Ing.Agr.Msc. Alfredo Salinas Daiub
Jasd1960@gmail.com
Técnico Investigador del MAG y asistente al III Curso Internacional de Desarrollo Rural (España)
El arroyo Yacã ro’ysã de la ciudad de Caacupé es una fuente natural de agua dulce que actualmente corre serio riesgo de quedar totalmente inútil a causa de la contaminación, la desidia de las autoridades y la indiferencia de la ciudadanía. Este legendario arroyo tiene una historia riquísima en anécdotas, de ecosistemas diferenciados muy notorios, como la vegetación que la rodea, compuesta por frondosos y añejos árboles que, en ciertos tramos, lo cubren totalmente.
Quizá uno de los errores garrafales del propio Municipio fue instalar el vertedero municipal aguas arriba del arroyo, en un lugar del Cerro Aquino. Allí, con las grandes lluvias, todos los materiales contaminantes confluyen al cauce del arroyo en sus diferentes formas: por un lado, plásticos, hules, vidrios, bolsas plastilleras y pañales desechables; y por el otro, la contaminación física, química y microbiológica del agua. En este punto, la situación se vuelve caótica y está cerca de colapsar, porque si las bacterias patógenas como Escherichia colii, Salmonellas y otras, cada vez sean más concentradas. La institución encargada de captar el agua del arroyo para su tratamiento y posterior consumo por la ciudadanía tendrá que echar más cloro para su purificación, y esto no es necesariamente lo recomendable.
Las autoridades encargadas del cuidado del ambiente y de los recursos naturales, como el mencionado arroyo, hacen caso omiso de las agresiones que sufre el mismo: no realizan recorridos para observar los cursos de agua.
Con varios vecinos y profesionales del barrio hemos llegado al acuerdo de presentar proyectos y ponernos a disposición con nuestras preocupaciones y nuestros conocimientos para lograr mitigar el gran daño que se ha hecho al arroyo; con ciertas medidas, podríamos recuperar gran parte del cauce natural, recuperar el Yacã ro’ysã, trasladar el vertedero municipal que desde todo punto de vista está mal ubicado y que, en poco tiempo más, podamos nuevamente observar esas aguas cristalinas.
Preservemos los recursos naturales y en especial los hermosos arroyos de nuestra geografía nacional: Dios, la Madre Naturaleza y nuestros hijos nos agradecerán.
