de la patria. No merece este abandono, este descuido en el que está
inmerso. Debería ser un monumento nacional muy valorado, porque vienen
muchos extranjeros con interés de visi-
tar Curupayty y así como está da pena.

Y es la imagen que se llevan los turistas, aquí llegan muchos diplomáticos, dele-
gaciones militares de Argentina, Brasil,
Uruguay e incluso de Estados Unidos.

Habría que tratar con los dueños, ver qué ventajas fi scales se les puede dar para que ellos contribuyan a la preserva-
ción de las trincheras, porque así como están se están perdiendo”, avisa Mirian de Encina.

Documento gráfico. “Batallón del Boquerón haciendo fuego” se titula esta fotografía inédita tomada por Bate&Company del Uruguay en los primeros años de la Guerra del 70. La imagen muestra una escena de los combatientes aliados en territorio paraguayo (gentileza Alberto del Pino Menck).En opinión del coleccionista de objetos de la Guerra de la Triple Alianza y direc-
tor del Museo de Paso de Patria, Vicente
García, las trincheras de Curupayty son vestigios heroicos que enorgullecen a los paraguayos. “Pero, lamentablemente, ninguna institución nacional se ocupa de su cuidado”. García, conocedor de la zona y anfi trión de visitantes, indica que
lejos de fomentar el turismo histórico-
cultural, las difi cultades de acceso limi-
tan el interés de los extranjeros por co-
nocer el lugar. “Yo siempre hago de guía
a los turistas, pero cuando llegamos a
Curupayty me doy cuenta de que en vez de una aventura emocionante, el tour les resulta un verdadero calvario, por to-
dos los contratiempos. Hay que esperar, conseguir las llaves de los portones y
transitar por caminos en mal estado. En vez de disfrutar el paseo, los visitantes
se cansan”. Y tiene razón. El abandono
en que se encuentran las célebres trin-
cheras de Curupayty desanima a los visi-
tantes. Vuelven apenados de ver con sus propios ojos la desidia y el desinterés ofi cial por los sitios históricos. Y, peor
aún, con la impresión -quizás no muy
errada- de cierta ingratitud de los para-
guayos hacia la memoria de los héroes de la patria.


Túnel de dos kilómetros

Trincheras hoy. El túnel defensivo de las tropas paraguayas tenía tres metros de profundidad. A casi un siglo y medio de su excavación, en total abandono, todavía se puede observar la depresión de la línea.Al concluir la batalla de Curuzú del 3 de setiembre de 1866, que fue desfavorable a las tropas paraguayas, se consideró seriamente la inmediata fortificación de Curupayty. Las fosas eran indispensables para proteger la posición. Y fue el general José Eduvigis Díaz quien se encargó de hacer ejecutar la obra con cinco mil hombres que cavaban los túneles en dos turnos. Los soldados trabajaban de dos en dos, unos con picos, otros con palas. La zanja principal de la trinchera tenía “cuatro varas de ancho por tres de profundidad”. Con la arena extraída se construyó un ancho muro detrás del cual se levantaron las plataformas de los cañones. Todo el frente de trincheras tenía una extensión total de 2.000 metros.

(Datos consignados en el tomo II del libro La Guerra de la Triple Alianza, edición ABC Color/J. Rubiani).


Miles de muertos

Tras la batalla de Curupayty, el número de muertos en filas aliadas fue muy elevado. Se calcula en 8.000 caídos, pero en diversos textos varía la cantidad. En un material de Wikipedia en Internet se consigna 4.033 bajas (411 muertos y 1.540 heridos brasileños; 588 muertos, 1.339 heridos y 155 dispersos entre los argentinos), mientras que los paraguayos sólo sufrieron 23 muertos y 69 heridos. El historiador combatiente brasileño E. C. Jourdan señala la pérdida de “34 oficiales y 344 soldados y quedaron heridos 167 oficiales y 1.355 soldados”, entre sus compatriotas.

“El 22 de setiembre, los aliados perdieron nueve mil hombres cuando intentaban tomar la fortaleza de Curupayty”, se lee en la página 32 del libro Soldados de la Memoria, del argentino Miguel Angel Cuarterolo, lanzado en setiembre de 2000.


Gran héroe paraguayo

Gran héroe. El general José Eduvigis Díaz es una de las figuras históricas más brillantes de la patria. Fotografía original conservada en Montevideo (gentileza del investigador uruguayo de la historia, Alberto del Pino Menck).Tras la retirada de los combatientes
aliados del campo de batalla de Curupayty, los paraguayos hicieron
un balance de su actuación y
las celebraciones con vítores
al general José Eduvigis Díaz
eran incesantes. Díaz, al caer la noche, se presentó al mariscal
Francisco Solano López y al
final de su reporte recordó que
la misión estaba cumplida. “Un
abrazo estrecho y prolongado fue
su respuesta a las palabras del héroe”.

El mariscal López agasajó al
triunfante jefe con una cena en
Paso Pucú a la que asistieron
Madama Lynch y personalidades
civiles y militares. A la hora
del brindis, el mariscal López
dijo en su discurso: “Vuestro
nombre, general, no morirá. Vivirá
eternamente en el corazón de
nuestros conciudadanos”
nacional muy valorado, porque vienen
muchos extranjeros con interés de visi-
tar Curupayty y así como está da pena.

Y es la imagen que se llevan los turistas, aquí llegan muchos diplomáticos, dele-
gaciones militares de Argentina, Brasil,
Uruguay e incluso de Estados Unidos.

Habría que tratar con los dueños, ver qué ventajas fi scales se les puede dar para que ellos contribuyan a la preserva-
ción de las trincheras, porque así como están se están perdiendo”, avisa Mirian de Encina.

En opinión del coleccionista de objetos de la Guerra de la Triple Alianza y direc-
tor del Museo de Paso de Patria, Vicente
García, las trincheras de Curupayty son vestigios heroicos que enorgullecen a los paraguayos. “Pero, lamentablemente, ninguna institución nacional se ocupa de su cuidado”. García, conocedor de la zona y anfi trión de visitantes, indica que
lejos de fomentar el turismo histórico-
cultural, las difi cultades de acceso limi-
tan el interés de los extranjeros por co-
nocer el lugar. “Yo siempre hago de guía
a los turistas, pero cuando llegamos a
Curupayty me doy cuenta de que en vez de una aventura emocionante, el tour les resulta un verdadero calvario, por to-
dos los contratiempos. Hay que esperar, conseguir las llaves de los portones y
transitar por caminos en mal estado. En vez de disfrutar el paseo, los visitantes
se cansan”. Y tiene razón. El abandono
en que se encuentran las célebres trin-
cheras de Curupayty desanima a los visi-
tantes. Vuelven apenados de ver con sus propios ojos la desidia y el desinterés ofi cial por los sitios históricos. Y, peor
aún, con la impresión -quizás no muy
errada- de cierta ingratitud de los para-
guayos hacia la memoria de los héroes de la patria.

Trincheras hoy. El túnel defensivo de las tropas paraguayas tenía tres metros de
profundidad. A casi un siglo y medio de su excavación, en total abandono, todavía
se puede observar la depresión de la línea.
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