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La oligarquización del poder fue la tumba de nuestra democracia

El sistema político paraguayo ha logrado una completa distorsión de la democracia, la cual en los últimos 60 años se ha ido alejando, cada vez más, de sus raíces históricas y doctrinarias. Los llamados “representantes del pueblo” son cada vez menos representantes del pueblo y cada vez más tentáculos de una estructura corrupta de poder, a la que rinden pleitesía para recibir a cambio cuantiosos beneficios materiales. El legislador, o cualquier otro que ejerza función obtenida del voto, de ningún modo se siente obligado hacia los electores, ya que no son ellos quienes lo eligieron, sino los que hacen las “listas cerradas”, los caciques de los partidos.


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