La codicia de los poderosos tiene hoy su resultado: un mundo desesperado que no sabe para dónde disparar. En el reciente Foro Económico Mundial de Davos, los discursos fueron distintos a todos los anteriores. Ya nadie llamó a multiplicar ganancias, sino a adoptar un código de austeridad. Pero hubo otro llamado más asombroso aún, nunca escuchado en ningún foro similar: instalar los valores éticos en los negocios.
A una raza especial pertenece este sabio paraguayo de fama universal, hoy olvidado por sus compatriotas, nacido en Asunción un 7 de octubre de 1904, y que en el mes de octubre pasado hubiese cumplido 108 años, amigo y colega de figuras señeras de las letras argentinas y latinoamericanas. Personaje singular y profesor sobresaliente en universidades norteamericanas y también en el Instituto de Filología de la Universidad de Buenos Aires al lado de Pedro Henríquez Ureña, Amado Alonso y Alfonso Reyes. Era un hombre de baja estatura, de hablar pausado, amable y generoso. De calva reluciente y gruesos anteojos detrás del cual había unos ojos escrutadores y atentos.
Cuando los monjes budistas inventaron el cero, que revolucionaría la ciencia occidental, los musulmanes, que conquistaron la India, lo llevaron a Europa durante la Edad Media. Se produjo de esta manera un hecho único en la historia de la humanidad. En efecto, los monjes, se preparaban –por medio de la meditación trascendental- a acceder a la Nada.
Yo recuerdo una vaga biblioteca de mi infancia compuesta por libros religiosos que mi madre recibía periódicamente. Las revistas “Atalaya” y “Despertad” descansaban sobre un estante de madera de ébano. En el fondo de un ropero de luna se hallaban tres libros de Miguel Cervantes de Saavedra, uno de Lope de Vega, y todas las ediciones de la revista Selecciones. Pero también Platón, La regenta y las obras teatrales de Tirso de Molina y Calderón de la Barca estaban en algún sitio. Esa fue la biblioteca desnuda de mi infancia.
(Último poema antes de suicidarse).
Dientes de flores, cofia de rocío,
manos de hierbas, tú, nodriza fina,
tenme prestas las sábanas terrosas
y el edredón de musgos escardados.
Blanda en mi entraña, como tibia lluvia,
beso aplastado corazón a vena;
tiembla en mis ojos, como sol en río
tañe en mis pulsos dolorida plata.
Contactos: Emails | Teléfonos | Staff
Publicidad: Como Anunciar |
Fúnebres |Clasificados
Institucional: Nuestra Historia | ABC y la Educación | Libertad de Prensa | Propiedad Intelectual
Otros Canales: ABC Blogs | ABC Ciudadano | ABC Wap | ABC RSS | Archivo | Fotonoticias | Efemérides | Noticias por E-mail
Yegros 745 esq. Herrera. Tel: 41-51-550/51 © Copyright 2008. Reservados todos los derechos.
Estadísticas |
||
Visitas |
Páginas |
|
| Hoy | 128.079 |
994.652 |
| Ayer | 148.588 |
1.142.585 |
| Ultima actualizacion: | ||
| 13/02/2009 00:00:00 | ||