Convencido de los poderes edulcorantes y medicinales del ka’a he’ê, Basilio Servín Núñez es otro de los que silenciosamente ha colaborado con la tarea de hacer conocer el ka’a he’ê en nuestro país. Ya en una nota periodística que le hicieron en febrero del año 1982, nuestro entrevistado manifestaba, “El cultivo del ka’a he’ê puede constituirse en una fuente inagotable de riqueza para el Paraguay, comparable incluso al hallazgo del petróleo u otro acontecimiento de gran interés”.
Basilio Servín Núñez
Sin embargo, ahora, después de pasados muchos años de dichas declaraciones, nuestro entrevistado afirma: “Yo decía que el hallazgo del ka’a he’ê era comparado al del petróleo, pero ahora me doy cuenta de que el petróleo se puede terminar, y el ka’a he’ê, no”.
COMO CONOCIO LA PLANTA
“Al hablarnos de cómo conoció el ka’a he’ê, don Basilio se remontó a su niñez, y nos dijo: “En 1934, vi por primera vez el ka’a he’ê, y fue por medio de don Benito Aranda, un cazador de la zona de Yacaré Estero, Pilar, quien llevó la planta a mi madre, Victoria Núñez de Servín. Ella era conocedora de las virtudes de las plantas medicinales y rápidamente se dio cuenta del poder curativo que tenía el ka’a he’ê; en aquel entonces, vivíamos en Primera Compañía Yataity, Pilar. Recuerdo bien que mi madre me decía: “Esta planta es curativa para cualquier mal”.
EN EL COLEGIO
“Angel González era mi compañero de Colegio en la Escuela Nacional de Comercio Nº 2; allí, nosotros ya conversábamos sobre las virtudes del ka’a he’ê y que podría ser un negocio interesante.
“Siempre seguimos conversando sobre las virtudes de la planta, pero él tuvo la oportunidad de ir a buscarla para reproducirla, cuando el señor Luis Enrique Degásperi se interesó en ella, y envió a Angel hacia el Cerro Kuatia, donde obtuvieron las plantas.
MILAGRO Y CULTIVO
“En aquel entonces, yo tenía problemas de la vista, prácticamente me estaba quedando ciego, y mi amigo Angel me llevaba las hojas de ka’a he’ê para seguir mi tratamiento, y yo preparaba las hojas como gota para el ojo y además la tomaba.
“Estaba casi ciego, y como mi madre decía ‘koa peteî pohã paje ha oporomonguera’ (Este es un remedio que encanta y que cura), con el ka’a he’ê recuperé la vista; por eso digo siempre que le debo mi vida al ka’a he’ê.
“De ahí en más le pedí a Angel (González) que me traiga semillas para cultivarlas, y me las trajo para preparar una parcela; tenía una chacra en el kilómetro 28 de la Ruta 7, Dr. Gaspar Rodríguez Francia, hacia Acaray, Minga Guazú, en donde plantamos ¾ de hectárea que servía como semillero.
LLEGADA DE EXTRANJEROS
“Entre los años 1982/1983 empezaron a llegar los extranjeros, porque ya en Japón se hicieron estudios científicos, y ellos estaban demostrando las bondades que tiene la planta. Como siempre digo, los japoneses tienen ojos chicos, pero ven muy lejos.
“Siempre aseguré que esta planta podría ser una de las salvaciones del productor paraguayo. Mucha gente me trataba de loco, porque este es el único edulcorante natural y saludable.
“Es importante aclarar que el ka’a he’ê no fue descubierto por Moisés Bertoni, él lo que hizo fue hacer conocer al mundo, pero nuestros aborígenes ya conocían la planta y la utilizaban hace tiempo.
LA BARRERA
“La fiebre del ka’a he’ê duró varios años hasta que reaccionaron los empresarios productores de edulcorantes sintéticos de todo el mundo, lo que hizo que nuestra planta no pudiera ser más enviada al exterior, y el mercado languideció.
PROMOCION CON ABC
“Uno de los impulsores del ka’a he’ê en nuestro país fue ABC Color y su Departamento Rural, que tiene al frente al Dr. Peter Gibert, con quien hicimos aproximadamente un centenar de reuniones en todo el país.
“Participábamos en los seminarios y la gente pedía semillas para plantar y probar como un rubro más de diversificación de la producción.
DIABETICOS
“Mucha gente venía hasta mí y me decía que tenía azúcar en la sangre –diabetes—, pero también me expresaban su temor, pues señalaban que no podían tomar ka’a he’ê, ya que se preguntaban cómo iban a tomar algo que contiene azúcar; yo les decía que prueben.
“Está comprobado que el ka’a he’ê puede ser utilizado contra la obesidad e inflamación, actúa como adelgazante, cardiotónico; tiene acción digestiva; es anticaries, cuenta con un efecto dérmico, además de muchas otras virtudes”.
