Educación y capacitación rural
Ing. Agr. Roberto Rodríguez Primerano (*)
Las unidades productivas familiares que constituyen la agricultura campesina son las protagonistas en el hecho de proveer alimentos a la población. Algunas, con ganas de seguir produciendo, porque trabajan en forma organizada, planificando la unidad familiar en rubros de consumo y de renta, incorporando tecnología y entrando en el mercado sin la intervención de los intermediarios.
Actualmente, muchas comunidades rurales se han organizado en comités de productores, asociaciones, cooperativas, comisiones vecinales, consejos de desarrollo distrital y otras formas, inclusive centrales de organizaciones; no obstante, en la mayoría de los casos, aún no llegan a consolidarse para lograr una capacidad de gestión efectiva.
Decía un agricultor: “Es tan grande nuestra ignorancia que desconocemos los objetivos y fundamentos de nuestra organización. Nos fanatizamos por cualquier cosa y allí empieza la división. Cada uno forma su grupo, acude a los políticos e instituciones solicitando apoyo o ‘ayudo’, como se dice vulgarmente. Vienen las promesas de proveer pollitos, cerdos, preparación de suelo arada y rastrada (dificultando fortalecer programas de recuperación y conservación de suelos). Y así, se crean los ‘comités pollitos’, ‘comités de cerdo’, comité tractor’. Y una vez que termina de pasar el tractor por las parcelas, se termina de consumir los pollos y los cerdos de regalo, también termina el comité”.
El mismo productor también señalaba: “Hay que agregar la falta de una adecuada educación y capacitación por parte de los responsables de llevar los programas, distribuir los insumos y equipos. Lo más grave, en ciertas situaciones, ni se acompaña la capitación”.
En la zona norte del país, específicamente el distrito de Loreto, departamento de Concepción, en una de las compañías se utilizan las cintas de goteo (material que forma parte del equipo para sistema de riego) para guía de los caballos en la pista de carrera.
FALTA DE PARTICIPACION
Muchos proyectos no concluyen o fracasan por falta de una participación integral de la comunidad, partiendo desde el núcleo familiar. La mala elección de líderes/dirigentes, incoherentes con lo que dicen y hacen. La falta de responsabilidad de los asociados. No cumplen con sus derechos ni obligaciones; hasta se llega a no respetar los compromisos asumidos en asamblea (la máxima autoridad de la organización).
Los que integran una organización, ya sea como directivos y/o asociados, deben ser ejemplo en su conducta y actitud para la comunidad (niños, adolescentes, jóvenes, adultos, autoridades). Actitudes positivas, desarrollando un plan de trabajo, viable y efectivo, considerando aspectos productivos (producción hortigranjera, fomento de la agricultura ecológica, sésamo, plantas medicinales, variedad de productos agrícolas) y sociales (salud, educación, programa de capacitación dirigido a hijos de socios, creación de empresas rurales, infraestructura, recreación). Sin la participación de los actores sociales y sin organización comunitaria acompañada de una adecuada educación y capacitación, no es posible ningún tipo de acción de desarrollo y menos aún garantiza la sostenibilidad de las infraestructuras realizadas.
“Me interesa el futuro, porque en él voy a pasar el resto de mi vida” (Charles F. Ketering).
Hoy las comunidades rurales están ante un desafío: la globalización. Estas tendencias exigen la creación de un mundo de pequeñas y medianas empresas que deben ser eficientes y competitivas, ofertando productos en cantidad, calidad y continuidad. Dándole valor agregado a cada caso.
El agente de desarrollo deberá ser un profesional con capacidad e idoneidad para ejercer competentemente su trabajo, desplegando una compleja y variada colección de instrumentos que lo facultan a realizar múltiples tareas. Debe ser un excelente estratega; un observador intuitivo, principal herramienta para manejarse en las complejas y aparentemente enmarañadas redes de interrelación existente en el mundo rural; un buen analista; un diagnosticador certero, de lo contrario la planificación será defectuosa; un planificador flexible, para incorporar las novedades que lo enriquecen; un gerente audaz: las mejores gerencias son aquellas que han surgido prácticamente de la nada gracias a la audacia y el ingenio del agente de desarrollo; un promotor versátil con capacidad de liderazgo, mentalidad abierta, capacidad para ilusionarse y disfrutar con los proyectos que promueve; un concertador-conciliador que administrará bien los procesos de diálogo, negociación y comunicación.
Por último, los actores sociales de la comunidad local deberán verdaderamente sentirse dueños de su organización, conquistando la confianza, la responsabilidad de trabajar colectivamente para el bienestar de la familia y, por ende, de la comunidad; tener una visión clara de adónde dirigirse, por sobre todo, erradicar los malos hábitos que impiden administrar y consolidar una organización.
Esto implica todo un proceso. Exige cambio de mentalidad y de actitud, de convencimiento, de mística y de una vocación educadora en la que todos debemos estar involucrados para transformar las condiciones actuales.
(*) Especialista en Extensión Rural y Desarrollo Comunitario FCA-UNA