Dirma Pardo Carugati es una de las cuentistas paraguayas más relevantes. Desde su primer libro de relatos, La víspera y el día, publicado en 1992, con aquellos estupendos relatos como “David and Betsy”, reconstrucción de la historia de un presidente de los Estados Unidos con una estrella de cine; la borgiana historia de dualidades titulada “O Julio o César” o “Al este de Hiroshima”, terrible recreación de un sacrificio.
Artistas y escritores hacen llegar sus pensamientos, sus preocupaciones y sus análisis en torno a la cultura, para esta página. La cultura está, como siempre, paralizada, o al borde de la parálisis. Y esa circunstancia (la parálisis) es la pena que no termina, que parece no tener fin. La cultura nos incumbe a todos los paraguayos. A pesar de la era digital, de los nombramientos de determinadas personas (meritorias) en funciones de interés cultural, seguimos, al parecer, en el mismo nudo. Esperamos que la cultura repunte. Que se llene de alas propias. Que llegue a tener protagonismo en los distintos medios de comunicación. Hacemos sinceros votos por su salud.
Las utopías son saludables porque hacen soñar a la gente, pero tienen el inconveniente de ser “irrealizables en el momento de su formulación”. Entre estos extremos se ubica el razonable ideal de la concreción posible. El año 2008 -no obstante la multiplicidad de manifestaciones culturales en todas las áreas, que son destacables- centró la atención de la ciudadanía sobre todo en la histórica caída del partido colorado y la propuesta de gobernar el país por medio de una alianza inclusiva, que en el momento del triunfo electoral de Fernando Lugo produjo, en algunos, una desmedida esperanza; en otros, una cautelosa ilusión y cierta dosis de escepticismo, en cuanto a la rectificación de los vicios dejados por la dictadura y la corruptela de la transición.
Cultura 2008. Aplaudimos esfuerzos y logros significativos del sector cultural. Cine, teatro, música, danza, artes visuales, literatura demuestran la capacidad creadora de nuestros artistas. Premios, presencias, giras, fotos. Aplausos. Sin embargo, la democratización de la cultura es una deuda pendiente. La actividad se concentra en Asunción y en los centros culturales de cooperación internacional. Los barrios y ciudades del área metropolitana no logran despertar el interés del público. El gran público -trabajadores, empleadas, estudiantes- no accede a las creaciones. Hepyeterei ha mombyry lo mita bolsillo-gui.
Al comenzar otro año, uno suele sentir optimismo ante lo impredecible, a sabiendas de que el verdín de esa ilusión no tardará en desgastarse a causa de la realidad corrosiva que ataca, con desconsiderada crudeza en especial ahora, cuando en poco más de 100 días del nuevo gobierno, éste se empeñó en frustrar la confianza depositada en él por un pueblo cansado de viejos vicios, los que se ven repetidos en la presente realidad política, con el agravante de la indolencia pacata con que las autoridades permiten todo tipo de desmanes.
Entre nosotros, el uso de la palabra “crisis” es revelador de un escepticismo generalizado con respecto a la sociedad como tal, como sistema. No se trata de usar esa palabra -“crisis”- para dar a entender una situación más o menos momentánea, sino de algo que se extiende en un tiempo no definido. Vamos incluso más lejos y oímos decir: “Crisis social permanente”, o “estamos en una crisis de valores que se arrastra desde hace mucho tiempo”.
1. La Puerta, obra de Natalia Santos y dirigida por Hernán Melgarejo, con el asesoramiento de Agustín Núñez, presenta a través de puertas convergentes en un patio común un señalamiento de una condición humana esencial, que es el deseo de insertarse, de pertenecer, de ser parte de un todo, de no poder separarse, como señala el psicoanalista J.A. Miller. Des-insertarse tiene consecuencias ruinosas vitales para todo sujeto. Al mismo tiempo, muestra este deseo, como el sujeto queda capturado en una convivencia que le dificulta poder renovarse cada día.
Bomarzo es la historia del duque, del ser inmortal (aunque después le sobreviene la paz, o sea, la muerte) escrita por el genial escritor argentino Manuel Mujica Láinez. Bomarzo es un libro largo, difícil, a veces, de leer, debido al lenguaje retórico, suntuoso, cargado de afeites y de artificios multicolores. El autor hizo un plano de su libro alumbrado por la conciencia y las costumbres propias del Renacimiento.
Dice textualmente Osvaldo González Real, en relación con sus breves poemas que han aparecido recientemente en el libro Poema Sutra, editado por Servilibro: “La mayoría de estos poemas los escribí en Japón mientras estudiaba en la Universidad Sofía de Tokio, usufructuando una beca de la Fundación Japón. La inspiración de estos versos surgen del budismo zen y del camino hacia la iluminación”.
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